Génesis 14:18-20 ― Abram se encuentra con Melquisedec
Título: Abram se encuentra con
Melquisedec
Fecha: 5 de enero de 2026
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia
Bíblica Harvest)
Pasaje bíblico de estudio: Génesis 14:18-20 ― 18 Entonces Melquisedec, rey de Salem, sacó pan y
vino; él era sacerdote del Dios Altísimo. 19 Y lo
bendijo, diciendo: Bendito sea Abram del Dios Altísimo, creador del cielo
y de la tierra; 20 y bendito sea el Dios Altísimo que
entregó a tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram el diezmo de todo.
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COMENTARIOS:
Génesis 14:18 habla de un rey que también fue a
saludar a Abram (luego Abraham) tras su victoria sobre el rey de Sodoma, concretamente,
Melquisedec—el sacerdote-rey de Salem, o Jerusalén. El texto reconoce el hecho
de que él era sacerdote del "Dios Altísimo" (heb. El Elyon). Bendijo
a Abram en el v. 19, y luego bendijo al Dios de Abram en el v. 20, quien había
entregado a los enemigos de Abram en sus manos. Entonces Abram le dio a
Melquisedec "el diezmo de todo", es decir, una décima parte de todo
el despojo que Abram trajo tras la incursión de los despojos del rey Quedorlaomer.
Melquisedec es una figura bíblica misteriosa. Gobernó
en Salem, donde vivían los jebuseos—uno de los grupos de personas que luego
fueron objeto de extinción por parte de Dios (Deut.
7:1; 20:17; Jos. 3:10). Por tanto, Melquisedec era un sacerdote-rey cananeo
que vivía en la futura ciudad capital de la Tierra Prometida. Su reinado y
sacerdocio en Jerusalén, así como su conocimiento y adoración del Dios de
Abram, resultan difícil de entender. Uno se pregunta cómo ocupó esos cargos en
medio de pueblos tan paganos.
David escribió en el Salmo
110:1-4 sobre el Mesías venidero, cuyo derecho a gobernar como rey
provendría de su descendencia de Judá, pero resaltando que también sería
sacerdote de la línea de Melquisedec. En Israel un sacerdote solo podía
provenir de la tribu de Leví, específicamente del linaje de Aarón. Pero Jesús
era de la tribu de Judá, así que no estaba calificado para ser sacerdote en el orden
levítico. Sin embargo, a través de Melquisedec, que fue sacerdote 600 años
antes del nacimiento de Leví, Jesús no solo es el Rey prometido de la línea de
Judá, sino también sacerdote del orden de Melquisedec. Algunos creen que
Melquisedec era el propio Cristo; otros suponen que era Sem, el cual aún estaba
vivo en ese momento. Ninguno de los dos argumentos son probables, pues
Melquisedec es un tipo de Cristo—tanto como rey de justicia (como corresponde a
su nombre), así como rey de paz (como corresponde a "Salem", la
ciudad de paz).
El punto aquí es que Abram reconoció a Melquisedec
como su superior espiritual, y aceptó su bendición. Luego le entregó a
Melquisedec una décima parte del botín que había obtenido en batalla, para
honrar al sacerdote-rey. A su vez, Melquisedec renovó a Abram, llevándole
"pan y vino" (v. 18a). Ahora bien, si el pan y el vino eran para refrigerio
de los reyes (1
Sam. 16:20), entonces ¡Melquisedec estaba disponiendo de un banquete real
para Abram y sus hombres! Acompañando el pan y el vino, Melquisedec también
ofreció una bendición a Abram. Con esto, Melquisedec trajo bendición a sí
mismo, pues Dios le había dicho previamente a Abram que todos los que le
bendigan serían bendecidos (12:1-3).
Tercero, Melquisedec bendijo al Dios de Abram, adorando a Yahweh.
Algo para reflexionar
Quienquiera que fuera Melquisedec, cabe señalar que reconocía que Abram estaba bendecido por Dios. Sabiendo esto, él también bendijo a Abram, hablando bien tanto de él como de su Dios, y honrando a ambos. Por tanto, Melquisedec sirve como recordatorio para nosotros como cristianos. Si los descendientes de Abram son dos, es decir, judíos que han recibido a Cristo como Señor y Salvador, y gentiles que han hecho lo mismo, entonces todos los que invocan el nombre de Cristo deben ser recibidos, amados, y servidos como bendecidos por Dios. Claramente, dar la bendición a los hijos de Dios trae alabanza y dones del propio Dios. Forma parte de la promesa incondicional que Dios dio a Abram y a sus descendientes. Al reconocer y bendecir a los hijos de Dios, nos unimos a las promesas eternas de Dios dadas a Abram. Por tanto, recibamos todos a nuestros hermanos en Cristo con amor, respeto, y honor. Y si amamos a nuestros enemigos como a nosotros mismos (Mt. 5:43-47), entonces somos obedientes a Dios, ya sea que encontremos un hermano en Cristo o un enemigo de Dios.