Génesis 6:9 ― Noé: un hombre justo y perfecto

Título: Noé: un hombre justo y perfecto

Fecha: 28 de enero de 2026

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Pasaje bíblico de estudio:  Génesis 6:9 ― …Noé era un hombre justo, perfecto entre sus contemporáneos; Noé andaba con Dios.

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A lo largo de la Biblia, cuando se menciona a Noé, se le recuerda como justo—alguien que creyó en Dios y vivió para servirle. Unos 2000 años después de que viviera Noé, Dios nombró a Ezequiel como uno de Sus portavoces, ministrándoles a Israel mientras estaban en cautiverio babilónico fuera de Israel. En una ocasión concreta, Dios habló con Ezequiel diciéndole que cuando Él decretaría juicio sobre un pueblo rebelde, ninguna oración podría disuadirle. Dios dijo: "aunque estos tres hombres, Noé, Daniel y Job, estuvieran en medio de ese país, ellos, por su justicia, solo se salvarían a sí mismos" (Ezeq. 14:14). ¡Qué comentario sobre Noé! Moisés dice, por tanto: "Noé era un hombre justo, perfecto entre sus contemporáneos; Noé andaba con Dios" (Gén. 6:9).

Primero, Noé era "justo". Pero dado que ningún hombre es justo (Rom. 3:10; cf. Sal. 14:1-3) por sí mismo, habiendo nacido pecador (Rom. 5:12-14), Noé había sido hecho justo por Dios—escogido y llamado según los propósitos de Dios. Su fe le fue contada como justicia (Rom. 4:5) al igual que la de Abraham (Gén. 15:6). Segundo, Noé era "perfecto". Por supuesto que no era sin pecado, porque nunca ha existido nadie sin pecado (Ecl. 7:20), salvo Cristo mismo. Noé era "perfecto" en el sentido de que era "completo", o "sin hipocresía". Su rectitud moral se reflejaba en su comportamiento, pues destacaba entre la maldad de su época como una luz que alumbra en la oscuridad. Tercero, Noé "andaba con Dios". Esto recuerda a Enoc (5:22, 24), apuntando al hecho que Noé y Enoc provenían de la simiente/descendencia justa de la mujer (3:15). Solo de estos dos patriarcas se dice que "andaban con Dios" (cf. Miq. 6:8), aunque se usa un lenguaje similar para Abraham e Isaac que anduvieron "delante" de Dios (17:1; 24:40; 48:15).

Noé fue una reprimenda andante para todos aquellos con quienes se encontraba, pues su vida habría sido tan opuesta a la de ellos que no podrían evitar notar su comportamiento o escuchar su exhortación a arrepentirse (2 Pe. 2:5). Mientras todos sus contemporáneos seguían a la multitud, Noé marchaba al ritmo del tambor de Dios, por así decirlo. Aunque no existía una ley escrita en su época, como la habría en la de Moisés, él siguió la ley justa de Dios escrita en su corazón, una ley que toda la humanidad conoce sin que se le enseñe (Rom. 2:14-15). Más tarde, en Israel, quienes fueron fieles a la ley de Dios no sufrieron como los que fueron infieles (Éx. 23:7). Por ello, las obras de Noé reflejaban su fe y le separaban de su generación malvada.

Aunque nada en las Escrituras indica cómo fue recibido Noé por su generación, algunos escritos antiguos describen a las personas a las que él ministraba como burlándose de él, incluso acusándole de estar loco. El historiador judío Josefo afirma que Noé huyó del país por miedo a su vida. Martín Lutero supuso: "Fue necesario más de un milagro para evitar que los impíos lo rodearan y mataran [a Noé]". Como predicador de justicia, Noé condenó al mundo en su obediencia a Dios (Heb. 11:7). Por tanto, ciertamente fue muy perseguido. Sin embargo, la literatura judía celebró su lugar en la historia como modelo de justicia (por ejemplo: Eclesiástico 44:17; Jubileos 5:19; Sabiduría de Salomón 10:4; 1 Enoc 67:1).

Algo para reflexionar

Noé nos recuerda que los creyentes fieles destacan en una generación malvada. Aunque su predicación le habría valido persecución, el autor de Hebreos nos dice que fue simplemente su fe la que "condenó al mundo" (Heb. 11:7). De hecho, solo escuchamos a Noé hablar una vez en las Escrituras (9:25-27). Sin duda hablaba como cualquier otro humano, pero son sus acciones las que hablan tan alto para que toda generación las escuche. Así que, ya sea que hablemos de Dios o simplemente caminemos con Él, que sea nuestra oración que el mundo que nos rodea tome nota y vea a Jesucristo en nosotros.