Hebreos 7:3 ― Cristo nuestro Sacerdote perpetuo
Título: Cristo nuestro Sacerdote perpetuo
Fecha: 7 de enero de 2026
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia
Bíblica Harvest)
Pasaje bíblico de estudio: Hebreos 7:3 ― 3 sin padre, sin madre, sin genealogía, no teniendo principio de días ni fin de vida,
siendo hecho semejante al Hijo de Dios, [Melquisedec] permanece
sacerdote a perpetuidad.
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COMENTARIOS:
Ahora bien, para ser sacerdote en Israel, un hombre tenía que ser
descendiente físico de Abraham a través de su hijo Isaac, a través de su hijo
Jacob, a través de su hijo Leví. Sin embargo, incluso los hombres de Leví tenían
que rastrear su linaje a través de Aarón, el hermano de Moisés, para ser
sacerdote. Si un hombre no podía demostrar su linaje a través de Leví y Aarón,
no podía ser sacerdote (cf. Esdras
2:59). Del mismo modo, para ser un rey legítimo en Israel, un hombre debía
rastrear su linaje a través de la tribu de Judá, específicamente por la línea
de David, pues fue con David y su casa con quien Dios hizo un pacto eterno
respecto a la monarquía en Israel (2
Sam. 7:12-16). Sí, los reyes del norte de Israel, tras separarse de Judá,
tuvieron muchos reyes que no descendían de Judá y David, pero por eso todos
fueron reyes ilegítimos respecto al pacto eterno de Dios con David. Cabe
destacar que Jesús traza su linaje real a través de Judá y David (Mt.
1:1-17; Lc. 3:23 y siguientes).
Sin embargo, pertenecer a la tribu real de Judá significa que Jesús no
puede ser sacerdote, al menos no de la línea de Jacob (Israel) a través de
Leví. Este es el punto que hace el autor de Hebreos. Aunque no es sacerdote por
medio de Leví, Jesús es sacerdote en el mismo orden que Melquisedec. Esto es
vital porque si Jesús no fuera nuestro Sumo Sacerdote celestial, Él no pudiera
mediar en nuestro nombre; Él no pudiera expiar nuestros pecados como hicieron
los sacerdotes de Israel. Pero siendo sacerdote de la orden de Melquisedec (Sal.
110:4), un sacerdocio superior que precede al de Israel por casi 600 años,
Jesús puede y de hecho media en nuestro nombre, expiando los pecados de la
humanidad a todos los que confían en Él para salvación.
El autor de Hebreos, en 7:1-3,
señala grandes similitudes entre Melquisedec en Génesis
14:18-20, y la persona de Jesucristo en Su ministerio terrenal. Aunque
algunos, a lo largo de los siglos, han promovido que Melquisedec es una
manifestación de Cristo en el Antiguo Testamento, realmente no hay nada que
respalde esta idea. Lo importante a recordar aquí es que el autor de Hebreos
habla de lo que era Melquisedec en la narrativa bíblica del Antiguo Testamento,
en comparación con quién es Cristo en Su naturaleza. Por tanto, Melquisedec es
un tipo de Cristo; desde luego no es el Cristo.
R. T. France dice: "La personalidad literaria [de Melquisedec]...
sugiere a nuestro autor un paralelismo con el Hijo de Dios, que en efecto es
'sin principio de días ni fin de vida', y el salmo, que habla de un 'sacerdote
para siempre según el orden de Melquisedec', refuerza este pensamiento. No es
un argumento histórico—nada en el Antiguo Testamento sugiere que Melquisedec
históricamente no tuviera padres, que no nació, que no murió, y el argumento de
nuestro autor no necesariamente muestra que él pensara que ese fuera el caso.
Es más bien un argumento desde silencio literario, que establece a Melquisedec
como modelo literario para el eterno Hijo de Dios".
Así que, en el v. 3, cuando el autor dice que Melquisedec era "sin
padre, sin madre, sin genealogía", está diciendo que Melquisedec aparece
en Génesis
14 sin ningún contexto ni comentario. Era un sacerdote-rey que vivía en la
ciudad de Salem (más tarde Jerusalén), en la tierra de Canaán, mientras Abraham
iba errante por la tierra como nómada—una tierra que le había sido prometida a
Abraham junto con su descendencia a través de Isaac (Gén.
12:1-3, 7; 13:14-15). El padre, la madre, y la genealogía de Melquisedec,
son simplemente desconocidos. Y contrariamente a los sacerdotes de Leví,
tampoco se registran su nacimiento ni su muerte—"no teniendo principio de
días ni fin de vida". Sin embargo, como sacerdote de Dios Altísimo, Dios
claramente lo había designado como tal mucho antes del sacerdocio levítico.
Melquisedec, siendo "hecho semejante al Hijo de Dios", lo retrata
como un "tipo", una prefigura, de Cristo. El hecho que "permanece
sacerdote a perpetuidad" también subraya la comparación con Cristo como
nuestro Sumo Sacerdote en contraste con la transitoriedad de los sacerdotes del
Antiguo Testamento (cf. vv.
23-25). Swindoll dice: "El silencio del registro bíblico respecto a
los días de Melquisedec sugiere un sacerdocio continuo para Melquisedec que prefigura
lo que se cumplió, y se cumple, perfectamente en Cristo, quien ministra
continuamente, sin interrupción".
Algo para reflexionar
La misteriosa figura Melquisedec prefiguró la venida del Hijo de Dios, nuestro Señor Jesucristo. Así, David, el autor del Salmo 110, puede declarar más tarde sobre el futuro Cristo: "Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec" (Sal. 110:4). Así que, cuando leemos la narrativa de Melquisedec, breve como es, en Génesis 14, vemos a Cristo en Su naturaleza a través de Melquisedec en la narrativa—a Jesús de Nazaret tanto como Sacerdote que como Rey. Como prefiguración a la cual apunta Melquisedec, Jesús es Rey de justicia y paz, encarnado, eterno en Su deidad, y mediando para siempre por nosotros a la diestra de Dios como nuestro Sumo Sacerdote celestial (cf. Rom. 8:34).