Hebreos 7:4-10 ― Jesús el Sacerdote superior

Título: Jesús el Sacerdote superior

Fecha: 8 de enero de 2026

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Pasaje bíblico de estudio:  Hebreos 7:4-10 ― Considerad, pues, la grandeza de este hombre a quien Abraham, el patriarca, dio el diezmo de lo mejor del botín. Y en verdad los de los hijos de Leví que reciben el oficio de sacerdote, tienen mandamiento en la ley de recoger el diezmo del pueblo, es decir, de sus hermanos, aunque estos son descendientes de Abraham. Pero aquel cuya genealogía no viene de ellos, recibió el diezmo de Abraham y bendijo al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. Aquí, ciertamente hombres mortales reciben el diezmo, pero allí, los recibe uno de quien se da testimonio de que vive. Y, por decirlo así, por medio de Abraham aun Leví, que recibía diezmos, pagaba diezmos, 10 porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro.

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COMENTARIOS:

Cuando Abraham se encontró con Melquisedec en Génesis 14, sin ninguna ley que le obligara a diezmar al sacerdote-rey, Abraham le dio a Melquisedec una décima parte de lo mejor del botín que había obtenido en la batalla donde rescató a su sobrino Lot. Hebreos señala lo grandioso que debió de ser Melquisedec para Abraham, quien le dio el diezmo rindiendo homenaje a este sacerdote-rey.

Ahora, en consonancia con el propósito del autor, que era avergonzar a su audiencia judía que consideraba regresar al judaísmo desde el cristianismo, a partir del v. 5 el autor establece una comparación entre el sacerdocio levítico inferior y el sacerdocio superior de Melquisedec. Fue la tribu de Leví quien recibía diezmos de los israelitas, que acudían a ellos para mediación como sacerdotes ante Dios. Lo hacían porque eran descendientes de Abraham puestos a cargo del tabernáculo de Dios. Moisés puso las responsabilidades de los levitas en la Ley, lo cual lo volvía vinculante.

En el v. 6, el autor muestra lo peculiares que fueron las acciones de Abraham cuando dio el diezmo a Melquisedec. Después de todo, Melquisedec no era descendiente de Abraham, y hasta donde Israel sabía, Dios no había ordenado un sacerdocio a través de él. ¡Pero aquí estaba, recibiendo un diezmo de Abraham! Además, Melquisedec bendijo a Abraham—el gran patriarca bendecido por Dios siendo bendecido por otro. No es de extrañar que el v. 7 señale la superioridad de Melquisedec sobre Abraham en que el primero bendijo al segundo, siendo el menor (Abraham) bendecido por el mayor (Melquisedec).

En la expresión "hombres mortales reciben el diezmo" (v. 8), la palabra "mortal" es un participio que significa "muriendo", y describe a los hombres. En otras palabras, aunque los sacerdotes y levitas de Israel son mortales, muriendo y siendo reemplazados por otros, ellos siguen recibiendo diezmos como parte de la Ley de Dios. Ahora bien, el registro sobre Melquisedec no registra su muerte como el registro en Israel registra la muerte de sus sacerdotes. Así que el sacerdocio de Melquisedec nunca pasó a otro. Sin una muerte registrada, su sacerdocio histórico se interpreta como perpetuo. También lo es el de Cristo.

Los vv. 9-10 concluyen el argumento mostrando que cuando Abraham dio el diezmo a Melquisedec, su bisnieto Leví, que aún no había nacido y que estaba en sus lomos, estaba él mismo dando el diezmo. Así que Melquisedec era superior a Levi en este aspecto. Y como Melquisedec es superior a Leví, era superior al sacerdocio judío que descendía de la tribu de Leví. Por lo tanto, si la línea levítica es inferior al orden de Melquisedec, y dado que Cristo es de la orden sacerdotal de Melquisedec, entonces Su sacerdocio es superior al de Israel. Esto significa que el nuevo pacto (Heb. 8; cf. Jer. 31:31-34) es mejor que el anterior. Esto está en consonancia con todo el tema de Hebreos.

Algo para reflexionar

Todo el Nuevo Testamento fue escrito e inspirado por Dios, transmitido a través del tiempo como un documento infalible. Esto fue para mostrar la superioridad de una cosa sobre otra. Como una comparación lado a lado para que los consumidores tomen la mejor decisión, el Nuevo Testamento presenta a Jesucristo como mejor que cualquier cosa o persona. Uno pudiera suponer que Él tiene un precio muy alto, pero en realidad Jesús entra en nuestra vida por gracia, por medio de la fe, sin obras. Todo lo que hacemos es confiar en Él.