Hebreos 8:1-3 ― El punto principal de Hebreos 7
Título: El punto principal de Hebreos 7
Fecha: 17 de enero de 2026
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia
Bíblica Harvest)
Pasaje
bíblico de estudio: Hebreos 8:1-3 ― 1 Ahora bien, el punto principal
de lo que se ha dicho es este: tenemos tal Sumo Sacerdote, el cual
se ha sentado a la diestra del trono de la
Majestad en los cielos, 2 como ministro del
santuario y del tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre. 3 Porque
todo Sumo Sacerdote está constituido para presentar ofrendas y
sacrificios, por lo cual es necesario que este también tenga algo que ofrecer.
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COMENTARIOS:
Hebreos 7 argumenta del Antiguo Testamento que Jesús es el Sumo Sacerdote
superior, de la línea de Melquisedec. Es Él quien intercede en favor de todos
los creyentes. Este es el "punto principal" (gr. kephalaion) en 8:1,
o resumen. En esto, el autor modela un patrón eficaz para argumentar la verdad
y la aplicación en su epístola. Él primero expone su punto a través de las
Escrituras del Antiguo Testamento, luego resume su punto para aplicarlo. Por
tanto, lo que enseñan las Escrituras es de importancia primordial para el
autor. Para él, como debe ser para todos los cristianos, la Escritura tiene la
última palabra en todos los asuntos.
El resumen de la enseñanza del autor para su audiencia inmediata era que
a ellos no les beneficiaría en nada abandonar su fe en Jesús y volver al
judaísmo. Como el templo de Jerusalén aún funcionaba en el momento en que el
autor escribía (alrededor del año 66 d. C.), ellos estaban considerando volver
a su antiguo sacerdocio. El autor le explicó a su audiencia que ellos ya tenían
un Sumo Sacerdote en Jesucristo. Su lugar de morada, aunque no estaba en
Jerusalén, estaba en un lugar muy superior: "a la diestra del trono de la
Majestad en los cielos". Mientras que el sumo sacerdote judío buscaba el
perdón de Dios en favor de sus propios pecados y de los pecados de su pueblo en
Israel, en la tierra, en un templo hecho con manos humanas, Jesús—habiendo
muerto de una vez por todas—estaba siempre intercediendo para el perdón de Dios
en favor del hombre, en el cielo, a la diestra de Dios Padre. El autor, por
ende, le pregunta a su voluble audiencia: ahora bien, ¿cuál creen ustedes que
es mejor?
Por supuesto, el templo de Jerusalén había sido construido por manos
humanas. Era una estructura hermosa según todos los relatos, y dado que sus
dimensiones fueron dadas por Dios, su Autor es perfecto. A pesar de ello, la
humanidad es imperfecta y pecadora. Cualquier sacerdote que sirva en tal templo
imperfecto también es pecador y débil. Sin embargo, Jesús no interviene en
favor del hombre desde un templo imperfecto hecho por manos humanas. Él intercede
como Sacerdote mientras está sentado a la diestra de "la Majestad en los
cielos"—Dios Hijo, sentado junto a Dios Padre. Su "santuario", o
lugar santo, es celestial, donde Él es un "ministro" (gr. leitourgos)—un
término que se refiere a quien se preocupa por los demás. A diferencia de los
templos hechos por el hombre en la tierra, el ámbito de Dios es perfecto y está
en los "cielos". Jesucristo "se ha sentado" allí, lo que
significa que Su obra de redención estaba completa. Esto contrasta fuertemente
con los sacerdotes terrenales que nunca se sentaban, ¡pues su labor sacerdotal
nunca terminaba!
Mientras que los sacerdotes judíos presentaban "ofrendas y sacrificios",
Jesús, como Sacerdote, debía "también tener algo que ofrecer" (v. 3).
Ahora el sacrificio y la obra expiatoria de Jesús por el pecado están
plenamente completados gracias a Su sacrificio de sangre perfecto. Pero como no
puede hacer menos que el sumo sacerdote judío que siempre ofrecía algo, Jesús
también es un sacerdote ministrador. ¿Qué ofrece Él? Como Él no necesita
ofrecer sacrificios de sangre, solo presenta "ofrendas", vitales para
los creyentes. Los sacerdotes en Israel presentaban ofrendas de cereales que
representaban lealtad, compromiso, y alabanza a Dios. Los cristianos no hacen
menos cuando ofrecemos nuestra adoración a Dios mediante el sacrificio de la
alabanza, que incluye nuestras ofrendas monetarias. Jesús entonces ministra
estas ofrendas a Dios en nuestro nombre. Lo que antes era el papel de los
sacerdotes judíos, ahora es el papel de nuestro superior Sumo Sacerdote: Jesús.
Algo para reflexionar
"Hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre" (1 Tim. 2:5). Él es nuestro Gran Sumo Sacerdote que acepta nuestra adoración y la media ante nuestro Padre. Nadie más puede hacerlo, solo Jesús, porque solo Él está calificado. Así que, ofrece tu vida como sacrificio vivo (Rom. 12:1-2). Es adoración que es mediada por Jesús, el Hijo, y luego recibida por Dios Padre.