Hebreos 10:26 ― Advertencias severas sobre la apostasía

Título: Advertencias severas sobre la apostasía

Fecha: 26 de febrero de 2026

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Pasaje bíblico de estudio:  Hebreos 10:26 26 Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados...

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Por cuarta vez el autor advierte de la apostasía en 10:26 (cf. 2:1-4; 3:6b-4:13; 5:11-6:8; 10:26-31), el rechazo deliberado de Cristo. Todos los incrédulos han rechazado a Cristo, pero no todos son apóstatas. Los apóstatas son aquellos que, con una comprensión completa de Jesucristo, rechazan Su ofrecimiento gratis de salvación. Lo hacen voluntariamente "después de haber recibido el conocimiento de la verdad”. Lamentablemente, para los apóstatas "ya no queda sacrificio alguno por los pecados”. Una vez rechazado, siempre rechazado.

Hay varios ejemplos en las Escrituras de apóstatas. Deuteronomio 13:13 dice: "han salido hombres indignos de en medio de ti y han seducido a los habitantes de su ciudad, diciendo: «Vamos y sirvamos a otros dioses» (a quienes no has conocido)”. Estos hombres estaban entre los israelitas que vieron la gloria de Dios pero que luego la rechazaron. De igual manera, 1 Samuel 15:11 dice de Dios: "Me pesa haber hecho rey a Saúl, porque ha dejado de seguirme y no ha cumplido mis mandamientos”. Saúl fue una vez un hombre que juró lealtad a Dios, pero se rebeló contra Él, lo que hizo que Samuel "clamara al Señor toda la noche”.

El rey Amasías fue otro apóstata en el Antiguo Testamento. 2 Crónicas 25:14-15 dice: "Y aconteció que después que Amasías regresó de la matanza de los edomitas, trajo los dioses de los hijos de Seir y los puso como sus dioses, se postró delante de ellos y les quemó incienso. Entonces se encendió la ira del Señor contra Amasías, y le envió un profeta que le dijo: ¿Por qué has buscado a los dioses de otro pueblo, que no han podido librar a su propio pueblo de tu mano?" Después de esto, conspiradores se levantaron contra Amasías y lo mataron (v. 27).

La apostasía es un asunto serio, pues es el rechazo definitivo de Cristo y de la salvación que Él ofrece a todos los que le reciban por fe. Consideremos las palabras de Pablo: "Pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios, mediante la hipocresía de mentirosos que tienen cauterizada la conciencia" (1 Tim. 4:1-2). Pablo advirtió así a los Tesalonicenses: “Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición” (2 Tes. 2:3). Jesús habló de esto diciendo: "Muchos tropezarán entonces y caerán, y se traicionarán unos a otros, y unos a otros se odiarán" (Mt. 24:10).

Algunos podrían proponer que estos pasajes promueven la pérdida de la salvación para los verdaderos cristianos, pero el Apóstol Juan aclara que la verdadera salvación nunca puede perderse, diciendo: "Salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros, porque si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron, a fin de que se manifestara que no todos son de nosotros” (1 Jn. 2:19). Está claro que quienes se apartan nunca fueron verdaderamente salvos, aunque sí estuvieron entre cristianos en la iglesia (cf. Mt. 13:1-9, 18-23). Los verdaderos creyentes nunca se apartan; solo los farsantes lo hacen.

Algo para reflexionar

Evalúa tu fe hoy para determinar si realmente eres cristiano (cf. 2 Cor. 13:5). Los fingidores de la fe abandonan la asamblea de creyentes (Heb. 10:25), y se apartan de Cristo al no comprometerse con Él tras oír la palabra de la verdad (Heb. 2:3). La persecución se lleva a algunos (Mt. 24:9-10), otros toleran a falsos maestros (Mt. 24:11), y otros son vencidos por tesoros y ambiciones terrenas (Lc. 8:13). Los cristianos, sin embargo, se inclinan ante Cristo y le adoran en iglesias de gracia que creen en la Biblia. Éstos no le tienen miedo a la persecución y exigen predicación bíblica, preocupándose más por los tesoros espirituales que por las cosas mundanas. Otra cosa que los diferencia de los que fingen: ellos aborrecen el pecado. Les enferma hasta el punto del arrepentimiento. Y ellos no solo lo exigen en sus propias vidas, sino también en otros que se llaman a sí mismos cristianos.