Hebreos 6:4-6; 10:26 ― ¿La salvación se pierde?
Hebreos 6:4-6; 10:26 ― 4 Porque en el caso de los que fueron una vez iluminados, que probaron del don celestial y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5 que gustaron la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6 pero después cayeron, es imposible renovarlos otra vez para arrepentimiento, puesto que de nuevo crucifican para sí mismos al Hijo de Dios y le exponen a la ignominia pública… 26 Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados.
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COMENTARIOS BÍBLICOS:
En los pasajes de advertencia de Hebreos, es de vital importancia señalar
lo que no se está enseñando: que la salvación puede perderse. El autor le
estaba escribiendo a judíos convertidos que formaban parte de la Iglesia
primitiva, y que estaba formada tanto por verdaderos creyentes que habían
entregado sus vidas a Cristo, así como por falsos creyentes que estaban entre
los creyentes en la Iglesia. Los falsos estaban convencidos de que Jesús era el
Mesías, pero no hicieron nada con Él. Y eventualmente, este tipo de personas se
alejarán de Él. Esto probablemente sea cierto en todas las iglesias del mundo
hoy en día; hay tanto creyentes verdaderos como falsos. Los verdaderos
cristianos entregan sus vidas a Cristo y viven para Él; los falsos creyentes no
lo hacen. Su final se parecerá algo a los que Jesús reprendió en Mateo
7:21-23.
El público judío al que se dirigía el autor estaba en una posición en la
que necesitaba tomar una decisión respecto a su fidelidad a Jesucristo: crecer
en su fe (6:1-3).
Habiendo vivido tanto tiempo en el sistema levítico de sombras del Antiguo
Testamento, de imágenes, y ABC espirituales, estos judíos tenían una tendencia
hacia su vida anterior. Pero volver a esa vida y rechazar a Cristo sería un
error fatal. El tabernáculo, el sacerdocio, y las ofrendas apuntaban a Jesús en
Su persona y obra. Pero estas eran meras imágenes de Cristo, enseñanzas
elementales sobre Él. El autor les llamó a dejar las imágenes de Cristo y mirar
al verdadero hombre Jesús, que es Dios en carne.
Considerar a los judíos a quienes Jeremías profetizó. Después de darles
amplias oportunidades para arrepentirse y volver a Dios, y después de que rechazaran
a Dios continuamente, Dios finalmente le dijo a Jeremías que dejara de orar por
ellos (7:16;
11:11, 14; 14:11-12). ¡Dios había terminado con ellos! Del mismo modo, los
fariseos, tras haber visto de primera mano al Mesías, negaron abiertamente a
Jesús y atribuyeron Sus obas al diablo (Mt.
12:24). ¿Era esta la blasfemia contra el Espíritu Santo (12:30-32;
Mc. 3:20-30), el pecado eterno? Esto es debatible, pero si es así, entonces
atribuir las obras de Jesucristo al diablo es una señal clara de alguien que
tiene el conocimiento suficiente para la salvación pero renuncia a él.
Hoy en día, las personas que asisten regularmente a una iglesia
evangélica están en la misma situación. Han sido iluminados una y otra vez,
semana tras semana; pero no entregan sus vidas a Cristo. Al no hacerlo, se
vuelven tardos para oír y corren el riesgo de naufragar su fe.
Los pasajes de advertencia de Hebreos no están hablando de cristianos
que caen en pecado, que retroceden y luego se arrepienten de sus pecados. La
mayoría de los cristianos hacen eso en algún momento de sus vidas, a veces de
forma repetida. Estos pasajes se dirigen a quienes se les ha sido adecuadamente
presentada la persona de Jesucristo y que supuestamente han depositado su fe en
Él. Pero al no nutrir su fe, posteriormente le rechazan como Señor y Cristo.
Aunque afirman tener fe en Él, corren el riesgo de apostatar—de finalmente apartarse
de la fe. Esto incluye a quienes nunca hacen verdaderamente una profesión de fe
en Cristo, pero que han comprendido claramente la presentación del evangelio.
Estas personas no tienen forma de volver a la fe una vez que han rechazado a
Cristo de plano, tras haber recibido una presentación adecuada del evangelio.
Algo para reflexionar
La salvación es un regalo de Dios, un regalo que Él nunca tomará de vuelta. Dios mismo escribió el Libro de la Vida mucho antes de que la tierra y las personas fueran siquiera creadas (Ap. 13:8; 17:8). Este libro contiene los nombres de todos Sus elegidos. Ese libro no está siendo editado—ni restándosele ni ampliándolo. La salvación es eterna y no puede perderse (cf. Jn. 10:26-30; Rom. 8:31-39; Efe. 1:13-14).