Hebreos 9:1, 6-7 ― Jesús y el Día de la Expiación

Título: Jesús y el Día de la Expiación

Fecha: 3 de febrero de 2026

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Pasaje bíblico de estudio:  Hebreos 9:1, 6-7 ― Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y el santuario terrenal… Así preparadas estas cosas, los sacerdotes entran continuamente al primer tabernáculo para oficiar en el culto; pero en el segundo, solo entra el sumo sacerdote una vez al año, no sin llevar sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados del pueblo cometidos en ignorancia.

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COMENTARIOS:

Las "ordenanzas de culto y el santuario terrenal" (v. 1) fueron escritas en la Ley Mosaica, o Torá (gr. Pentateuch)—los primeros cinco libros del Antiguo Testamento. Aunque el autor de Hebreos dijo en el v. 5: "de estas cosas no se puede hablar ahora en detalle", dado que su audiencia conocía bastante bien el templo, es útil para los lectores modernos, que no están familiarizados con el tabernáculo/templo en Israel, tener algún comentario sobre esta estructura y su contenido.

El "santuario terrenal" era el tabernáculo, una tienda/carpa portátil que existió desde 1445 a. C. hasta 950 a. C., cuando Salomón la sustituyó por el templo. Las dimensiones del tabernáculo portátil eran precisas: 45 pies x 15 pies x 15 pies. Dentro del tabernáculo había dos habitaciones: el Lugar Santo (30 pies de largo) y el Lugar Santísimo (15 pies de largo). Dentro del Lugar Santo estaban el candelabro de siete brazos para la luz (o Menorá), la mesa del pan de la presencia, y el pan para la mesa que se reemplazaba semanalmente. Dentro del Lugar Santísimo, separado del Lugar Santo por un velo, estaba el arca del pacto: una caja de tres pies por dos pies que contenía los Diez Mandamientos, la vara de Aarón que retoñó, y una vasija de maná. Cubriendo el arca había una tapa llamada el propiciatorio. Encima de ella había dos ángeles dorados (querubines) cuyas alas se tocaban, y cuyos ojos miraban hacia el propiciatorio. También había un patio/atrio contenido dentro del recinto del tabernáculo, donde se encontraba el altar de los holocaustos, o de ofrendas quemadas, y un recipiente/lavamanos para que el sacerdote se lavara. Las dimensiones del patio/atrio eran 150 pies x 75 pies.

Los vv. 6-7 hablan en referencia a las instrucciones dadas a Israel en Levítico 16 sobre Yom Kipur, o el Día de la Expiación. Aquí se presenta un resumen de cómo transcurría ese día cada año. En el séptimo mes, el sumo sacerdote, vestido con sus atuendos de sumo sacerdote, sacrificaba un toro/novillo en el altar de holocaustos, en el patio/atrio del tabernáculo. Luego se quitaba la vestimenta sacerdotal y se ponía ropa interior de lino cubierta por una túnica y un cinturón/faja. Después, sacrificaría otro toro como ofrenda de pecado por él y su familia, pues él también era pecador. Seguidamente, seleccionaba dos machos cabríos echando suertes, atando un cordón rojo escarlata alrededor de uno como macho cabrío sacrificial. El otro macho cabrío actuaría como chivo expiatorio y sería enviado al desierto con los pecados de Israel. Los dos machos cabríos representan el perdón de pecados y pecados olvidados—el pecado y la culpa.

A continuación, el sumo sacerdote entraba en el Lugar Santo, habiendo tomado brasas del altar de holocaustos, o de la ofrenda quemada, junto con dos puñados de incienso para colocar sobre el altar del incienso. El resultado era una nube que llenaba la habitación. De allí, el sacerdote regresaba al altar de holocaustos, o de la ofrenda quemada, en el patio/atrio, y llevaba la sangre que se había drenado del toro de vuelta al Lugar Santo. Esta vez, sin embargo, atravesaría el velo hacia el Lugar Santísimo, y rociaría la sangre sobre el propiciatorio. Al salir del Lugar Santísimo, y volver al patio/atrio, sacrificaba el macho cabrío sacrificial, llevando su sangre de vuelta al Lugar Santísimo, donde volvía a rociar sangre sobre el propiciatorio. Al terminar, regresaba al patio/atrio, ponía la mano sobre el macho cabrío vivo, mientras verbalmente echaba los pecados de Israel sobre él, y luego lo enviaba al desierto—el chivo expiatorio de Israel. Ahora bien, si el sacerdote no había muerto durante este prolongado proceso, significaba que sus acciones eran aceptables para Dios, y que los pecados no intencionales y no confesados de Israel fueron perdonados durante el año. Si el proceso se hacía correctamente, Israel sabía que Dios estaba complacido.

Algo para reflexionar

Jon Courson escribe: "¿No ves lo que pasó con [Jesús], nuestro Sumo Sacerdote? El mundo entero estaba mirando—sin siquiera saber qué estaban viendo. Y nuestro Gran Sumo Sacerdote, envuelto en lino blanco, emergió del Lugar Santísimo el Domingo de Pascua... Ciertamente, porque cuando los discípulos se asomaron esa mañana, vieron un banco salpicado de sangre—Su sangre donde había yacido Su cuerpo. Y el escritor del Evangelio nos dice que en cada extremo del banco estaba sentado un ángel. Por ende, la imagen de un propiciatorio salpicado de sangre, estaba completa. Cuando Jesús salió de la tumba al tercer día, fue una declaración de perdón—no solo por un año, sino por la eternidad".