Hebreos 9:11-14 ― Nuestras conciencias culpables son aliviadas

Título: Nuestras conciencias culpables son aliviadas

Fecha: 6 de febrero de 2026

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Pasaje bíblico de estudio:  Hebreos 9:11-14 ― 11 Pero cuando Cristo apareció como Sumo Sacerdote de los bienes futuros, a través de un mayor y más perfecto tabernáculo, no hecho con manos, es decir, no de esta creación, 12 y no por medio de la sangre de machos cabríos y de becerros, sino por medio de su propia sangre, entró al Lugar Santísimo una vez para siempre, habiendo obtenido redención eterna. 13 Porque si la sangre de los machos cabríos y de los toros, y la ceniza de la becerra rociada sobre los que se han contaminado, santifican para la purificación de la carne, 14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará vuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?

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COMENTARIOS:

El tabernáculo y todos sus ministerios a Israel eran un símbolo para comparar el nuevo pacto y el antiguo. Habiendo enseñado con precisión acerca del tabernáculo y los sacerdotes, el autor de Hebreos concluye una vez más mostrando cómo Cristo es superior al antiguo orden. Los símbolos antiguos lograron un propósito temporal y externo. ¡Y estuvo bien! Pero lo bueno que eran palidece claramente en comparación con la grandeza del Nuevo Pacto fundado e inaugurado por Jesucristo.

El Nuevo Pacto en Cristo dio paso a tres cosas superiores en los vv. 11-14. Primero, un nuevo lugar santo (v. 11). El antiguo Lugar Santo en el tabernáculo era hecho por el hombre con materiales terrenales, y era el camino hacia Dios en el Lugar Santísimo. Pero el santuario de Cristo—Su Lugar Santo—es el propio cielo, que es la morada de Dios (Hch. 7:48-50; 17:24). Los sacerdotes del antiguo pacto entraban en el Lugar Santo por el pueblo, pero no con el pueblo. Sin embargo, Jesucristo lleva a Sus hijos con Él hasta el cielo, a la verdadera presencia de Dios. Efesios 2:4-6 revela que los creyentes en Cristo ya han sido llevados al cielo, porque al momento de creer fueron resucitados con Cristo y llevados a la presencia del Padre. Así que, espiritualmente hablando, los creyentes ya viven con Dios, porque nuestra ciudadanía está en el cielo (Fil. 3:20). Allí viviremos para siempre.

En segundo lugar, está el nuevo ministerio (v. 12). El antiguo ministerio tenía que ver con el sacrificio de animales—el derramamiento de su sangre para expiar los pecados del hombre. Dios, teniendo gracia, había permitido que el hombre tuviera comunión con Él cuando pecaba, derramando sangre animal. Pero Jesús, como el Cordero de Dios, derramó Su propia sangre. En este sentido, ¡el Sacrificador era el Sacrificio! Contrariamente a la naturaleza repetitiva de tener que sacrificar animales a diario y anualmente para expiar los pecados, dado que Jesús era el sacrificio perfecto, Él se sacrificó a Sí mismo de una vez por todas, obteniendo redención eterna en lugar de expiación temporal. Redención puede significar, o bien liberar o soltar pagando un precio de rescate, o bien puede referirse al acto de comprar algo de vuelta pagando un precio de rescate. Como el hombre es pecador, encerrado en el pecado y cautivo de él, Cristo pagó el precio necesario para liberarnos de la pena de nuestro pecado. Él no hizo esto con un sacrificio animal, sino con Su propia sangre.

Tercero, está el nuevo significado (vv. 13-14). Los sacrificios del antiguo pacto limpiaban la parte externa de un pecador mediante el derramamiento de sangre animal. Pero la sangre animal no podía traer perdón de pecados. Sin embargo, Dios permitió que esa ordenanza expiara brevemente los pecados y apuntara a un sacrificio mejor con un nuevo significado. La perfección de Cristo (Heb. 5:8-9) le calificaba como el sacrificio perfecto. ¡Ningún animal podría hacer eso! Era Su sangre, ofrecida a Dios por el Espíritu Santo (v. 14)—a diferencia del sumo sacerdote humano que ofrecía sangre de macho cabrío en el altar. Esos sacrificios inferiores no podían purifcar la conciencia culpable de un pecador de obras muertas. ¡El de Cristo sí!

Algo para reflexionar

Como cristianos, nuestros pecados deben tocar nuestra conciencia; ninguna buena obra debería poder hacernos sentir mejor. Solo nuestra dependencia de la sangre derramada de Cristo es capaz de aliviar nuestra conciencia culpable. Dado que el antiguo orden de las obras muertas es inferior, si confías en las obras para enmendar las cosas con Dios, entonces no eres diferente de la audiencia ilusa que aborda Hebreos. Solo la obra de Cristo en la cruz importa. Solo la Suya, no la nuestra. Él obtiene nuestra salvación. Nosotros no podemos.