Hebreos 9:15-22 ― Última voluntad y testamento de Jesús
Título: Última voluntad y testamento de
Jesús
Fecha: 10 de febrero de 2026
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia
Bíblica Harvest)
Pasaje
bíblico de estudio: Hebreos 9:15-22 ― 15 Y por eso Él es el mediador de un nuevo pacto, a fin de
que habiendo tenido lugar una muerte para la redención de las transgresiones que
se cometieron bajo el primer pacto, los que han sido llamados reciban
la promesa de la herencia eterna. 16 Porque donde
hay un testamento, necesario es que ocurra la muerte del testador. 17 Pues
un testamento es válido solo en caso de muerte, puesto que no
se pone en vigor mientras vive el testador. 18 Por
tanto, ni aun el primer pacto se inauguró sin sangre. 19 Porque
cuando Moisés terminó de promulgar todos los mandamientos a todo el pueblo,
conforme a la ley, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con
agua, lana escarlata e hisopo, y roció el libro mismo y a todo el pueblo, 20 diciendo:
Esta es la sangre del pacto que Dios os ordeno. 21 Y de
la misma manera roció con sangre tanto el tabernáculo como todos los utensilios
del ministerio. 22 Y según la ley, casi todo es
purificado con sangre, y sin derramamiento de sangre no hay perdón.
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COMENTARIOS:
La muerte de
Jesucristo fue retroactiva en su efectividad para todos los creyentes previos a
Jesús que confiaron en Dios. Él redimió las transgresiones (v. 15) que
cometieron bajo el antiguo pacto, perfeccionando/completando la salvación de ellos
tras Su muerte. Por supuesto, "redención" en el v. 15 se refiere a
personas vendidas a la esclavitud del pecado pero compradas para salir de ella.
Jesús compró las almas de aquellos bajo el antiguo pacto que tenían la fe de Abraham
que Dios reconoció por justicia (Gén.
15:6). Dios lo hizo con Su sangre, o vida, después de hacerse carne en
Cristo y morir en la cruz.
Lo que Jesús
logró en Su muerte es similar al Día de la Expiación anual (Lev.
16), donde los israelitas se reunían mientras el sumo sacerdote hacía
expiación por sus pecados rociando sangre sobre el Arca y luego liberando al
chivo expiatorio que llevaba los pecados de ellos lejos en el desierto. Entonces,
como el Día de la Expiación expiaba los pecados cometidos por Israel durante el
año anterior, la muerte de Jesús perdona los pecados de todos los creyentes que
vivieron antes de Su encarnación y subsecuente muerte en la cruz—desde el justo
Abel (Gén.
4) hasta todo creyente moderno.
Dado que la
muerte de Jesús fue muy superior a los machos cabríos y toros en el Día de la
Expiación—funcionando retroactivamente abarcando miles de años en lugar de solo
un año, por lo tanto, Él es el "mediador de un nuevo pacto". Cabe
destacar que el término "pacto/testamento" en los vv. 15-18 es
similar al último testamento de una persona. Cuando se ha prometido un pacto/testamento
(o voluntad), solo puede ser inaugurado mediante la muerte de aquel que expresa
su última voluntad. Sin muerte, el testamento/voluntad de una persona no vale
nada. Así fue con el antiguo pacto/testamento de Dios, y así es con el nuevo
pacto/testamento de Dios. El antiguo pacto fue inaugurado con sangre (Éx.
24:1-8) cuando Dios prometió bendecir a Israel si le obedecían. Moisés, por
tanto, tomó la sangre de un animal y la roció sobre el pueblo (Éx.
24:8). Del mismo modo, el nuevo pacto también fue promulgado con sangre—la
sangre derramada de Jesucristo en la cruz, conmemorado con el vino en el
sacramento, o rito, de la Cena del Señor (Lc.
22:20).
La sangre
animal derramada es un tema común a lo largo del Antiguo Testamento, pues Dios ordenó
que sangre se derramara antes de que el pecado pudiera ser perdonado (v.
22; cf. Lev. 17:11). En el plan soberano y misericordioso de Dios, el
rociamiento de sangre sobre algo cambia la relación de Dios con ello. Como la
humanidad fue vendida a la esclavitud del pecado en Génesis
3 tras su rebeldía, Dios prometió redimir a todos los que depositaran su
confianza en Él a través de la sangre derramada de Su Hijo Jesucristo. Por
medio de simple confianza—la misma fe simple de Abraham (Gén.
15:6), la sangre derramada de Jesús es rociada sobre el creyente para la
salvación.
Algo para
reflexionar
Tantos rechazan hoy la sangre de Cristo y optan por ser "buenas" personas que hacen "buenas” obras. Pero como hemos pecado, no alcanzando el estándar de Dios, somos incapaces de ser buenas personas a los ojos de Dios, y nuestras buenas obras son en realidad obras muertas—comparadas con un trapo/paño menstrual en Isaías 64:6. Por eso Jesús, Dios en carne, vino a la tierra. Él era y es perfecto, así que Él fue y es capaz de ser bueno en nuestro lugar y de ofrecer el sacrificio perfecto en nuestra representación para el perdón de nuestros pecados. Todo lo que necesitamos hacer es creer, confiando en Su sacrificio por nuestros pecados.