Hebreos 10:30-31 ― Venganza Divina
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Hebreos 10:30-31 ― 30 Pues conocemos al que
dijo: Mia es la venganza, yo pagaré. Y otra vez: El Señor juzgará a
su pueblo. 31 ¡Horrenda cosa es caer en las manos
del Dios vivo!
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COMENTARIOS:
El Dios Santo de la Biblia es ciertamente el Dios de amor, pero también
es el Dios de ira. Dado que Su ira está sobre todos los que pecan, y como todos
son pecadores (Rom.
3:23), todos están bajo Su justa ira. Pasajes como Deuteronomio
32:35-36, citado aquí en 10:30 (cf. Rom.
12:19), revelan que Dios tiene un día de juicio reservado para todos los
que le rechazan. Él dice: "Mia es la venganza, yo pagaré." Dios
podría haber dicho: "Amo a todos, y nada de lo que haga nadie me impedirá
salvar a todos, a pesar de cuánto me odien". Nada de esto se dice nunca en
las Escrituras por parte de Dios. La verdad de Deuteronomio
32:36 es que "el Señor juzgará a su pueblo" (Heb. 10:30).
Pero en Su gracia, Dios se hizo hombre en la persona de Jesús de
Nazaret. Él vivió como un humano y superó todas las tentaciones conocidas por
la humanidad. Él era, en una palabra, sin pecado (Jn.
8:48). Por tanto, Jesús pudo ofrecerse a Sí mismo a Dios Padre como el Cordero
perfecto de Dios (Jn.
1:29) para satisfacer Su ira. Cuando Jesús hizo esto, entregando
voluntariamente Su vida en la cruz, recibió la ira de Dios sobre Sí mismo,
satisfaciendo a Dios. En otras palabras, el hombre pecó; Jesús pagó la multa.
Por tanto, Sus acciones son una acción legal, que libera a los pecadores de la
pena por sus pecados. Todo lo que deben hacer es reivindicarlo confiando en
Cristo. Así que ahí está—¡la ira de Dios satisfecha en Su Hijo Jesucristo!
Para la persona ignorante que nunca oye el evangelio, la ira de Dios
sigue siendo justa. Al fin y al cabo, todos son pecadores, y los pecadores
merecen juicio. Y juicio recibirán. Pero para quienes oyen el evangelio de
Jesucristo y lo creen durante un tiempo para luego apartarse de él y
convertirse en apóstatas, la ira de Dios será aún más intensa, porque Dios
tomará "venganza" sobre ellos—el acto de dañar a alguien en respuesta
a una ofensa o injusticia. No hay duda de que esto es lo que Dios hará, porque
lo enfatiza diciendo: "Yo pagaré." El juicio de Dios se basará en lo
que cada uno haya recibido. Quienes tengan más conocimiento serán juzgados con
más severidad.
En verdad, "¡Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo!"
(v. 31). El término "horrenda" (gr. phoberos) es el mismo que se usa
en el v. 27 en referencia al juicio iracundo de Dios—la furia de un fuego que
consumirá a Sus adversarios, específicamente en este contexto a aquellos que
profesan amar a Cristo pero que luego se apartan de Él. ¿Horrenda expectativa?
¿Un fuego consumidor? ¿Juicio divino? Sin duda Dios es amoroso, pero también
está lleno de ira hacia los no creyentes, especialmente contra aquellos que le
rechazan de plano. Jonathan Edwards capturó esta escena en cierta medida en su
famoso sermón denominado "Pecadores en manos de un Dios enfadado":
"Están las nubes negras de la ira de Dios ahora colgando justo sobre
vuestras cabezas, llenas de la terrible tormenta y llenas de truenos; y si no
fuera por la mano limitante/restrictiva de Dios, estallaría inmediatamente
sobre ti. El soberano placer de Dios por el momento detiene Su viento áspero;
de lo contrario, vendría con furia, y tu destrucción llegaría como un
torbellino, y serías como la paja cuando se trilla el grano (en la era en
verano)".
La verdad es que la ira de Dios está sobre todos, y justamente, porque
todos han pecado y no alcanzan la gloria de Dios (Rom.
3:23). Pero Dios, en Su gracia, nos ha dado a Jesucristo para confiar y
recibir por fe (Rom.
6:23). Solo Él es nuestra paz, habiendo satisfecho la ira de Dios con Su
muerte en la cruz (cf. Rom.
5:1 y siguientes), pagando la pena por nuestra deuda de pecado con Dios en
su totalidad (Jn.
19:30).
Algo para reflexionar
Las advertencias en la Epístola a los Hebreos no son para quienes cometen pecados ignorantes; son para quienes niegan voluntariamente a Jesucristo después de llegar a conocer quién es Él realmente. Solo un Dios de amor le advertiría a Sus verdaderos hijos que permanezcan fieles para asegurar su salvación. Él le explicaría continuamente Su superioridad sobre los demás para que ellos estuvieran plenamente informados y no fallaran el blanco, y Él enviaría pastores y predicadores para transmitir este mensaje vital. ¡Esto es lo que Él hizo a través de cartas como la epístola a los Hebreos! Sí, la Palabra de Dios a nosotros es una carta de amor—sin duda una advertencia, pero una carta de amor extraordinaria. Vayamos a advertirle a los demás, amándoles, con la verdad del evangelio y las consecuencias de rechazarlo.