Hebreos 10:32-34 ― ¿Estás luchando con tu fe?

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Hebreos 10:32-34 ― 32 Pero recordad los días pasados, cuando después de haber sido iluminados, soportasteis una gran lucha de padecimientos; 33 por una parte, siendo hechos un espectáculo público en oprobios y aflicciones, y por otra, siendo compañeros de los que eran tratados así. 34 Porque tuvisteis compasión de los prisioneros y aceptasteis con gozo el despojo de vuestros bienes, sabiendo que tenéis para vosotros mismos una mejor y más duradera posesión.

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COMENTARIOS:

Tras advertir severamente a su audiencia sobre los peligros eternos de la apostasía en 10:26-31, el autor de Hebreos baja un poco el tono a partir del v. 32. Su amor por su audiencia se refleja en cómo se negó a ignorar la posibilidad muy real de que algunos estuvieran considerando abandonar su fe en el superior Jesús, como su Mesías, y regresar a la religión inferior del judaísmo. Un pastor fiel hace eso: advirtiendo con firmeza a quienes ama a que no descuiden la salvación que solo se encuentra en Jesucristo. Algunos podrían sentirse ofendidos y otros podrían apartarse de la compañía de esos pastores. Pero cuando está en juego el alma eterna de un ser humano, se justifica una severidad vehemente.

El escritor dice a su querida audiencia que "recuerden los días pasados", cuando fueron "iluminados" por primera vez (gr. phōtizō). Recordando los días en que alguna vez estuvieron en la oscuridad, espiritualmente hablando, Dios los iluminó con Su luz y les dio comprensión de quién es realmente Jesús de Nazaret: el Mesías, el Cristo. Cabe destacar que el autor no dice: "Recuerda cuando fuiste salvo, cuando fuiste justificado por medio de la fe solamente". ¿Por qué? Tener en cuenta que el autor no estaba seguro de que ellos habían sido salvados, sino solo de que habían sido "iluminados". Su oscuridad espiritual se había iluminado, pero ¿eran salvos? Dadas las advertencias del autor a lo largo de la epístola de Hebreos (2:1-4; 3:7-4:11; 6:4-8; 10:26-31), no parece que estuviera seguro.

Sin embargo, lo que el autor sí sabía era que, tras su iluminación espiritual, ellos habían "soportado una gran lucha de padecimientos" (v. 32). Su iluminación con respecto a Jesús como Mesías trajo persecución a sus vidas. Ellos fueron ridiculizados, "siendo hechos un espectáculo público en oprobios y aflicciones" (v. 33). Por ende fueron insultados y avergonzados públicamente. A pesar de esto, el v. 32 dice que "soportaron" (en gr. hupomenō), afrontando sus tribulaciones con valentía. No solo soportaron tales burlas por su fe, sino que también fueron "compañeros de los que eran tratados así". En otras palabras, sufrieron individual y colectivamente junto con otros que sufrieron.

En el v. 34, el autor reconoció que también mostraron "compasión de los prisioneros y aceptaron con gozo el despojo de [sus] bienes". Mientras que en su oscuro estado espiritual se habrían unido a la persecución de cristianos, en su estado iluminado de conocimiento de Cristo tuvieron compasión de cristianos convertidos, algunos de los cuales habían sido encarcelados por su fe. Incluso apoyaban a esos prisioneros, soportando la confiscación de sus propias propiedades debido a eso. Sin embargo, esto lo hicieron "con gozo", implicando, al menos al principio, que su fe era genuina. En ese tiempo cuando su iluminación era reciente, ellos reconocían que perder sus posesiones no significaba nada, pues tenían "una mejor y más duradera posesión"—una herencia eterna en Cristo y con Cristo.

Escribiendo alrededor del año 66 d. C., la persecución a la que se refiere el autor concierne al emperador romano Claudio (r. 41-54) en el año 49 d. C. El historiador romano Suetonio escribió sobre la persecución de Claudio, culpando a "Chrestus", su palabra para "Cristo", explicando que los disturbios y expulsiones ocurrieron cuando cristianos judíos fueron desterrados de la sinagoga por los judíos. A pesar de que nadie murió (cf. 12:4), fue un tiempo angustiante de vergüenza y abuso para los cristianos.

Algo para reflexionar

Es evidente que las personas, tanto entonces como ahora, pueden ser iluminadas sobre quién es Jesús de Nazaret: el Cristo, o Mesías. Pero la iluminación, aunque necesaria para la salvación, no es salvación en sí misma. Uno debe comprometerse con Cristo como Señor y Salvador, confiando realmente en Él, no simplemente ser iluminado acerca de Él. Como la semilla que cae en terreno pedregoso, algunos se sienten inicialmente atraídos por Cristo intelectual y/o emocionalmente, pero a medida que aumenta la persecución por su postura, se ahogan en sus raíces y se apartan (cf. Mt. 13:20-21). Probablemente hayas sido iluminado sobre quién es realmente Jesús. ¿Has confiado plenamente en Él, o solo sabes Su nombre y algunas cosas que dijo o hizo? ¿Fuiste inicialmente cambiado tras la iluminación y te has apartado, o después de la iluminación te comprometiste con Él e hiciste una promesa de vivir tu vida para Él? La vida es corta, así que asegúrate de tu salvación al confiar realmente en Jesús como tu Señor y Salvador.