Hebreos 10:37-39 ― No retrocedas; mantén la fe
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Hebreos 10:37-39 ― 37 Porque dentro de muy
poco tiempo, el que ha de venir vendrá y no tardará. 38 Mas
mi justo vivirá por la fe; y si retrocede, mi alma no se complacerá en Él. 39 Pero
nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen
fe para la preservación del alma.
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COMENTARIOS:
Hacia el 610 a.
C., el profeta Habacuc le oraba a Dios en un momento especialmente difícil de
la historia de Israel. En pocas palabras, se preguntaba cuánto tiempo iba a
mirar Dios al estado pecaminoso de Judá y a sus opresores. Habacuc se había
convencido de que Dios actuaría en nombre de Judá y la libraría de sus
enemigos, como los babilonios (también conocidos como caldeos) que arrasaban por
el mundo conocido en ese momento, devastando reinos y ciudades.
Para sorpresa
de Habacuc, Dios no solo le respondió audiblemente, sino que le explicó que lo
que él consideraba malo era solo el comienzo de las devastaciones. De hecho,
Dios había planeado permitir que los babilonios destruyeran por completo Judá; Israel
mismo habiendo ya sido invadido por el imperio anterior de los asirios en el
722 a. C. Habacuc replicó, diciéndole a Dios que esta acción era totalmente
inapropiada, que Dios no podía permitir que un imperio pagano como Babilonia invadiera
al pueblo elegido de Dios (los judíos) y su monarquía sagrada, que se remontaba
hasta el rey David. Después de presentar lo que consideraba un argumento
convincente contra lo que Dios había planeado contra Judá, Habacuc esperó
humildemente la respuesta de Dios, sabiendo que podría ser reprendido por Dios
(2:1).
La respuesta
inicial de Dios a Habacuc (2:2-4)
es citada por el autor de Hebreos en 10:37-38. Sin embargo, la primera línea,
"dentro de muy poco tiempo", no está en Habacuc sino que es un
modismo usado en Isaías
26:20 que describe el "corto tiempo" que el pueblo de Dios debe
esconderse hasta que Él haya vengado a sus enemigos. R. T. France dice:
"Su contexto es así similar a la impaciente espera de Habacuc en lo alto
de su torre de vigilancia hasta que Dios revela cómo juzgará a los malvados, y
nuestro autor parece haber utilizado una frase memorable de un oráculo
escatológico profético para introducir otro relacionado. Citas combinadas de
este tipo son frecuentes en el Nuevo Testamento..."
El resto de la
cita es tomado de la versión Septuaginta de Habacuc
2:3-4, ligeramente diferente al texto hebreo sin sacrificar ningún
significado. En el contexto de Habacuc, Dios dijo que no tardaría en enviar a
los babilonios a Judá, y así lo hizo en el 605 a. C. (de
nuevo en el 597 a. C., y de nuevo en el 586 a. C.). Judá fue invadida rápida y
decisivamente—todo por su rebelión de siglos contra el Dios que la amaba y le
daba todo.
En cuanto al
contexto del autor de Hebreos, el Dios que había expulsado a las naciones de
Israel y Judá de la tierra de la promesa, porque se apartaron de Él, es el
mismo Dios que le ofreció salvación a los judíos del primer siglo que
recibieron el evangelio predicado por Jesús, su Mesías. ¿Se apartarían de
Cristo estos potenciales creyentes como el antiguo Israel se había apartado de
Dios (cf.
Heb. 3-4)? ¿Las persecuciones y decepciones les harían apartarse del Dios
vivo, o "vivirían por la fe" como hacen los justos de Dios? Se cita a
Dios que "no se complacerá" en aquel que, en lugar de vivir por fe,
"retrocede" (v. 38) hacia la incredulidad, hacia la apostasía. Por
ello, el autor de Hebreos, citando las Escrituras del Antiguo Testamento,
ofrece a su audiencia otro ejemplo del pasado de ellos sobre lo grave que sería
llegar a la puerta de la salvación, habiendo sido "iluminados" por el
evangelio (v.
32), pero finalmente rechazar a su Mesías.
En el v. 39, el
autor se muestra resuelto en quién él es y en lo que cree sobre Cristo,
esperando que su audiencia se mantenga firme con él en el compromiso con
Cristo. Él dice: "Pero nosotros no somos de los que retroceden para
perdición...". Notar aquí que "retroceden" (gr. hupostolē)
equivale a apostatar—apartarse del evangelio tras haber sido iluminado. Notar
también que hacerlo es para "perdición" (gr. apōleia), no para mera
disciplina. La perdición/destrucción implica una pérdida total. El argumento
del autor es que apartarse de Cristo tras haber sido iluminado implica perdición/destrucción
eterna. Sin embargo, los verdaderos creyentes "tienen fe para la
preservación del alma”. Su "preservación" (gr. peripoiēsis) es la
protección frente a la pérdida que Dios les concede por su fe. Y
"alma" (gr. psuchē) en este contexto se refiere al espíritu eterno de
una persona—aquel que o bien, entra en la vida eterna con Cristo tras la muerte,
o entra en la muerte eterna tras la muerte física.
Algo para
reflexionar
Si los justos
viven por fe, ¿qué diría eso de ti? Algunos son conocidos en vivir por ansiedad,
preocupándose por todo—desde la política hasta el trabajo, la familia y los
niños. Cuando las cosas no les salen bien, se encuentran orando como Habacuc,
esperando que Dios actúe y haga como ellos creen que Dios debería actuar. Pero
Dios es soberano, así que Él actúa como Él considera mejor, incluso cuando no
tenemos ni idea de por qué hace lo que hace y permite lo que permite. Al
aceptar Su voluntad, vivimos por fe. Recibimos la vida eterna por medio de la
fe en Cristo, y en Cristo vivimos día a día en fe—siempre confiando en Dios. ¿Ese
eres tú? Si no, los pasajes de advertencia de Hebreos deberían ser bastante
aleccionadores (cf. Heb.
2:1-4; 3:7-4:11; 6:4-8; 10:26-31).