Hebreos 10:39-11:2 ― La aprobación de Dios por la fe solamente

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Hebreos 10:39—11:2 39 Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para la preservación del alma. 11:1 Ahora bien, la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Porque por ella recibieron aprobación los antiguos.

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COMENTARIOS:

Habiendo advertido a su audiencia sobre los peligros eternos de volverse contra Jesucristo después de haber creído previamente en Él (10:26-31), el autor intenta animar a su audiencia diciendo: "Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición" (v. 39). "Retroceder" (en gr.: hupostolē) es apostatar—apartarse de Jesús tras ser iluminado acerca de Él. Hacerlo implica "perdición" (en gr.: apōleia)—devastación eterna (cf. 2 Tes. 1:9). Sin embargo, los verdaderos creyentes "tienen fe para la preservación del alma". Su "preservación" (en gr.: peripoiēsis) es la protección contra la pérdida, la cual Dios otorga por la fe. Y "alma" (en gr.: psuchē) en este contexto se refiere al espíritu eterno de una persona—aquel que, o bien entra en la vida eterna con Cristo tras la muerte, o bien entra en la muerte eterna tras la muerte física. La cuestión es que quienes "viven por la fe" (10:38; cf. Hab. 2:4) son el pueblo de Dios, en marcado contraste con quienes retroceden de Cristo.

Habiendo citado la famosa profecía de Habacuc sobre Dios, "Mi justo vivirá por la fe", Hebreos 11 presenta un capítulo entero de ejemplos de quienes hicieron precisamente eso—tanto viviendo como muriendo por la fe. ¡Este es el Salón de la Fe! En 11:1, "fe" (en gr.: pistis) se define de dos maneras. Primero, la fe es "la certeza de lo que se espera". El término "certeza" (en gr.: hupostasis) se refiere a una sustancia sustentada, o firmeza; de ahí la certeza. Por tanto, una persona con fe cree firmemente en algo que "espera" (en gr.: elpizō): aquello que anticipa. En este caso, "lo que se espera" dista mucho de "deseo", porque lo que se espera tiene un fundamento base para la expectativa, no es simplemente un deseo de algo que no puede asegurarse ni puede ser confiado.

Segundo, la fe se define como "la convicción de lo que no se ve". Una "convicción" (en gr.: elegchos) se refiere a evidencia, o prueba. "Lo que no se ve" se refiere a aquello que no puede ser probado empíricamente. Sin embargo, la fe piadosa entiende que algunas cosas que no pueden verse (por ej.: Dios, el aire, el amor) pueden ser absolutamente seguras, conllevando una "convicción" de confiabilidad. Por ejemplo, se puede demostrar que Dios existe no en una persona sino en la propia creación y en el argumento contrario, porque no puede no haber un Dios. Porque sin un Dios eterno, nada de lo que existe podría existir. ¡Sin embargo, aquí estamos, existiendo! Del mismo modo, el aire ciertamente existe, dándonos vida cada día. Por ende esperamos por aire que no podemos ver. Y el amor, otro intangible difícil de definir pero conocido por todo ser humano que haya existido, no puede ser visto. Sin embargo, el amor existe en todas partes. En resumen, la fe es estar seguro de que lo que se espera, o bien es, o bien llegará a ser/suceder. Hablando espiritualmente, la fe le cree a Dios, específicamente en lo que Él ha dicho (en las Escrituras). Quienes tienen fe también actúan en base a su esperanza confiada, incluso cuando las circunstancias les tientan a vacilar.

Todo verdadero cristiano cree por fe que Dios existe y que hará lo que Él ha prometido. Por lo tanto, tienen vida eterna por la fe, y viven cada día bajo esa misma fe. Porque sin fe es imposible agradar a Dios (11:6). El autor toma los siguientes 39 versículos del capítulo 11 para destacar a las personas en las Escrituras que ilustran la verdadera fe piadosa—un capítulo que a menudo se le llama el Salón de la Fe. Porque es "por ella", es decir, por la fe, que "recibieron aprobación los antiguos" (v. 2). Fueron afirmados favorablemente por Dios y autenticados como Su pueblo por un rasgo: la fe.

Algo para reflexionar

Todos tienen fe; incluso los ateos creen (tienen fe) que no hay Dios ni dioses. Así que no es la fe en la fe lo que salva, porque la salvación nos llega en el objeto de nuestra fe: Jesucristo. Tenemos pruebas abrumadoras en las Escrituras y en la historia de que Jesús de Nazaret es el Cristo. Nosotros confiamos en Él, nos negamos a retroceder de nuestra fe, y por ende estamos seguros de que Dios nos aprueba.