Hebreos 11:4 ― La fe de Abel

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Hebreos 11:4 ― Por la fe Abel ofreció a Dios un mejor sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó el testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y por la fe, estando muerto, todavía habla.

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COMENTARIOS:

Génesis 4:3 dice que Caín, hijo de Adán y Eva, trajo "una ofrenda" a Dios de la tierra. Quizá Caín era agricultor. En contraste, su hermano Abel llevó a Dios una ofrenda de los "primogénitos de sus ovejas y de la grosura de los mismos" (4:4). Como pastor, Abel trajo animales, y el "primogénito" (en heb.: "derecho de nacimiento") que trajo es en referencia al primogénito del rebaño de un pastor. La "grosura" que Abel llevó a Dios en adoración implica que aportó lo mejor de lo que tenía. Por tanto, no es de extrañar que Dios "miró con agrado" la ofrenda de Abel, pero "no miró con agrado" la de Caín (4:5). Literalmente, Dios "contempló" la ofrenda de Abel; Él "la miró con agrado”. No se indica cómo Dios hizo esto, pero Su presencia física entre los hombres y sus ofrendas, parece evidente. ¿Quizá esto sea una referencia al Cristo preencarnado?

Ahora, la aceptación por parte de Dios de la ofrenda de Abel, y el rechazo de la de Caín hicieron que Caín se "enojara mucho y su semblante se demudó" ante la reacción de Dios a su ofrenda (4:5). En realidad, Caín se indignó, porque la palabra hebrea para "enojo" significa "arder con enojo", y el adverbio "mucho" que lo sigue indica que Caín estaba furioso al extremo. Quizá, dado que la ofrenda de Abel era un sacrificio de sangre de los animales que él cuidaba, y la de Caín era de la tierra maldita, Dios aceptó el sacrificio de Abel y rechazó el de Caín. Podría ser que el deseo de Dios por sacrificios de sangre se demostró cuando Él mató animales inocentes para cubrir la vergüenza de Adán y Eva con sus pieles, en Génesis 3:21. Pero la narrativa no lo indica, y está claro que Dios aceptó como ofrendas tanto a ofrendas de cereal como sacrificios de sangre, en el Israel posterior. Además, estas eran "ofrendas" y no "sacrificios", lo cual no debía de implicar sangre. Cada ofrenda era adecuada con respecto a las ocupaciones de ambos, Caín un agricultor, y Abel un pastor. Lo que la narrativa sí enseña es que Caín era malvado, y no ofreció lo mejor de lo que tenía a Dios. Por lo tanto, la mejor conclusión no es que Caín falló en no traer sangre con su ofrenda, sino que fue un pecador depravado e impenitente que llevó ofrendas religiosas a Dios por razones egoístas y pecaminosas.

Es evidente por la propia narración que Caín fue tacaño, al no dar lo mejor que tenía a Dios, egocéntrico (4:7), y carecía de conciencia (4:13). Del Nuevo Testamento, es evidente que el "camino de Caín" (Judas 11) es el camino malvado, porque él era "del maligno", odiando a su hermano y luego asesinándolo (1 Jn. 3:11-12). Dada la proximidad de esta narrativa con la promesa hecha en Génesis 3:15 sobre la descendencia de la serpiente y la descendencia de la mujer, parece que Caín es las primicias de esa línea malvada profetizada por Dios. Por lo tanto, el rechazo de Dios a la ofrenda de Caín no se debió a la naturaleza de su ofrenda—ya fuera cereal o sangre—sino al carácter de quien la ofreció. En resumen, Dios rechazó a Caín porque él era malvado.     

Sin embargo, Abel trajo su ofrenda a Dios "por la fe" (Heb. 11:4). Fue su fe la que añadió valor a su ofrenda, y esa misma fe "todavía habla" (Heb. 11:4), aunque Abel esté muerto. Sin embargo, a través de las Escrituras, Dios sigue dando testimonio sobre la validez de la ofrenda de Abel. Dado que Dios considera el estado de cada corazón humano, sopesando la motivación de cada uno de nosotros (1 Sam. 16:7), Él acepta lo que se le ofrece en función del corazón y la motivación del adorador, no necesariamente en función de la ofrenda. Sin embargo, la ofrenda a Dios que trae aquel que lo hace con fe, es siempre la mejor ofrenda que podemos dar.

Algo para reflexionar

Caín no era un ateo que odiara a Dios; más bien, era un hombre religioso que le devolvió a Dios lo que Dios le había dado. Como Caín, muchos acuden regularmente a la iglesia, incluso dando dinero y tiempo a su iglesia, pero no están adorando de corazón al Cristo resucitado. No hacen nada "por la fe" sino por motivos egoístas, asumiendo falsamente que con su religiosidad se ganarán el favor del Hombre de arriba. ¿Está tu adoración marcada por la fe—una fe que le da a Dios lo mejor de tu tiempo, dinero, y vida? ¿O es egoísta y hecha por hombre, un acto que haces para que otros lo vean? Podemos ver del ejemplo de Caín que Dios desprecia ese tipo de religiosidad, y no somos mejores por ofrecerla. ¡De hecho, somos peores! Si somos conocidos por nuestros frutos (Mt. 7:20), pudiéramos lograr engañar a quienes nos rodean, pero Dios conoce nuestros corazones. ¿Acaso Él contempla tu vida como un sacrificio vivo para Él (Rom. 12:1-2) como lo hizo con Abel? ¿O acaso le das algo con lo que contemplar?