Hebreos 11:7 ― La fe de Noé
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Hebreos 11:7 ― 7 Por
la fe Noé, siendo advertido por Dios acerca de cosas que aún no se
veían, con temor preparó un arca para la salvación de su casa, por la cual condenó
al mundo, y llegó a ser heredero de la justicia que es según la fe.
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COMENTARIOS:
Génesis
6:9 describe a Noé como un hombre que era "justo... perfecto", y
como alguien que "andaba con Dios". Ahora bien, dado que ningún
hombre es justo (Rom.
3:10; cf. Sal. 14:1-3) por sí mismo, habiendo nacido pecador (Rom.
5:12-14), Noé había sido hecho justo por Dios—elegido y llamado conforme los
propósitos de Dios. Su fe le fue contada como justicia (Rom.
4:5), igual que la de Abraham más tarde (Gén.
15:6). Segundo, siendo "perfecto", Noé no era sin pecado, porque
ningún hombre, salvo Jesús, está libre de pecado (Ecl.
7:20). Noé era, por ende, "perfecto" en el sentido de que era
"completo" o "sin hipocresía". Su rectitud moral se
revelaba en su comportamiento, pues él destacaba entre la maldad de su época
como una luz que brilla en la oscuridad. Tercero, Génesis
6:9 dice que Noé "andaba con Dios". Esto recuerda a Enoc (Gén.
5:22, 24), apuntando al hecho de que Noé y Enoc provenían de la descendencia
justa de la mujer (Gén.
3:15). Solo estos dos patriarcas se dice que "andaban con Dios"
(cf. Miq.
6:8), aunque se usa un lenguaje similar para Abraham e Isaac que anduvieron
"delante" de Dios (17:1;
24:40; 48:15).
Noé fue una reprimenda andante para todos aquellos con quienes se
encontraba, pues su vida habría sido tan opuesta a la de ellos que no podrían
evitar notar su comportamiento o escuchar su exhortación a arrepentirse (2
Pe. 2:5). Mientras todos sus contemporáneos seguían a la multitud, Noé
marchaba a un ritmo de tambor diferente, obediente a Dios. Aunque no existía
una ley escrita en su época, como la habría en la época de Moisés, Noé siguió
la ley justa de Dios escrita en su corazón, una ley que toda la humanidad
conoce sin que se les enseñe (Rom.
2:14-15). Más tarde, en Israel, quienes eran fieles a la ley de Dios no
sufrían como los infieles (Éx.
23:7). Por ende, las obras de Noé reflejaban su fe y le separaban de su
generación malvada.
Hebreos 11:7 habla de la fe de Noé. En medio de una gran maldad, Noé se
dispuso a construir un arca enorme. Según Génesis
6:15-16, tenía la longitud de un campo y medio de fútbol (450 pies x 75 pies
x 45 pies). ¡Eso es tener fe! Pero dado que Dios le había advertido que iba a
inundar todo el planeta, el arca que construiría sería su único medio de
salvación para él y su casa. En 2
Pedro 2:5 se señala que Noé fue un predicador de justicia, lo que significa
que durante los 100 años de construcción del arca (cf. Gén.
5:32 y 7:6), Noé también predicaba el arrepentimiento a su generación
malvada. Al construir un arca, Noé "condenó al mundo", diciéndoles
que necesitaban arrepentirse. Más tarde, cuando el Diluvio se apoderó de la
tierra, salvación fue exactamente lo que experimentó Noé. Por ende él "llegó
a ser heredero de la justicia que es según la fe".
Aunque nada en las Escrituras indica cómo fue recibido Noé por su
generación, algunos escritos antiguos describen a sus espectadores burlándose
de él, y acusándolo de estar loco. Josefo afirma que Noé huyó del país por temor
a perder su vida. Martín Lutero supuso: "Fue necesario más de un milagro
para evitar que los impíos rodearan y mataran [a Noé]". Como predicador de
justicia, Noé condenó al mundo con su obediencia a Dios (Heb. 11:7). Por tanto,
ciertamente él fue perseguido. Sin embargo, la literatura judía celebraba su
lugar en la historia como modelo de rectitud (por ej. – Apócrifos: Sir. 44:17;
Jub. 5:19; Sab. 10:4; 1 Enoc 67:1).
Algo para reflexionar
Noé nos recuerda que los creyentes fieles destacan en una generación malvada. Aunque su predicación le habría valido persecución, el autor de Hebreos nos dice que simplemente fue su fe la que "condenó al mundo" (Heb. 11:7). Así que, ya sea que hablemos de Dios, o simplemente andemos con Él, que sea nuestra oración que el mundo que nos rodea note y vea a Cristo en nosotros.