Hebreos 11:8-10 ― La fe de Abraham

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Hebreos 11:8-10 ― Por la fe Abraham, al ser llamado, obedeció, saliendo para un lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber adónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra de la promesa como en tierra extraña, viviendo en tiendas como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa, 10 porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

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COMENTARIOS:

La fe de Abraham en el Antiguo Testamento es tanto legendaria como emblemática. Él simplemente creyó en Dios (Gén. 15:6)—confiando en lo que Dios le decía que era verdad a pesar de lo imposible que parecía la promesa de Dios hacia él. Pero unos diez años antes de este tiempo mencionado en Génesis 15:5-6, cuando Abraham tenía 75 años en Génesis 12:4, Dios le habló instruyéndole a partir de la tierra de Ur en Mesopotamia, donde él y su familia vivían, e ir al lugar donde Dios le guiaría y le bendeciría (Gén. 12:1-3),  concretamente Canaán. Cabe destacar que Abraham (en ese entonces llamado Abram) no conocía Yahweh, pero al igual que su padre, Taré, era adorador de dioses paganos (Jos. 24:2).

Mientras estaba en Mesopotamia, Dios se le "apareció" (Hch. 7:2) a Abraham de alguna forma, y le dio instrucciones de dejar atrás su tierra natal y su familia (Gén. 12:1). Aparentemente no necesitó mucha persuasión, pues simplemente actuó ante las instrucciones de Dios. Hebreos 11:8 comenta sobre esto: "Por la fe Abraham, al ser llamado, obedeció, saliendo para un lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber adónde iba”. Todo lo que Dios le dijo en Génesis 12:1 fue: "Vete... a la tierra que yo te mostraré”. Tras partir, su primera parada fue 750 millas hacia el norte, a lo largo del Éufrates, hasta la ciudad de Harán. Tras la muerte de su padre en Harán, él, Sarai, y su sobrino Lot viajaron otras 450 millas hacia el sur, hasta la tierra de Canaán—la tierra que Dios prometió dar a Abraham y a sus descendientes para siempre (Gén. 12:7; 13:14-17; 17:8).

Cuando Abraham llegó a Canaán (actual Israel-Palestina), Dios se le apareció de nuevo reiterando Su promesa respecto a la tierra de Canaán como su herencia eterna (Gén. 12:7). Por supuesto, cuando él llegó, la tierra estaba ocupada por cananeos. Comentando esto, Hebreos 11:9 dice: "Por la fe [Abraham] habitó como extranjero en la tierra de la promesa como en tierra extraña, viviendo en tiendas...". En otras palabras, Dios no le condujo a Canaán para convertirse en rey, ni para tomar instantáneamente el control de una tierra desocupada. Dios condujo a Abraham a una tierra donde "habitó como extranjero"—una palabra en griego, paroikeō, que significa "residir como extranjero". Sin embargo, esta "tierra de la promesa" donde vivió como extranjero, le fue prometida a él y a sus futuros descendientes por Dios.

En el momento de la llegada de Abraham a Canaán a la edad de 75 años (Gén. 12:4), no tenía hijos, pues su esposa Sarai era estéril (11:29; cf. 16:1). Sin embargo, a los 86 años, con la bendición de Sarai, tuvo un hijo con la sierva de Sarai, Agar. Nombraron al hijo de Agar Ismael (16:16). Pero la promesa de Dios a Abraham de que tendría numerosos descendientes (15:5; 22:17) no llegaría a través de Ismael, sino a través de Isaac (17:19; 26:4), y más tarde a través del hijo de Isaac, Jacob (25:22-26; 27:28-29; 28:13-15), a quien Dios renombraría "Israel" (32:28; 35:10). Estos dos patriarcas, no Ismael ni los otros hijos de Abraham a través de su posterior esposa Cetura (25:1-4), eran y siguen siendo "coherederos de la misma promesa" de Abraham.

Hebreos 11:9 india que Isaac y Jacob eran "coherederos” específicos de Abraham, porque mientras Abraham era extranjero en Canaán, vivía “en tiendas como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa”. En el v. 10, se dice que Abraham, Isaac, y Jacob, vivían en tiendas en Canaán, como recordatorio diario de que aún no estaban en casa en su tierra prometida. Aunque herederos de la tierra, ellos tenían la promesa de Dios sin la realidad definitiva. Y este es precisamente el punto que el autor de Hebreos está planteando: mirar hacia el futuro prometido en lugar de hacia el presente inferior.

Algo para reflexionar

Nuestra vida de fe en Cristo en este mundo exige que vivamos en contra—en discordancia, al mundo incrédulo que nos rodea. R.K. Hughes dice: "Una vida de fe no es anticultural, sino contracultural. Por ende, una fe vibrante siempre va acompañada de una sensación de incomodidad/inquietud, un punto medio siempre presente, una sensación de ser un acampante. Esto no significa, por supuesto, que Abraham estuviera separado de la cultura. Al contrario, los registros de Génesis revelan que estuvo profundamente involucrado en la política del país. Pero siempre existía esa discordancia. ¡Nunca estaba en casa!"