Génesis 22:15-19 ― Recompensados por fidelidad
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Génesis 22:15-19 ― 15 El ángel del Señor llamó
a Abraham por segunda vez desde el cielo, 16 y dijo: Por
mí mismo he jurado, declara el Señor, que por cuanto has hecho esto y no
me has rehusado tu hijo, tu único, 17 de cierto te
bendeciré grandemente, y multiplicaré en gran manera tu descendencia como
las estrellas del cielo y como la arena en la orilla del mar, y tu
descendencia poseerá la puerta de sus enemigos. 18 Y en
tu simiente serán bendecidas todas las naciones de la tierra, porque tú has
obedecido mi voz. 19 Entonces Abraham volvió a sus
mozos, y se levantaron y fueron juntos a Beerseba. Y habitó Abraham en
Beerseba.
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Génesis
22:15-19 comprende la aprobación de Dios por la gran fe de Abraham en su
disposición a ofrecer a su propio hijo como sacrificio. Dios lo puso a prueba
en 22:1,
y a partir del v. 15 Dios le dio a Abraham la recompensa por su fidelidad.
¡Imagínate! Dios requiriendo algo que solo Él puede dar, y sin embargo recompensa
a quienes se lo da. Abraham es ahora el padre de todos los que creen (Rom.
4:11; Gál. 3:7, 9, 29), no solo el padre de la nación israelita. El padre
de la fe cristiana debería ser alguien a quien todos los creyentes puedan
mirar, admirar, y usar como modelo para su propia fe.
En el v. 15, el
ángel del Señor volvió a llamar a Abraham por segunda vez. Al llamarle desde el
cielo es evidente que el ángel no se manifestó ante Abraham, sino que solo le
habló. Sus palabras son las palabras del propio Dios; por lo tanto, el ángel
del Señor en este contexto es al menos un representante de Dios. El ángel dice,
en nombre de Yahweh, "juro solemnemente por mi propio nombre...".
Dado que Dios (Yahweh) es el Soberano sobre el universo, entonces Su solemne
juramento solo puede ser jurado en Su propio nombre. Como no hay nadie más alto
ni más poderoso, cuando Dios jura Su reputación está en juego. Su juramento, entonces,
es en verdad solemne, pero no debe pasarse por alto por qué Él haría tal
juramento en ese momento: "por cuanto has hecho esto y no me has rehusado
tu hijo, tu único...". Por ende, el juramento de Dios viene después de la
obediencia de Abraham, y viene a bendecir a Abraham como resultado de su
fidelidad.
El juramento de
Dios prometió tres cosas a partir del v. 17. Primero, ratificó lo que se le
había prometido previamente a Abraham (12:1-3,
7; 13:14-15; 15:1-5, 18-21; 17:2). Por supuesto, Dios había bendecido a
Abraham en todas partes donde había ido, incluso cuando no actuaba con fe.
Segundo, Dios juró multiplicar enormemente a los descendientes de Abraham, a
ser tan incontables como las estrellas del cielo y como la arena en la orilla
del mar. Esto simplemente reiteraba lo que Dios había dicho anteriormente en
capítulos anteriores. Esto se cumplió en el nacimiento de las doce tribus de
Israel y en los creyentes gentiles, que son hijos e hijas del cumplimiento en
última instancia de la promesa de la "descendencia" a través de
Abraham e Isaac (Gál.
3:16, 29). Tercero, a los descendientes de Abraham se les prometió poseer “la
puerta de sus enemigos". La "puerta" tiene el significado de una
ciudad amurallada. Atravesar una puerta en una ciudad amurallada significaría
victoria, y esto se cumplió al final bajo Josué durante la conquista de Canaán.
Finalmente, Dios prometió que todas las naciones de la tierra pronunciarían
bendiciones unas a otras debido a la descendencia de Abraham. Esto refleja lo
que Dios dijo en 12:2-3,
es decir, que todas las naciones serían bendecidas debido a Abraham. Por consiguiente,
Dios media Sus bendiciones al mundo a través de Abraham.
Algo para
reflexionar
Dios no clama a
través de un ángel desde el cielo cuando obedecemos fielmente, pero el ejemplo
de Abraham demuestra que Él nos pone a prueba y es glorificado cuando somos
fieles. A medida que crecemos en nuestra fe, deberíamos esperar pruebas
desgarradoras—desde enfermedad hasta duelo, persecución hasta muerte. Pero
recordemos que las pruebas de Dios están destinadas a moldear nuestro carácter en
semejanza a Cristo. Cuando la prueba termina, hay adoración, y hay alabanza de
Dios. A veces Dios nos elogia a través de las voces de otros que, en un sentido
muy real, son ángeles, ya que actúan como mensajeros de Dios para nosotros.
Recuerda eso la próxima vez que alguien note tu fidelidad.