Hebreos 11:24-26 ― Los sacrificios de la fe

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Hebreos 11:24-26 ― 24 Por la fe Moisés, cuando era ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón, 25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los placeres temporales del pecado, 26 considerando como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto; porque tenía la mirada puesta en la recompensa.

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COMENTARIOS:

Entre el v. 23 y el v. 24 hay un lapso temporal de unos 40 años en la vida de Moisés, quien creció entre todas las riquezas de Egipto y con toda la educación que un príncipe debería tener. Esteban dijo de él: "Moisés fue instruido en toda la sabiduría de los egipcios, y era un hombre poderoso en palabras y en hechos" (Hch. 7:22). Moisés, por ende, habría hablado varios idiomas, incluido el hebreo, ya que fue su madre biológica quien lo destetó. Incluso puede que habría tenido la capacidad de descifrar jeroglíficos. Como "hijo de la hija de faraón", Moisés era similar a un duque en el Reino Unido. Creciendo en la dinastía XVIII de Egipto (1550-1292 a. C.), uno de los periodos más célebres de la historia de Egipto, todos los placeres estaban a disposición de Moisés.

Sin embargo, Moisés no vivió bajo la ilusión de que la riqueza y el privilegio eran lo más importante de la vida, probablemente por la influencia de sus padres piadosos. Por ello, rechazó abiertamente su título, algo que el faraón habría tomado como un insulto. Su fe, vista en su elección de negarse a ser conocido como hijo de la hija del faraón (v. 24), requirió gran valor, como siempre hace la verdadera fe. A Moisés le pudiera haber encantado la cultura egipcia, pero no era prisionero de ella. Con todos los beneficios de haber sido criado como egipcio, Moisés buscó voluntariamente vivir como esclavo entre su pueblo Israel. Por la fe renunció a placeres temporales por beneficio eterno.

Quizá Moisés era similar a Abraham, que estaba tan harto de las riquezas y paganismo de Ur (Gén. 12:1) que cuando Dios le llamó obedeció de inmediato. Moisés también pudo haberse ido hartando cada vez más por las indulgencias groseras de Egipto—los "placeres temporales del pecado", y estaba perfectamente dispuesto a ser incluido en el mismo saco que su pueblo Israel—el pueblo de las promesas de Dios.

¿En qué estaba pensando Moisés? El v. 26 dice que Moisés consideraba “como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto”. Entonces, al identificarse con su pueblo Israel, Moisés se alineó con el pueblo con el que se identificó su futuro Mesías: Jesús de Nazaret. Isaías dijo sobre el futuro Mesías: “En todas sus angustias Él fue afligido" (Isa. 63:9). Moisés, por ende, se identificó con la desgracia del pueblo mesiánico, convirtiéndose en esclavo, "por causa de Cristo”.

Esto significa que Moisés, viviendo 1500 años antes que Jesucristo, en realidad sufrió por Cristo. Cualquier sufrimiento por cause de la fe en las promesas de Dios antes de la encarnación de Cristo sigue siendo sufrimiento por Cristo, porque es una identificación con Su pueblo. David sufrió por Cristo tanto como lo hizo Pablo el Apóstol. Mil años antes de Cristo, David escribió: "los vituperios de los que te injurian han caído sobre mí" (Sal. 69:9). Pablo también dijo: "yo llevo en mi cuerpo las marcas de Jesús" (Gál. 6:17). Jesús el Mesías siempre ha estado identificado con Su pueblo (cf. Mt. 2:15; Oseas 11:1), y Su pueblo se identifica con Él a través de la fe.

La gran verdad para la Iglesia de Jesucristo es que Moisés pudo hacer lo que hizo "porque tenía la mirada puesta en la recompensa”. Aquí el autor de Hebreos vuelve a llamar la atención del lector sobre la verdad fundamental del v. 1: "Ahora bien, la fe es estar seguro de lo que esperamos”. Eso describe perfectamente a Moisés, pues él estaba seguro de la recompensa que Dios le había prometido a Israel. Al igual que el Apóstol Pablo, que dijo: "considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada" (Rom. 8:18; cf. vv. 28-30; 2 Cor. 4:16-18), Moisés sentía lo mismo.

Algo para reflexionar

¿De qué pecado favorito o indulgencia eres esclavo? ¿Dinero, placer, poder? La verdadera fe es estar dispuesto a renunciar a todo y más, en el aquí y ahora, para disfrutar de la dicha eterna con Cristo.