Hebreos 11:28-29 ― Fe logrando lo imposible
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Hebreos 11:28-29 ― 28 Por la fe [Moisés] celebró
la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los
primogénitos no los tocara. 29 Por la fe pasaron el
mar Rojo como por tierra seca, y cuando los egipcios lo intentaron hacer,
se ahogaron.
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COMENTARIOS:
La fe de Moisés
también se caracterizaba por su obediencia a la celebración de la Pascua—una
fiesta que no pudo comprender del todo cuando se instituyó justo antes del
éxodo de Egipto. Dios le dijo a Moisés que informara a Israel que debían
reunirse en una noche concreta para rociar la sangre de un cordero seleccionado
en los marcos de las puertas de sus hogares para evitar la plaga final de Dios:
la muerte de los primogénitos en Egipto (Éx.
11-12). Dios le dio a Moisés instrucciones muy específicas para que Israel
evitara la plaga, y siempre y cuando Israel las obedeciera literalmente,
efectivamente evitarían la plaga.
Ahora bien, si
nos ponemos en los zapatos de esos israelitas, veríamos la aparente absurdidad
de las instrucciones de Dios respecto al cordero y su sangre con la cual debían
pintarse los marcos de sus puertas. Para que Moisés tomara estas instrucciones
de Dios y las transmitiera requirió fe de su parte, pues tenía que creer que lo
que Dios decía era verdad, a pesar de lo extraño que ciertamente parecía. Por
supuesto, no había poder en la sangre de un cordero; el poder residía en el
acto de fe que se necesitaba para instruir a Israel a hacer esto, y para que
Israel obedeciera y rociara la sangre del cordero en los marcos de sus puertas.
Quienes lo hicieron demostraron su fe y evitaron la plaga de la muerte. "Los
hijos de Israel fueron y lo hicieron así; tal como el Señor había mandado a
Moisés y a Aarón, así lo hicieron" (Éx.
12:1-3, 28).
Ni Moisés ni
Israel podían entender plenamente que su acto era simbólico del futuro
sacrificio de Cristo en la cruz, como el Cordero de Dios que quita el pecado
del mundo (Jn.
1:29), lo cual salvaría a todos los que confían en Él para salvación. Pero
incluso en medio de su ignorancia, Moisés mostró fe obedeciendo a Dios al pie
de la letra. Como resultado, cuando el ángel de la muerte sobrevoló al pueblo
de Israel esa noche, "pasó sobre" quienes habían demostrado fe
pintando sangre en los marcos de sus puertas. Como resultado de su obediencia, todo
primogénito sobrevivió.
Notar en el v.
28 la frase "por la fe celebró la Pascua”. Este verbo en tiempo perfecto
significa que cumplió su tarea; él la celebró—instituyéndola como una ordenanza
duradera en Israel (Éx.
12:14), una ordenanza que prefiguraba la muerte de Jesucristo. Al llevar a
cabo la tarea de la Pascua, está claro que Moisés nunca dudó de que Israel
sería liberado de Egipto. ¿Cómo lo sabía? Le creía a Dios y Su palabra. Y a
través de la obediencia de Moisés, Dios salvó a Israel.
En el v. 29, la
fe de Moisés también se demostró en su determinación paciente. Tras haber
guiado a Israel fuera de Egipto luego de las diez plagas que demostraron el
poder de Dios a Su pueblo, la débil fe de Israel se hizo evidente al acercarse
al Mar Rojo. Le dijeron a Moisés: "¿Acaso no había sepulcros en Egipto
para que nos sacaras a morir en el desierto? ¿Por qué nos has tratado de esta
manera, sacándonos de Egipto? ¿No es esto lo que te hablamos en Egipto,
diciendo: «Déjanos, para que sirvamos a los egipcios»? Porque mejor nos hubiera
sido servir a los egipcios que morir en el desierto" (Éx.
14:11, 12). Pero Moisés respondió: "No temáis; estad firmes y ved la
salvación que el Señor hará hoy por vosotros; porque los egipcios a quienes
habéis visto hoy, no los volveréis a ver jamás. El Señor peleará por vosotros
mientras vosotros os quedáis callados" (14:13-14).
Dios entonces obró a través de la audacia de Moisés y abrió las aguas para que Israel pudiera pasar con seguridad. Pero a pesar de su falta de fe, tomó mucha fe para ellos atravesar las aguas separadas, viendo el peligro que les rodeaba. No tenían garantía de que Dios les permitiera pasar hasta el final, pero procedieron por fe como si Dios lo permitiría. Y, por supuesto, la palabra de Dios demostró ser fiel, pues quienes creyeron en Él pasaron sin daño. Sin embargo, los egipcios, al no actuar por fe, no salieron tan bien después de que Dios permitiera que los muros de agua colapsaran. Sus corazones endurecidos, que solo confiaban en sí mismos, les condujeron a su final definitivo.