Juan 20:11-15 ― Ángeles en la tumba vacía

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Juan 20:11-15 ― 11 Pero María estaba fuera, llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó y miró dentro del sepulcro; 12 y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. 13 Y ellos le dijeron: Mujer, ¿por qué lloras? Ella les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. 14 Al decir esto, se volvió y vio a Jesús que estaba allí, pero no sabía que era Jesús. 15 Jesús le dijo: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, le dijo: Señor, si tú le has llevado, dime dónde le has puesto, y yo me lo llevaré.

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COMENTARIOS:

Cuando los cuatro Evangelios se leen como una sola narrativa, la perspectiva de cada escritor pinta la siguiente historia: Temprano en la mañana del domingo, el ángel del Señor descendió del cielo, y un violento terremoto sacudió la tumba de Jesús. Aunque Jesús ya había resucitado, el ángel apartó la piedra de la tumba y se sentó sobre ella, mientras los soldados romanos se asustaban tanto que se desmayaron y se volvieron como hombres muertos (Mt. 28:1-4). Entretanto, mientras aún era de noche, las mujeres que habían seguido a Jesús tan fielmente a lo largo de Su ministerio partieron de sus hogares en dirección hacia la tumba de Jesús para ungir Su cuerpo, preguntándose cómo moverían la piedra. Al llegar al lugar, justo cuando el sol se asomaba en el horizonte, descubrieron la tumba vacía, y mientras las demás mujeres se quedaban para investigar, María Magdalena corrió inmediatamente a contarle a Pedro y a Juan, creyendo a partir de la tumba vacía que el cuerpo de Jesús había sido robado.

Durante el tiempo que María Magdalena estuvo ausente, un ángel les dijo a las otras mujeres que permanecieron en la tumba que Jesús había resucitado de entre los muertos (Lc. 24:4-5), mostrándoles la tumba vacía (Mt. 28:6). Al mirar, vieron a un joven vestido con una túnica blanca sentado a la derecha de donde Jesús antes yacía, y él también les dijo a las mujeres que Jesús había resucitado (Mc. 16:5). Mientras las mujeres corrían apresuradamente a contarles a los discípulos lo que habían visto, con gran miedo (Mc. 16:8), Jesús se les apareció, y ellas cayeron a Sus pies y le adoraron (Mt. 28:8-9).

Ahora, mientras las mujeres iban camino a contarle a los discípulos, sabiendo que María Magdalena ya se había marchado para hacerlo, Pedro y Juan llegaron para observar la escena sin ver a las demás mujeres, ajenos a los acontecimientos previos. Una vez que investigaron y abandonaron la escena, María Magdalena regresó al lugar y se quedó frente a la tumba de Jesús llorando (Jn. 20:15). Mientras lloraba, ella miró dentro del sepulcro vacío de Jesús, y dos ángeles estaban sentados a cada lado de donde Jesús antes yacía. Confundidos acerca del por qué alguien lloraría en el mejor día que el mundo haya conocido, los ángeles le preguntaron a María por qué lloraba. Su respuesta revela a una mujer tan angustiada que ni siquiera los seres celestiales eran de consuelo, y probablemente no los reconoció inicialmente como tales. Ella pensaba que ellos, junto con el hombre fuera de la tumba que percibía como el que cuidaba el huerto, eran los culpables que se habían robado el cuerpo de Jesús. Así que, al salir de la tumba, y sin reconocer que el hombre que creía cuidador del huerto era Jesús, ella le suplicó que le dijera dónde estaba Jesús, después de que Él también le preguntara por qué lloraba y a quién buscaba.

Algo para reflexionar

El autor de Hebreos escribió que los santos ángeles son "espíritus ministradores, enviados para servir por causa de los que heredarán la salvación" (1:14), y "No os olvidéis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles" (13:2). Estos seres anunciaron los nacimientos de Juan el Bautista y de Jesucristo (Lc. 1:11-20, 26-38). También consolaron a Jesús en Getsemaní (Lc. 22:43), e incluso anunciaron Su resurrección (24:4, 23). Apareciendo a voluntad y a velocidad relámpago (Dan. 9:20-21), predican la verdad. Del mismo modo, los cristianos, porque nosotros también tenemos la tarea de anunciar la verdad del nacimiento, vida, muerte, resurrección, y segunda venida de Cristo.