Hebreos 11:35b-38 ― Fe hasta la muerte

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Hebreos 11:35b-38 35 …y otros fueron torturados, no aceptando su liberación, a fin de obtener una mejor resurrección. 36 Otros experimentaron vituperios y azotes, y hasta cadenas y prisiones. 37 Fueron apedreados, aserrados, tentados, muertos a espada; anduvieron de aquí para allá cubiertos con pieles de ovejas y de cabras; destituidos, afligidos, maltratados 38 (de los cuales el mundo no era digno), errantes por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas de la tierra.

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COMENTARIOS:

Aunque muchos cristianos tienen una historia victoriosa de gran fe con recompensas en el aquí y ahora, el v. 36 se refiere a "otros" (del gr. heteros). Este término griego no se refiere simplemente a otros ejemplos similares, sino a "otros de un tipo diferente". Estos también tenían una fe firme, pero no formaba parte del plan de Dios el tratarlos como lo había hecho con Noé, José, Gedeón, o David. Dios tiene ese derecho; ¡Él es Dios! Los "otros" a los que se refiere el autor solo tuvieron las muertes tortuosas para dar testimonio de su fe.

"Torturados" (del gr. tumpanizō) proviene de un término que se refiere a un timbal—pieles estiradas sobre una superficie para ser golpeadas. Esta es la imagen de la palabra "tortura", pues implicaba a un ser humano estirado para ser golpeado repetidamente como un tambor, a menudo hasta la muerte. Esta forma espantosa de abuso fue aplicada a Eleazar, un escriba de 90 años descrito en el libro apócrifo de 2 Macabeos 6:18-31, hacia el 150 a. C. Le dijeron que sería liberado si violaba la Ley comiendo cerdo, lo cual era prohibido para los judíos. Cuando se negó, fue golpeado, "torturado", hasta la muerte. Si no era Eleazar, podría referirse a muchos otros, conocidos y desconocidos, cuya fe en Dios se manifestaba a través de la perseverancia ante las pruebas y penurias más crueles.

Aquellos "torturados" hasta la muerte en la historia judía que, como a Eleazar, se les ofreció la "liberación" si comprometían su fe. Muchos se negaron "a fin de obtener una mejor resurrección”. Esta "mejor resurrección" puede referirse a la primera frase del v. 35, que se refiere a los jóvenes resucitados tanto por Elías (1 Re. 17:17-24) como por Eliseo (2 Re. 4:8-36). Ambos incidentes se describen como "resurrecciones" a pesar de que podríamos referirnos de manera más precisa a ellos como reanimaciones o resucitaciones, ya que en realidad murieron en algún momento después, como todos los humanos. Sin embargo, el autor de Hebreos distingue cuidadosamente entre las dos resurrecciones llamando a la segunda "una mejor resurrección".

Otros santos fieles soportaron burlas, algunos fueron azotados, y otros fueron encarcelados y dejados morir (v. 36). A diferencia de quienes experimentaron la victoria por medio de la fe (vv. 33-34), Dios recibió gloria a través de estos santos en sus sufrimientos. Pero ellos también soportaron así "a fin de obtener una mejor resurrección" (cf. Dan. 12:1-2).

El v. 37 habla de algunos que fueron apedreados hasta la muerte—el modo judío de la pena capital (cf. 2 Crón. 24:20-22; Mt. 23:35; Hch. 7:59). Otros fueron en realidad "aserrados", quizás en referencia a la tradición de que el profeta Isaías fue cortado por la mitad por el malvado rey Manasés. Algunos fueron "tentados" en el sentido de que sus perseguidores les obligaron a decidir entre Dios y la muerte. Quienes se vieron expulsados de la sociedad para vagar errantes por el desierto tenían que vestirse "con pieles de oveja, con pieles de cabra”. No eran exaltados por su fe, mas bien eran "destituidos, afligidos, maltratados”. El autor dice que estos eran aquellos "de los cuales el mundo no era digno”. Mientras los que no tenían a Dios vivían en hogares seguros disfrutando de buena comida, algunos de los más grandes santos de Dios andaban "errantes por desiertos y montañas, por cuevas y cavernas de la tierra" (v. 38). Su fe piadosa los distinguía de los tiranos infieles de este mundo. Su mera presencia agració la tierra, pues mientras vivían aquí, bendijeron al mundo con sus ejemplos de fe.

Algo para reflexionar

Dios puede tanto sanarnos como liberarnos, o ninguno de los dos. Lo que Él haga es para Su gloria, no para la nuestra. En realidad, toma más fe soportar nuestras pruebas que escapar de ellas. Con el ejemplo dado por Sadrac, Mesac, y Abed-nego, nosotros también debemos confiar en Dios incluso si Él no nos libere (Dan. 3:16-18). Nuestro breve tiempo en este mundo debería agraciar la tierra aunque se nos acuse como lo fue el Apóstol Pablo, pues el gobernador romano Festo dijo que Pablo estaba loco (Hch. 26:24). Sus compañeros judíos afirmaban que él no merecía vivir (Hch. 22:22). Otros decían que él era "la escoria del mundo, el desecho de todo" (1 Cor. 4:13). Así que, aunque el mundo pueda insultarnos, sabemos de los santos del Antiguo Testamento, hasta Pablo y nuestro Señor Jesús, que lo que el mundo piensa de nosotros no importa. Lo único que importa es lo que Dios piensa de nuestra fe. ¿Qué pudiera Él pensar de la tuya hoy?