Hebreos 11:39-40 ― Las promesas garantizadas de Dios
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Hebreos 11:39-40 ― 39 Y todos estos, habiendo
obtenido aprobación por su fe, no recibieron la promesa, 40 porque
Dios había provisto algo mejor para nosotros, a fin de que ellos no fueran
hechos perfectos sin nosotros.
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COMENTARIOS:
Desde Abel hasta Abraham, David y los demás, “todos éstos" obtuvieron "aprobación”
de Dios por su fe. Ese “todos” no excluye a ninguno, porque Dios jamás
olvidaría a uno solo de Sus hijos fieles. La fe es lo que le agrada (11:6),
pues ella confía en Dios y Su palabra—esperando por, y teniendo la certeza de,
lo que no se ve y que Dios ha prometido. Para que éstos hayan “obtenido
aprobación”, recibieron la salvación de Dios por Su gracia, por medio de la fe.
Los que murieron antes de Jesucristo recibieron la salvación sobre la base de
lo que Cristo haría. De igual manera, los que han recibido la salvación en
Jesucristo después de la cruz la reciben por lo que Cristo ya ha hecho. En
ambos casos, es por fe.
El Apóstol Pablo dijo: “Pues considero que los sufrimientos de este tiempo
presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser
revelada” (Ro.
8:18), y cada santo mencionado en Hebreos 11 miraba hacia adelante no sólo
hacia esa gloria aún por revelarse, sino también hacia lo que Pedro llamó “una
herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los
cielos para vosotros” (1
Pe. 1:4). Así, puesto que la promesa de Dios se cumple en última instancia
en la eternidad, nunca puede cumplirse de manera definitiva en este lado de la
gloria. No es de extrañar que el v. 39 diga que todos esos santos del AT “no
recibieron la promesa”. Obtuvieron la promesa, pero no las promesas cumplidas
antes de morir. La bendición definitiva fue meramente inaugurada en Jesucristo.
Pero incluso ahora, no todas las promesas de Dios se han cumplido por completo,
de modo que los cristianos también pueden mirar hacia adelante en fe a su
culminación final tras el regreso de Cristo (cf. Ap.
19–22).
Hubo ocasiones en la vida de los santos del AT mencionados en Hebreos 11 en
que su fe los libró de la muerte. Pero a veces esa misma fe les trajo la
muerte. Eran creyentes del más alto orden, confiando en Dios con tan poco. Pero
lo que tenían, la palabra de Dios, era suficiente. Aunque su fe era fuerte,
estaba limitada a la inferioridad del antiguo pacto, que apuntaba a algo mejor:
el nuevo pacto en Jesucristo. Los santos del antiguo pacto esperaban el
cumplimiento de la promesa de Dios con la llegada del Mesías, pero nunca lo
vieron cumplido. ¡No importa! Aun así creyeron que se cumpliría, y estuvieron
dispuestos a sufrir por su fe hasta que sucediera.
Sólo cuando, hace unos 2000 años, Cristo apareció, murió, y resucitó,
aquellos santos del AT obtuvieron la salvación completa. Confiaron en Dios y,
como Abraham, le fue reconocido por justicia (Gén.
15:6); pero murieron. Lo mismo ocurre con los cristianos de hoy que creen y
son contados como justos. La salvación final del creyente llega después de la
muerte. En verdad, todas las promesas de Dios se cumplen en última instancia en
lo que acontecerá después de la muerte del creyente. Porque la fe es la
“certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (11:1).
El cumplimiento final de las promesas de Dios no es algo para que alguien lo
vea en la carne, en este lado de la gloria, sino para creerlo por fe.
Algo para reflexionar
Los cristianos de hoy somos mucho más privilegiados que los santos del pasado, pues tenemos toda la Palabra de Dios y todas Sus promesas. Hemos visto cumplirse mucho más en relación con las promesas de Dios. Los cristianos de hoy deberían estar escribiendo un nuevo capítulo sobre la fe que supere al de los santos de ayer, porque tenemos mucho más para fortalecer nuestra fe, incluso nuestros propios testimonios. De la misma manera que la tecnología y la información han aumentado exponencialmente en los últimos 50 años, también ha aumentado la capacidad de entender la palabra de Dios. Eso debería traducirse en un nuevo Salón de la Fe como Hebreos 11: un capítulo moderno acerca de santos fieles que confían en Cristo, leen y hacen caso a Su palabra, y que viven en obediencia a Él. Así que, si Dios todavía estuviera inspirando la Escritura, ¿tu fe te calificaría para ser añadido a un libro así? La perfección no es requerida, sólo fe verdadera.