Hebreos 12:12-13 ― Fortalece y se fortalecido

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor Iglesia Bíblica Harvest)

Hebreos 12:12-13 ― 12 Por tanto, fortaleced las manos débiles y las rodillas que flaquean, 13 y haced sendas derechas para vuestros pies, para que la pierna coja no se descoyunte, sino que se sane.

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La imagen de la carrera vuelve a verse en los vv. 12-13, y el autor exhorta a los creyentes a perseverar cuando están fatigados. Los maratonistas dicen que lo primero que tiende a cansarse son los brazos que mantienen el ritmo con las piernas, impulsándolas a través de cada zancada. La posición y el movimiento de los brazos son, por tanto, vitales, porque cuando se cansan y comienzan a caer, las rodillas “flaquean”, se paralizan. En este punto, el corredor puede desviarse inadvertidamente al carril del corredor oponente, causando una colisión e incluso una lesión a uno o a ambos corredores. Pero una vez que el cansancio llega, el corredor experimentado sabe que debe apartar todo pensamiento de estar cansado y concentrarse únicamente en la línea de meta. Para los cristianos, el enfoque es Jesús.

Por supuesto, la “carrera” es una metáfora de la vida cristiana, y es la manera del autor de establecer el tono para la aplicación de su carta. Habiendo instruido a su audiencia acerca de la superioridad de Cristo (caps. 1-11), recordándoles que sus pruebas equivalen a la disciplina amorosa de Dios (12:1-11), ahora era tiempo de animarlos a la acción—acción acorde con la fe y la doctrina cristianas. La enseñanza de la doctrina está diseñada para transformar la manera de pensar acerca de Cristo, pero sin acción la doctrina significa poco. La verdad que se conoce pero no se obedece no bendice, maldice. La enseñanza doctrinal, por lo tanto, debe conducir a una conducta santa, pues una cosa es saber que Cristo es Señor; otra cosa completamente distinta es someterse a Cristo como Señor, y probar que la fe de uno es genuina.

Así, el autor está diciendo: “Habiendo sido recordados de quién es Cristo y de lo que es la carrera cristiana, ¡empiecen a correr su carrera!”. La audiencia había estado en la carrera, pero se había cansado. Habiendo sido recordados de quién es Cristo y de Su superioridad, ahora tenían los medios para obtener la fuerza que necesitaban para sus brazos, lo cual fortalecería sus rodillas y a su vez los mantendría en su propio carril mirando a la línea de meta. Es notable que la audiencia, y por extensión todos los cristianos en toda época, no solo debía fortalecer sus propias manos y sus propias rodillas, sino “las manos… las rodillas” como un esfuerzo colectivo. Como Iglesia, los cristianos deben evitar concentrarse en sí mismos y procurar ayudar a otros. Las manos y las rodillas implicarían así a todo el cuerpo de cristianos trabajando juntos, ayudándose unos a otros. En este sentido, la carrera cristiana no es solo una carrera individual, es un esfuerzo colectivo por el cual los cristianos se ayudan mutuamente hasta la línea de meta.

Aquellos cristianos débiles que componían la audiencia de Hebreos se habían desviado hacia los carriles de otros, por así decirlo, haciéndolos tropezar. La palabra para “sendas” (gr. trochia) en el v. 13 se refiere a las huellas dejadas por las ruedas de un carruaje que otros viajeros podían seguir. Así, el autor está diciendo que los cristianos fuertes, enfocados en Cristo, deben animar a otros “hac[iendo] sendas derechas”, en el sentido de ser ejemplos para sus hermanos más débiles que se habían fatigado en su carrera, quizá listos para tirar la toalla. A estos corredores débiles se les llama “la pierna coja”. Necesitaban a corredores más fuertes que vinieran a su lado para no “descoyunt[arse], sino que se sane[n]”. Estos cristianos con “la pierna coja” (gr. chōlos) son aquellos que, aunque conocidos como tales, quizá no eran genuinos en su fe. Estaban en peligro de apostatar—apartarse voluntariamente de Cristo (cf. 6:4-6; 10:26-27), necesitando fortalecer su fe débil.

Algo para reflexionar

La doctrina bíblica es hermosa y esencial para llegar a ser cristiano. Pero sin una obediencia cuidadosa, en última instancia no vale nada. Estamos corriendo una carrera, así que no es de extrañar que nos cansemos y queramos detenernos para descansar. Pero ¿qué pensarán de nosotros y de nuestro Cristo los cristianos débiles y los incrédulos si simplemente nos sentamos sobre nuestra doctrina? El tiempo es ahora para correr la carrera cristiana, mantener nuestro enfoque en Cristo, ayudar a otros en el camino, y perseverar en la fe hasta el fin supremo—hasta nuestro último aliento.