Hebreos 12:14-15 ― Busquen la paz y la santidad
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Hebreos 12:14-15 ― 14 Buscad la paz con todos y la
santidad, sin la cual nadie verá al Señor. 15 Mirad bien de
que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz de amargura,
brotando, cause dificultades y por ella muchos sean contaminados.
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COMENTARIOS:
El verbo imperativo “buscad” (gr. diōkō) en el v. 14 es,
primeramente, un mandato a que los cristianos vayan tras “la paz con todos”.
Además, como verbo en tiempo presente, significa una búsqueda diaria de esta
paz con todos. Aunque este es un mandato general para todos, es específicamente
para cristianos, porque los incrédulos están muertos en sus transgresiones (Ef.
2:1), incapaces de buscar a Dios (Rom.
3:10-12). Solo aquellos en quienes mora el Espíritu (Rom.
8:9-11) pueden agradar a Dios. Pero ¿por qué exhortaría el escritor a los
cristianos a buscar tal paz si ya tienen la paz de Cristo? La respuesta es que
los cristianos, aunque están en paz con Dios por medio de Cristo (Rom.
5:1), todavía deben esforzarse por estar en paz unos con otros. A pesar de
haber sido hechos santos por Cristo cuando primero confiaron en Él, los
cristianos todavía deben buscar, esforzarse, y luchar por la santidad. Aunque
la búsqueda concierne a amar a otros y estar “en paz con todos” (Rom.
12:18), esta no es tarea fácil.
Ahora bien, los cristianos no solo buscan la paz, buscan “la
santidad” (gr. hagiasmos), un término griego que también se traduce al
español como “apartado”. La búsqueda de la paz es, por ende, una búsqueda de
santidad, una vida empleada en la búsqueda de una vida pura y obediente,
apartada de una vida egoísta, para glorificar a Dios. ¿Cómo se alcanza tal
vida? Una forma de paz es por medio del perdón. Después de todo, Dios no está
instruyendo a Su pueblo a estar en paz con los belicistas y con aquellos que
odian lo que es bueno. Pero al buscar la paz con aquellos contra quienes
pudiéramos tener agravios, se practica “la santidad”, el fruto divino que solo
los verdaderos cristianos llevan.
Es notable que “la santidad” es esencial para que uno “vea al
Señor” (cf. Mt.
5:8). Los cristianos pueden practicar esto en su evangelismo, porque al
compartir el evangelio con los incrédulos, a ellos también se les da la
oportunidad de estar en paz no solo con Dios por medio de Cristo, sino con los
cristianos. Jesús dijo: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os
tenéis amor los unos a los otros” (Jn.
13:35). Ser santificado después de llegar a conocer a Jesús, es lo que
revela el evangelismo, pues cuando los incrédulos ven a los cristianos buscando
paz y santidad con ellos, pueden sentirse atraídos a Jesús.
El v. 15 dice: “Mirad bien” (gr. episkopeo), un participio
que significa “supervisar”, cuya forma sustantiva se traduce al español como
“obispo; supervisor”. Así, los cristianos deben velar unos por otros,
ayudándose mutuamente a crecer en santidad. A la luz de la exhortación del v.
14 a vivir en paz con todos, dejar de alcanzar la gracia de Dios, en el v. 15,
es una exhortación al perdón. Después de todo, si algo obstaculiza la paz con
otros, es la falta de disposición a perdonar a quienes nos han herido. “Dejar
de alcanzar la gracia de Dios” sería, por tanto, no mostrar hacia otros la
misma gracia en el perdón que Dios nos ha mostrado a nosotros como creyentes al
perdonarnos nuestros pecados.
La segunda frase del v. 15 confirma esto, porque dejar de alcanzar
la gracia de Dios significaría que una “raíz de amargura” ha brotado en la vida
de uno, resaltando nuestra falta de disposición a perdonar, y nuestro no
alcanzar la gracia de Dios. Esa raíz de amargura hacia alguien que nos hirió
puede y va a “contamina[r]” (gr. miainō) nuestra vida. Va a manchar
nuestra santidad y obstaculizar nuestro testimonio. Nosotros los cristianos
debemos “mirar bien” que esto nunca suceda—no solo en nosotros sino también en
nuestros hermanos creyentes. Si sucede en nosotros, debemos arrepentirnos. Si
sucede en otros, los exhortamos a que no dejen de alcanzar la gracia de Dios.
Algo para reflexionar
La vida cristiana es tanto una vida proactiva como una reactiva. Es una vida de vigilancia—de buscar y estar alerta a aquellos que quieren cualquier cosa menos paz. Así que, vive en paz unos con otros, pero rehúsa tolerar a los alborotadores en la Iglesia de Cristo. Ellos pueden contaminar una iglesia en un minuto. No debemos tolerarlos, no más de lo que Cristo lo haría (cf. Ap. 2:14-16, 20).