Hebreos 12:15a-16 ― Esaú: un buen y trágico ejemplo
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Hebreos 12:15a-16 ― 15 Mirad bien de que nadie deje
de alcanzar la gracia de Dios... 16 de que no haya ninguna persona inmoral ni profana como Esaú,
que vendió su primogenitura por una comida.
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COMENTARIOS:
Recordar que “mirad bien” (gr. episkopeō) en el v. 15 es un
participio presente activo en griego, gerundio en español, que modifica el
verbo principal en el v.
14, que es “buscad la paz con todos”. Así que, mientras un cristiano busca
la paz con todos, diariamente está mirando bien que “nadie”, ni él ni nadie que
él conozca que afirme ser cristiano en la santa Iglesia de Cristo, “deje de
alcanzar la gracia de Dios” (v. 15). Con este mandato en mente, la atención se
dirige a un hombre del AT que dejó de alcanzar por mucho la gracia de Dios:
Esaú, el hermano mellizo de Jacob e hijo de Isaac y Rebeca.
El v. 16 revela dos pecados obvios, y sin embargo prevalentes, que
pueden destruir—y han destruido—a muchos corredores en la carrera cristiana:
los apetitos sexuales y físicos. Estos dos pecados se ven fácilmente en Esaú,
“que vendió su primogenitura por una comida” (v. 16). La historia de Esaú se
encuentra en Génesis
25:19-34. Como cazador de animales salvajes, volvió a casa un día
hambriento después de una gran cacería, y encontró a su hermano mellizo Jacob
cocinando un guisado de lentejas. Deseando tener un poco, pidió a Jacob que se
lo sirviera rápidamente, ya que se estaba muriendo de hambre (Gén.
25:30). El astuto Jacob, aprovechando el momento, respondió diciendo:
“Véndeme primero tu primogenitura” (v.
31), porque aunque eran mellizos, Esaú era el primogénito (25:25)
con derecho a la bendición de Isaac. Podríamos esperar que Esaú valorara su
primogenitura más que su apetito, pero no fue así; porque Esaú le respondió a
Jacob diciendo: “He aquí, estoy a punto de morir; ¿de qué me sirve, pues, la
primogenitura?” (25:32).
Por tanto, Esaú escogió una comida rápida por encima de la bendición
abrahámica.
En Hebreos 12:16, Esaú es presentado primero como “inmoral” (gr. pornos),
de donde se deriva el término en español “pornografía”. Es notable que en
ninguna parte del AT se llama inmoral a Esaú, pero sí lo eran las mujeres con
quienes se casó: las dos hijas cananeas de Het (progenitor de los hititas),
cuyo matrimonio con Esaú hizo la vida amarga para Isaac y Rebeca (Gén.
26:34-35).
Aunque la Biblia dice poco acerca de la inmoralidad de Esaú, la
tradición rabínica, tanto palestina como helenística, pinta al bíblico Esaú,
rojo y velludo, machote, como un esclavo de sus impulsos sexuales. Filón de
Alejandría (20 a. C. a 50 d. C.), en sus Preguntas y respuestas en Génesis,
observó esto acerca de Esaú: “El velludo es el hombre desenfrenado, lujurioso,
impuro, e impío”. Asimismo, el Tárgum palestino sobre Génesis
25:29 presenta a Esaú volviendo a casa muerto de hambre el mismo día en que
vendió a Jacob su primogenitura, afirmando que “ese día había cometido cinco
transgresiones”, una de las cuales fue adulterio con una doncella desposada.
Estos relatos verifican lo que dice el autor de Hebreos acerca de Esaú, que era
un pornos, sujeto a los caprichos de su libido. Era así el epítome del machote
moderno impulsado por la testosterona. Antes de pensar en alguien más, pensaba
en sí mismo, sus pasiones impulsándolo y dominándolo para ser el pornos
que inherentemente era.
No solo era Esaú un pornos, él era un bebelos—“profano”.
Este término griego describe a alguien que, aunque pudiera creer en la
existencia de Dios, no tiene ningún respeto por Dios. Juan Calvino dice de
tales hombres: “aquellos en quienes el amor del mundo domina y prevalece de tal
manera, que se olvidan del cielo; hombres arrastrados por la ambición, adictos
al dinero y a las riquezas, entregados a la glotonería, y enredados con otras
clases de placeres, y que no dan al reino espiritual de Cristo ningún lugar o
el último lugar en sus preocupaciones”.
En resumen, Esaú era un rufián velludo y pelirrojo que valoraba
cazar por diversión y por comida casi tanto como a las mujeres con quienes
fornicaba. Hoy, quizás habría sido llamado “Gran Rojo” (ya que su apodo “Edom”
significa rojo), conocido como un duro macho que conocía a muchas mujeres,
comía en grande, y bebía liberalmente. Desprovisto de cualquier pensamiento del
cielo, Esaú estaba enteramente atado a la tierra.
Algo para reflexionar
R. Kent Hughes dice de Esaú: “La gratificación instantánea era su regla práctica. Estaba vacío de valores espirituales. ¡Impío! Esaú era como un anuncio viviente de cerveza—barbudo, macho al extremo, con dos cosas en la mente: placer sexual y placer físico—comida, bebida, deportes, y dormir. ‘Oye, solo se vive una vez. Tienes que conseguirlo mientras puedas’. Era el prototipo de la impiedad moderna, como el hombre de cuarenta y cinco años que había pasado todos sus años después de la universidad dedicado al dinero y que, cuando le preguntaron: ‘¿Cómo está tu alma?’, respondió con franqueza: ‘¿Mi alma? Ni siquiera sé si tengo una’. ¡Trágico!”.