Hebreos 12:1b-2 ― Fija tu mirada en Jesús
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Hebreos 12:1b-2 ― 1 …y
corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, 2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la
fe, quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz, menospreciando la
vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.
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COMENTARIOS:
Un solo zapato
defectuoso en un velocista puede hacer que pierda la carrera frente a otro que
de verdad se ha despojado de todo peso/estorbo. De la misma manera, como todo
cristiano sabe, basta con un solo pecado en nuestra vida, o con un solo
peso/estorbo, para sabotear por completo nuestro andar cristiano. El autor de
Hebreos escribe para animar a sus iguales cristianos hebreos, diciéndoles que
dejen a un lado todo peso/estorbo y pecado a fin de que puedan "correr con
paciencia la carrera que tenemos por delante". La carrera cristiana
sencillamente no puede completarse fielmente si los pesos/estorbos y el pecado
nos tienen enredados. Ciertamente competirán por nuestra atención, pero con
"paciencia"—perseverancia firme—no solo los echaremos fuera, sino que
terminaremos nuestra carrera con fidelidad. Esa es la meta.
"Corramos
con paciencia" en 12:1 es el verbo principal del contexto, pero hay un
participio acompañante que explica cómo correr con paciencia: "puestos los
ojos en Jesús…" (12:2). Al "poner los ojos" (del gr. aphorontes)
dirigimos nuestra atención hacia algo, en este caso hacia Jesús, como nuestro
ejemplo perfecto. Es importante notar aquí que el autor no dice
"Cristo", sino "Jesús", quizá subrayando el ejemplo que
Jesús nos dio en Su humanidad. Jesús soportó todo lo que soporta un ser humano:
hambre, falta de sueño, traición de amigos, muerte de seres queridos, e incluso
la cruel injusticia de ser arrestado sin cargo alguno, juzgado en un tribunal de
farsa, burlado, golpeado, azotado, y crucificado. Jesús soportó todo eso sin
pecar jamás. Por eso Dios Padre envió a Su Hijo: Dios en carne, para vivir
nuestra vida sin pecado. ¿Por qué? Porque nosotros no podemos dejar de pecar.
Necesitábamos a alguien que fuera delante de nosotros, hiciera lo que nosotros
no podíamos hacer, y obtuviera la victoria que nosotros no podíamos ganar.
¡Jesús lo hizo! Ahora Su victoria es nuestra victoria cuando confiamos en Él.
¡Así de sencillo!
Nuestro
enfoque, Jesús, es llamado primero "el autor y consumador de la fe"
(v. 2). Como "autor" (del gr. archēgos), Jesús es el pionero, el que
abre camino, el que establece una obra. En este caso, Jesús es el autor de
"la fe", es decir, de la fe cristiana, o Iglesia. Como
"consumador" (del gr.
teleiōtēs), término que significa "el que
termina" o "el que completa", Jesús completa la fe cristiana, la
cual se basa en la fe judía o hebrea. Jesús la completa porque Él es el
cumplimiento de todo lo que Dios prometió.
Es este mismo
Jesús "quien por el gozo puesto delante de Él soportó la cruz,
menospreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de
Dios" (v. 2). Jesús no se concentró en el dolor de la cruz; más bien, miró
al gozo de lo que Su tiempo en la cruz lograría. Asimismo, no temió la
"vergüenza" de la cruz, sino que la menospreció, mirando a la gloria
de ascender a Su Padre en el cielo, donde, "después de llevar a cabo la
purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas"
(1:3).
Así que, tal como Jesús se enfocó en el futuro y miró más allá de las pruebas
presentes, nosotros también debemos hacerlo. Jesús simplemente miró más allá
del aquí y ahora hacia la gloria futura que espera a todos los fieles.
Algo para reflexionar
Así como un corredor no debe mirar sus pies mientras corre, nosotros como cristianos tampoco debemos concentrarnos ni en nuestros fracasos ni en nuestras victorias. Fijamos nuestros ojos en Jesús y no apartamos la mirada de Él. Después de todo, Jesús es quien fue delante de nosotros en esta carrera de fe. Él nos dio la vida y nos dio la fe. Ciertamente nos llevará hasta el final de la carrera que puso delante de nosotros. Como Él, debemos mirar más allá del aquí y ahora, mirando al cielo. Pongamos nuestra esperanza en Cristo y en nuestro futuro con Cristo, mirando al gozo futuro que nos espera en Él. A lo largo de nuestra carrera, perseveraremos, como Cristo, si mantenemos la vista en la recompensa final. Y con los ojos puestos en Él, no nos cansaremos ni nos desanimaremos (12:3) mientras nuestros enemigos naturales se levantan contra nosotros. Tenemos a Cristo a quien mirar y una gran nube de testigos a nuestro alrededor que hizo lo mismo que nosotros estamos haciendo.