Hebreos 12:3-4 ― Nuestra vida no es tan difícil

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Hebreos 12:3-4  Considerad, pues, a aquel que soportó tal hostilidad de los pecadores contra sí mismo, para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón. Porque todavía, en vuestra lucha contra el pecado, no habéis resistido hasta el punto de derramar sangre;

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COMENTARIOS:

El autor exhorta a todos en el v. 3 a "considerar" (del gr. analogizomai), es decir, a analizar y pensar con esfuerzo y precisión. En este caso, hemos de pensar en Jesús, concretamente en la "hostilidad" (del gr. antilogia), el comportamiento despreciativo que Él "soportó" (del gr. hupomenō), que sufrió con firmeza; que permaneció debajo. El autor podría estar refiriéndose a todo el ministerio terrenal de Jesús, pero probablemente apunta de manera más específica a Su pasión: Sus sufrimientos en la cruz y los acontecimientos inmediatamente anteriores. Peor aún, Jesús soportó lo que soportó no por parte de personas justas con motivos puros, sino "de los pecadores". ¿Por qué querría el autor que los cristianos pensaran tan profundamente en los sufrimientos de Jesús? "Para que no os canséis ni os desaniméis en vuestro corazón". Se cree que esta expresión era un lenguaje deportivo del mundo antiguo para describir el colapso agotado de un corredor. En relación con los cristianos, debemos tomar nuestras pruebas y dificultades y compararlas con lo que Jesús soportó. Y para que no pensemos que Jesús era inmune al dolor, o que sus sufrimientos físicos en la cruz le fueron de algún modo más fáciles que al hombre promedio, John Henry Newman dice lo siguiente:

Así como los hombres son superiores a los animales y son más afectados por el dolor que ellos, por causa de la mente que hay en ellos, la cual da sustancia al dolor,… así también nuestro Señor sintió el dolor del cuerpo con una conciencia, y por tanto con una agudeza e intensidad, y con una unidad de percepción, que ninguno de nosotros puede sondear ni abarcar, porque Su alma estaba absolutamente bajo Su dominio, libre de la influencia de distracciones, plenamente dirigida hacia el dolor, totalmente entregada, sencillamente sometida al sufrimiento. Y así puede decirse con verdad que Él sufrió la totalidad de Su pasión en cada momento de ella.

En comparación con Jesús, el escritor señala que nosotros, a diferencia de Él, "todavía, en vuestra lucha contra el pecado, no habéis resistido hasta el punto de derramar sangre" (v. 4). En otras palabras, nuestras pruebas ni siquiera se comparan con las de Cristo, quien sufrió la muerte por causa del evangelio. Y Él permaneció fiel hasta la muerte, la peor clase de muerte, precedida por horas de tortura en una cruz. El mensaje para los cristianos es claro: debemos estar completamente absortos en Jesús, no en nosotros mismos. Por lo tanto, debemos apartarnos de aquellas cosas que nos distraen y volvernos hacia Aquel que nos da vida por medio de Su muerte, Jesús. No es de extrañar que leer y releer los Evangelios sea tan útil para los creyentes.

Algo para reflexionar

Como cristianos, estamos en la carrera rodeados por una gran nube de personas cuyos ejemplos nos llaman a la excelencia: los patriarcas (Abraham, Isaac, Jacob); los profetas (Moisés, Elías, Samuel, Daniel, Jeremías); los apóstoles (Pedro, Juan, Pablo); los mártires (Esteban, Policarpo, Cranmer, Elliott, Saint); los predicadores (Lutero, Calvino, Wesley, Spurgeon); los misioneros (Carey, Taylor, Carmichael); y también están los incontables otros que no conocemos, pero que Dios sí conoce, y que terminaron bien su carrera. Su sola existencia, y las historias de sus vidas, nos impulsan a terminar nuestras propias carreras. ¡Ahora, pues, dejemos a un lado todo peso/estorbo y pecado, y terminemos nuestra carrera con fuerza!