Hebreos 12:5-8 ― La amorosa disciplina de Dios

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor Iglesia Bíblica Harvest)

Hebreos 12:5-8 ― 5 además, habéis olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige: Hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él; 6 porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. 7 Es para vuestra corrección que sufrís; Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo hay a quien su padre no discipline? 8 Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido hechos participantes, entonces sois hijos ilegítimos y no hijos verdaderos.

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La audiencia de Hebreos necesitaba ánimo. Habían soportado muchos sufrimientos, habían sido hechos un espectáculo público por medio de reproches y tribulaciones, y habían soportado el despojo de sus bienes (Heb. 10:32-34). Además, habían sido castigados por su conversión del judaísmo al cristianismo, y habían sido rechazados por sus propias familias. Pero a pesar de todo esto, todavía no habían sufrido hasta el punto de la muerte (Heb. 12:4) como sus fieles hermanos antes de ellos (cf. Heb. 11).

Ahora, en lugar de simplemente dejar a esta audiencia con la idea de que ser un creyente fiel en Cristo es una lucha intensa, el escritor les informa que sus sufrimientos eran meramente parte de la amorosa disciplina de Dios. Dios en realidad muestra Su amor e interés en Sus hijos por medio de la disciplina. El escritor citó Proverbios 3:11-12 preguntándoles: "¿Habéis olvidado?". Aparentemente sí lo habían olvidado, porque confundieron sus desgracias terrenales y persecuciones con el abandono de Dios, cuando en realidad sus desgracias y sufrimientos eran señales claras del amor y favor de Dios hacia ellos. La cita de Proverbios les recordaba que no debían tomar a la ligera la disciplina de Dios, porque Él disciplina a los que ama. Incluso "azota" (golpear con un látigo) "a todo el que recibe por hijo", mostrando que Él no recibe a cualquiera, sino solo a Sus verdaderos hijos.

El término "disciplina" (del gr. paideia) proviene de una raíz que significa "niño", el entrenamiento de un niño. Se refiere a la educación de los hijos a fin de desarrollarlos y madurarlos como adultos. A causa del pecado, los niños sin disciplina crecen hasta la adultez como tiranos egoístas. Se requiere un padre amoroso para disciplinar a sus hijos a fin de madurarlos. Previsiblemente, los niños saben de manera inherente que los padres que rehúsan disciplinarlos no los aman realmente. Pero aquellos que son disciplinados apropiadamente por padres amorosos típicamente llegan a ser adultos maduros.

El autor le estaba demostrando a su audiencia, a partir de las propias circunstancias de ellos, que Dios verdaderamente los amaba como a hijos. Sus sufrimientos eran recordatorios de que Dios no los había abandonado, así que ellos no debían abandonarlo a Él. Satanás se esfuerza, tanto entonces como ahora, por convencer a los cristianos de que los problemas de la vida prueban que Dios no ama. Pero lo opuesto es verdad. La Escritura reprende a los creyentes que están en pecado, y las pruebas de la vida los moldean para convertirlos en cristianos maduros, así como un padre amoroso moldea a su hijo para convertirlo en hombre. Los "azotes" de Dios tienen el propósito de mantener a Sus hijos recordando Su amor.

El pasaje atemorizante es el v. 8, que habla de aquellos que no son disciplinados por Dios. Son llamados "ilegítimos" (del gr. nothos)—"no legítimo; nacido fuera del matrimonio". La implicación clara es que aquellos que no son disciplinados por Dios por medio de pruebas peligrosas sencillamente no le pertenecen. Y si no son hijos de Dios, solo pueden ser de Satanás (cf. Mt. 13:38; Jn. 8:44; 1 Jn. 3:10).

Algo para reflexionar

Algunos cristianos profesantes pecan voluntaria y rebeldemente, pero nunca parecen sufrir por ello. Asimismo, muchos pastores hoy rehúsan predicar el mensaje del evangelio, optando en cambio por el pensamiento positivo y la tradición por encima de la verdad, creyendo que la verdad es demasiado ofensiva. Sin embargo, continúan creciendo en riqueza y en número sin la disciplina de Dios (cf. Salmo 37; 73). Hay una conclusión simple en cuanto al porqué: Dios no los considera Sus hijos (Heb. 12:8). Así que, si conoces a alguien que vive en pecado mientras tú luchas diariamente con Dios por medio de pruebas, considera la probabilidad de que ellos sean hijos ilegítimos, y tú seas hijo de Dios. Después de todo, Dios disciplina a los que ama.