Hebreos 12:6 ― Varias formas de la disciplina Divina
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Hebreos 12:6 ― 6 porque el Señor al que ama, disciplina...
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A lo largo de la Escritura hay ejemplos de
personas que sufren y del pueblo de Dios que es disciplinado—en el caso de Su
pueblo fiel, la disciplina siendo una marca de Su amor, no de Su ira.
Notablemente, en Hebreos
12:5-6, el autor cita al rey Salomón, quien escribió: “Hijo mío, no
rechaces la disciplina del Señor ni aborrezcas su reprensión, porque el Señor a
quien ama reprende, como un padre al hijo en quien se deleita” (Prov.
3:11-12). Dicho esto, los ejemplos de la disciplina de Dios para con Sus
hijos en la Escritura, llega a varias personas por varias razones.
Primero, notamos el ejemplo de David, rey sobre todo Israel, un hombre
buscado por Dios tras los fracasos del rey Saúl—un hombre conforme al corazón de
Dios (1
Sam. 13:14). Él fue amado por Dios, dirigido y protegido por Dios, y
designado por Dios para ser rey sobre Israel. Sus primeros años, aunque llenos
de victorias como la derrota de Goliat y el éxito que tuvo como siervo de Saúl,
también estuvieron llenos de dificultades y soledad. Para cuando David llegó a
ser rey, era poderoso y visto como un gran hombre de Dios. Todo Israel tenía a
David por grande, siendo bendecida su nación por causa de su relación fiel con
Dios. Luego David pecó, cometiendo adulterio con Betsabé y dejándola encinta, y
más tarde ordenó que su marido fuera puesto en la primera línea de batalla,
donde sería matado. ¿Por qué? Para tomar a Betsabé por mujer suya y engañar a
todo Israel haciéndole creer que el hijo que ella había concebido de él fue
concebido después de que se hubieran casado. ¿Qué había de hacer Dios?
La respuesta es que, puesto que David era el hijo amado de Dios,
necesitaba ser disciplinado por sus acciones pecaminosas. Aunque el adulterio
demandaba la pena de muerte en Israel para ambas partes (Lev.
20:10), Dios permitió misericordiosamente que tanto David como Betsabé
vivieran. Sin embargo, puesto que David era hijo de Dios, tenía que haber
disciplina. No solo el niño de su unión adúltera moriría, sino que Dios decretó
a David: “Ahora pues, la espada nunca se apartará de tu casa, porque me has
despreciado y has tomado la mujer de Urías hitita para que sea tu mujer” (2
Sam. 12:10). A esto podríamos llamar disciplina correctiva, porque por
medio de tal disciplina Dios corrige a Sus hijos.
Una segunda forma de disciplina llevada a cabo por Dios hacia aquellos a
quienes ama podría llamarse disciplina preventiva. Esto puede ilustrarse por
medio del Apóstol Pablo, a quien le fue dada “una espina en la carne, un
mensajero de Satanás que me abofetee…” (2
Cor. 12:7). Qué era exactamente esta “espina” es asunto debatido, pero lo
que sí se sabe es que Pablo no había cometido pecado para merecer tal cosa, al
menos no como David. Pablo sabía que Dios le había dado esta espina a causa de
“la extraordinaria grandeza de las revelaciones” (v.
7) que había recibido de Dios. Tales revelaciones, y tal cercanía con Dios,
fácilmente podrían haber llevado a Pablo a enaltecerse, así que él sabía que
Dios le dio tal aflicción “para que no me enaltezca”. Aunque Pablo rogó al
Señor en tres ocasiones que le quitara la espina, la respuesta de Dios fue: “Te
basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad” (v.
9). Por tanto, Pablo se gloriaba en sus debilidades: en la disciplina
preventiva de Dios.
Una tercera forma de disciplina que Dios usa en la Escritura podría
denominarse disciplina educativa. Job es un gran ejemplo de ello, porque aunque
Job era un hombre justo que no había cometido pecado flagrante alguno, y que
pensaba que conocía bien a Dios, la disciplina de Dios lo llevó a un
entendimiento enteramente nuevo de quién Dios era y es. Después de sufrir
grandemente durante un período de tiempo desconocido—perdiendo diez hijos, su
riqueza, y su salud, Job exigió que Dios respondiera por la manera en que lo
había tratado. Sin embargo, después que Dios le respondió, Job contestó a Dios
diciendo: “He sabido de ti solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven. Por eso
me retracto, y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job
42:5-6). Por medio de la disciplina divina destinada a instruir tanto a Job
como a todos los que leen su relato, Dios instruye a aquellos a quienes ama,
llevándonos a un entendimiento mayor de Su carácter.
Algo para reflexionar
¿Cómo te ha disciplinado Dios en tu vida, en tu carrera cristiana? ¿Te quitó un ídolo, tomando algo, o a alguien, cercano y amado para ti? ¿Te ha quitado tu salud, tus bienes, a un ser amado? Tal vez solo tú puedas responder si tal disciplina es correctiva, preventiva, o educativa. Pero cualquiera que sea, el hecho de que haya sucedido, o de que esté sucediendo, significa que Dios te ama. Después de todo, Dios disciplina a aquellos a quienes ama.