1 Timoteo 6:9-10 ― Pecaminoso amor al dinero
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
1 Timoteo 6:9-10 ― 9 Pero los que quieren
enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos que
hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. 10 Porque
la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo
algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores.
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COMENTARIOS:
Habiendo acabado de explicar que los falsos maestros son conocidos por
su amor al dinero, Pablo continúa advirtiéndoles a aquellos cuya meta en la
vida es ser ricos. Mientras que la verdadera
piedad promete una vida de ganancia cuando va acompañada de contentamiento
(6:6),
los que desean una vida de riqueza no están contentos con lo que tienen, y por
lo tanto nunca alcanzarán la piedad. La piedad es ganancia; la codicia es
pérdida.
Notar la espiral descendente en el v. 9 que termina «en la ruina y en la
perdición» para aquellos que desean riquezas por encima de todo. Primero, «caen
en tentación», es decir, entran en pruebas que examinan su carácter. ¿Cuál es
la cantidad de dinero por la cual nos venderemos? ¿A cuántas personas debemos
herir o defraudar para llegar a donde deseamos estar financieramente? Segundo,
la tentación conducirá a un «lazo» (gr. pagis), o trampa, como la usada
para capturar animales. Puede que hayamos actuado sin ética en algún asunto, y
ahora estamos atrapados en un mundo al que nunca tuvimos la intención de
entrar. Tercero, esto conduce a «muchos deseos necios y dañosos». Actuar neciamente
es actuar irracionalmente, tomar malas decisiones. Los deseos dañosos se
refieren a todo lo que uno piensa que el dinero puede obtener. Todo esto lleva
finalmente a un hundirse «en la ruina y en la perdición»—la pérdida de
todo. Notar la palabra «hunden», que ilustra una caída al infierno por vender
el alma para obtener riqueza. Por ello Jesús preguntó: «Pues, ¿de qué le sirve
a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma?» (Mc.
8:36).
En el v. 10 Pablo explica la advertencia del v. 9 acerca de las
riquezas, diciendo: «Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero». Notar
que no dice que el dinero es la raíz de todo mal; es el amor al dinero, es
decir, la codicia, lo que es raíz de «todos los males». Hay otros vicios, no
solo el amor al dinero; por tanto, la codicia es una raíz del mal. Una persona
codiciosa es conocida por su egoísmo, teniendo reputación de tramposo, fraude,
y mentiroso. El codicioso envidiará a los que tienen más que él, menospreciará
a los que tienen menos que él, se separará de familiares que deseen su dinero,
y odiará a todo el que se niegue a someterse a él. La codicia arruina
matrimonios y amistades mientras alimenta asesinatos sin sentido, trata sexual,
venta de pornografía, drogas, y aborto.
No es de extrañar que Pablo diga que «codiciándolo algunos, se
extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores» (v. 10), literalmente
«se traspasaron con muchos dolores». ¡Qué espantoso! Describe los dolores que
acompañan, no a los ricos per se, sino a aquellos que desean ser ricos y no
están contentos con lo que tienen. Se sienten como si una estaca les hubiera
sido clavada, porque los pesares que sus deseos impíos traen sobre ellos son
dolorosos en todo sentido. Pueden tener casas enormes y autos veloces, pero sus
corazones son fríos, sus hijos los desprecian, y quedan para disfrutar su
dinero completamente solos. La verdad es que es imposible seguir a Dios y al
dinero al mismo tiempo. Una persona o bien odiará al primero y amará al segundo,
o bien amará al primero y odiará al segundo. Es decir, o bien amará a Dios y
odiará el dinero, o bien amará el dinero y odiará a Dios.
Algo para reflexionar
Uno puede amar el dinero como ama la pizza. Después de todo, las cosas que el dinero puede comprarnos ciertamente pueden traernos algún placer. Desde un carro nuevo hasta un par de zapatos nuevos, es bueno tener dinero. Pero es como una droga, porque a menos que estemos contentos con lo que Dios nos provee, nunca tendremos suficiente. Siempre habrá una computadora más nueva, una casa más grande, y más riqueza por obtener. Recuerda, no es el dinero el problema; es el amor por él. Amar el dinero, por tanto, es amar la muerte, porque esa es la vida que estamos escogiendo si nos negamos a estar contentos con lo que tenemos. Nuestro amor mal ubicado/dirigido nos arruinará en el aquí y ahora, y peor aún, en la eternidad.