Hebreos 12:18-19, 22 ― ¿Sinaí o Sión?

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor Iglesia Bíblica Harvest)

Hebreos 12:18-19, 22 18 Porque no os habéis acercado a un monte que se puede tocar, ni a fuego ardiente, ni a tinieblas, ni a oscuridad, ni a torbellino, 19 ni a sonido de trompeta, ni a ruido de palabras tal, que los que oyeron rogaron que no se les hablara más;… 22 Vosotros, en cambio, os habéis acercado al monte Sión…

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COMENTARIOS:

El autor de Hebreos contrasta dos montes literales en 12:18-22: el Sinaí en el desierto y Sión en Jerusalén—ubicaciones históricas y geográficas en cualquier mapa. Al hacerlo, el autor ilustra dos sistemas rivales: Sinaí como terrenal, temporal, y anticuado; Sión como celestial, eterno, y pertinente. Sinaí representa la adoración mundana a Dios por medio del mérito y la ley en un intento infructuoso de agradar a Dios; Sión representa la adoración espiritual a Dios sobre la base de Su gracia, misericordia, y amor. Sinaí, por tanto, representa el antiguo pacto de obras; Sión representa el nuevo pacto de gracia de Dios.

Fue en el monte Sinaí donde Dios dio a Moisés Su ley, repleta de “fuego ardiente… tinieblas, oscuridad… torbellino… sonido de trompeta… ruido de palabras” de parte de Dios, tan fuerte que Israel le rogó a Dios que dejara de hablar (12:18-21; cf. Éx. 19; Deut. 5). Este era el antiguo pacto rebosante de temor, temblor, y terror de Dios. ¡Incluso Moisés estaba “aterrado y temblando”! (v. 21). El propósito del autor al sacar a relucir este tema era evocar las emociones de su audiencia, advirtiéndoles otra vez con severidad (cf. 2:1-4; 3:7-4:12; 6:4-8; 10:26-27) acerca de los peligros de retroceder a la manera de vivir obsoleta del monte Sinaí. Esa antigua vida, que no podía producir vida eterna, tenía que ver con vivir en la carne, esforzándose por guardar una ley imposible de guardar, y venir a Dios con temor a causa de la culpa. ¡Sión era el lugar superior de adoración!

En cuanto a Sión, alrededor del año 990 a. C., el rey David expulsó a los habitantes paganos de Jerusalén (los jebuseos), colocando el arca de Dios en el monte Sión, un monte que llegó a ser sinónimo de la morada de Dios. Su hijo Salomón más tarde trasladó el arca desde Sión hacia el templo que construyó en el cercano monte Moriah. Sión fue incluida después en esa área más grande, llegando a ser sinónimo de la misma ciudad de Jerusalén, la ciudad de Dios donde se hacía mediación sacerdotal entre Dios e Israel.

Por supuesto, Sinaí y Sión son polos opuestos: el primero representa el terror espantoso de la Ley y la imposibilidad de acercarse a Dios (cf. vv. 18-21); el segundo representa misericordia y gracia con la puerta completamente abierta para acercarse a Dios por medio de Jesucristo—con confianza. Mientras que la Ley dada en Sinaí condena, la gracia y la salvación fueron provistas en Sión en la cruz del Cristo. Después de todo, es en el monte Sión donde “mandó el Señor la bendición(D), la vida para siempre” (Sal. 133:3).

La audiencia de Hebreos, en términos generales, por causa de su confesión externa de Cristo, había venido al monte Sión como hijos redimidos de Dios. Como cristianos profesantes, eran como todos los cristianos de toda época: ciudadanos de la ciudad celestial, “porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo” (Flp. 3:20). Ya que nuestra verdadera ciudadanía está en el cielo, nuestra residencia temporal en la tierra es pasajera. ¡Pero el peligro que el autor de Hebreos estaba tratando era la posibilidad de que la fe de su audiencia fuera la que era pasajera! Después de todo, estaban considerando volver a caer en el judaísmo, la vida al pie del espantoso monte Sinaí.

Algo para reflexionar

Vivir bajo la gracia de Dios no es fácil para algunos, especialmente si provienen de una religión como el judaísmo, el catolicismo romano, el mormonismo, el islam, o los Testigos de Jehová, religiones que exigen obras y buenas acciones para siquiera tener una posibilidad de que Dios les permita entrar en el Paraíso. Una vez salvos de estas religiones semejantes al Sinaí, confiando solo en Jesucristo para la salvación, les resulta fácil volver a viejos hábitos como estilos de vida orientados a las obras para impresionar a Dios. Pero Dios solo se impresiona con Su Hijo Jesucristo. ¡Solo con Él! Para que Dios tenga alguna vez hacia nosotros algún afecto distinto de la ira, debemos confiar solo en Jesús para nuestra salvación. Sión por encima del Sinaí.