Hebreos 12:25-27 ― Dios hizo temblar, y Él hará temblar
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Hebreos 12:25-27 ― 25 Mirad que no
rechacéis al que habla. Porque si aquellos no escaparon cuando
rechazaron al que les amonestó sobre la tierra, mucho menos escaparemos
nosotros si nos apartamos de aquel que nos amonesta desde el cielo. 26 Su
voz hizo temblar entonces la tierra, pero ahora Él ha prometido,
diciendo: Aún una vez más, yo haré temblar no solo la tierra, sino también
el cielo. 27 Y esta expresión: Aún, una vez más,
indica la remoción de las cosas movibles, como las cosas creadas, a fin de que
permanezcan las cosas que son inconmovibles.
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COMENTARIOS:
El argumento
del autor en 12:18-24
es esencialmente este: "Como cristianos, cuando nos acercamos a Dios, no venimos
a tinieblas ni a oscuridad, o a muerte ni a castigo, como hizo Israel en el Monte
Sinaí; ¡venimos al trono celestial de la gracia de Dios en el Monte Sión!
Mientras que Israel en el pasado no podía acercarse a Dios sin un sacerdote,
nosotros podemos acercarnos a Él diariamente y con confianza a través de
nuestro gran Sumo Sacerdote, Jesucristo, que logró la salvación para nosotros
muriendo en la cruz, pagando el precio por nuestros pecados. Ahora, como santos
perdonados, somos aceptables para Dios—todo gracias a Cristo”.
Con esto en
mente, el v. 25 exhorta a los cristianos: "Mirad...". A diferencia
del anterior "Mirad bien" (gr. episkopeo) en el v.
15, que implica la supervisión tanto de uno mismo como de los demás
mientras se corre en la carrera cristiana de la fidelidad, este "mirad"
(gr. blepō) trata sobre cuidado y vigilancia continuos hacia uno mismo para no
"rechazar al que habla"—el Espíritu Santo que habita en los creyentes
(Rom.
8:9-11) para escuchar la voz de Dios. Por supuesto, en Hebreos
1:2 el autor dijo que "en estos últimos días", Dios habla a
través de Su Hijo. Pero como el Espíritu y el Hijo siempre coinciden, oír a uno
es oír al otro. Si Dios le había hablado a Israel en el Monte Sinaí prometiendo
disciplina a quienes le rechazaran al ignorar Sus palabras, ¿cuánto peor será
para quienes rechazan al Hijo de Dios?
Si la primera
generación de israelitas que salió de Egipto, que ignoró a Dios en el Sinaí, renunciaron
a su derecho a entrar en la Tierra Prometida terrenal de Dios, ¿cuánto peor
será para quienes oyen e ignoran las palabras de Jesucristo, que ofrece gracia
y misericordia desde el Monte Sión, por medio de la fe solamente? Respuesta: renunciarán
a la oportunidad de entrar en la Tierra Prometida celestial. Por ende, las
bendiciones de las promesas asociadas al nuevo pacto son infinitamente mayores
que las del antiguo pacto. "Porque si aquellos no escaparon cuando
rechazaron al que les amonestó sobre la tierra, mucho menos escaparemos
nosotros si nos apartamos de aquel que nos amonesta desde el cielo" (v.
25).
Mientras Israel
estaba al pie del Monte Sinaí en Éxodo
19-20, la presencia de Dios hizo temblar la tierra. ¡Pero en el futuro,
cuando Cristo regrese a Sión, Él hará temblar los cielos! Esto se predice en la
profecía de Hageo, Dios diciendo: "Una vez más, dentro de poco, yo haré
temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra firme" (2:6).
Apocalipsis
6:12-14 da más perspectiva sobre esto: "...un gran terremoto, y el sol
se puso negro como cilicio... y toda la luna se volvió como sangre, y las
estrellas del cielo cayeron a la tierra, como la higuera deja caer sus higos
verdes al ser sacudida por un fuerte viento. Y el cielo desapareció como un
pergamino que se enrolla, y todo monte e isla fueron removidos de su lugar”.
¡Dios está haciendo temblar la tierra!
El Apóstol
Pedro escribió sobre ese día futuro: "Pero el día del Señor vendrá como
ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán
destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán
quemadas... los cielos serán destruidos por fuego y los elementos se fundirán
con intenso calor" (2
Pe. 3:10, 12).
Las únicas cosas que no serán hechas temblar, o sacudidas, al final son las que son eternas, las cosas inconmovibles. Dios ya ha preparado un "cielo nuevo y una tierra nueva" que reemplazará el orden antiguo que habrá ardido y pasado (Ap. 21:1). En la tierra renovada de Dios, la Nueva Jerusalén—la ciudad celestial, descenderá del cielo; ¡Sión misma sobre la nueva tierra! Entonces todo el pueblo de Dios heredará el reino eterno e inconmovible gobernado por nuestro Rey, Jesús.