Hebreos 13:1-3 ― Amor, hospitalidad, y servicio

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Hebreos 13:1-3 ― Permanezca el amor fraternal. No os olvidéis de mostrar hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. Acordaos de los presos, como si estuvierais presos con ellos, y de los maltratados, puesto que también vosotros estáis en el cuerpo.

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El autor de Hebreos pasó los primeros diez capítulos escribiendo verdades doctrinales. En el capítulo 11 dio ejemplos de creyentes fieles del pasado. En el capítulo 12 dio exhortaciones a los creyentes en el presente basadas en la fidelidad de aquellos santos del pasado. Ahora, en el capítulo 13, reúne una mezcolanza de asuntos diversos que necesitan atención al cerrar su epístola. Estos asuntos conciernen al amor, la hospitalidad, el matrimonio, y los líderes de la iglesia, todo lo cual compondrá las evidencias de la fe esperadas de aquellos que se llaman cristianos.

La primera evidencia de la fe verdadera es el «amor fraternal» (gr. philadelphia): de philos (afecto entrañable) y delphos (hermano); literalmente, «la philadelphia debe continuar». En resumen, los cristianos se aman unos a otros (cf. Rom. 12:10; 1 Tes. 4:9; 1 Ped. 1:22; 2 Ped. 1:7). Después de todo, la Iglesia es una familia espiritual, que comparte un vínculo mucho más alto que las meras relaciones de sangre. La philadelphia es, por tanto, una hermandad cristiana que promueve y exhibe amor (cf. Jn. 13:34-35; 15:12, 17). La audiencia original parece haber tenido philadelphia entre sí, y aunque había divisiones entre ellos debido a la inestabilidad de la fe de algunos, habían de continuar en su hermandad de amor y no dividirse. El amor mutuo debía perseverar a pesar de sus circunstancias.

Al enseñar el amor fraternal, es posible que el autor también tuviera en mente a compañeros judíos que no eran cristianos. Así, la audiencia judía que se había convertido a la fe cristiana también habían de continuar su amor por sus hermanos judíos incrédulos sin apartarse de ellos. Pero el mandato principal en 13:1 es que el amor por los hermanos cristianos continúe. El que continúe implica que ya existía. Todos los cristianos tienen amor y no necesitan orar por más. Solo necesitan poner en pleno movimiento el amor que Dios ha derramado en sus corazones y amar como Cristo ama.

La segunda evidencia de la verdadera fe cristiana es la philoxenia, u hospitalidad (v. 2)—literalmente, «la philoxenia no debe olvidarse». La philoxenia era también una clase de hermandad—la Iglesia compuesta tanto de «la philadelphia» como de «las philoxenias». En la iglesia primitiva la hospitalidad era vital, puesto que la persecución expulsó a muchos cristianos de sus hogares y trabajos. También había predicadores itinerantes que necesitaban alojamiento (cf. 3 Juan 5-8). Aunque es requerido que los supervisores sean hospitalarios para poder ocupar el oficio de supervisor/anciano (Tito 1:8), la hospitalidad ha de ser practicada por todos los santos (Rom. 12:13). Algunos incluso «sin saberlo, hospedaron ángeles», como fue el caso de Abraham y Lot (Gén. 18-19). Dios puede enviar personas indeseables a Su pueblo para hospedarlos, ¡y bien podrían ser angelicales! En resumen: un cristiano fiel es hospitalario con todos.

Una tercera evidencia de la fe verdadera es la preocupación por los «presos» (v. 3), específicamente cristianos encarcelados por predicar el evangelio. Este mandato era peligroso, porque como muchos habían sido encarcelados en el primer siglo por su fe, llevarles ayuda era considerado culpabilidad por asociación. En otras palabras, llevarle a un prisionero cristiano comida o agua ponía a ambas partes en peligro. Sin embargo, estos presos necesitaban alimento, cosas esenciales que por lo general no se proveían a los criminales condenados en el Imperio romano. Pero, peligroso o no, el ministerio a un prisionero cristiano es servicio a Cristo mismo, porque al ayudarlos, le servimos a Él. De hecho, cualquier ministerio de cuidado hacia otros necesitados es considerado servicio a Jesucristo mismo (cf. Mt. 25:36, 40).

Algo para reflexionar

¿Y si un ángel visitara la puerta de tu casa, pidiendo comida, agua, o dinero? Este ángel podría no verse como tú piensas que debería verse un ángel. Tal vez esté sucio y huela mal. Pero ya sea un ángel o solo un hombre necesitado, nuestra tarea como cristianos es amar y cuidar de los tales. ¡Mantente alerta!