Hebreos 13:10-14 ― Así como actuó Jesús, así también nosotros debemos actuar
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Hebreos 13:10-14 ― 10 Nosotros tenemos un
altar del cual no tienen derecho a comer los que sirven al tabernáculo. 11 Porque
los cuerpos de aquellos animales, cuya sangre es llevada al santuario por el
sumo sacerdote como ofrenda por el pecado, son quemados fuera del
campamento. 12 Por lo cual también Jesús, para
santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. 13 Así
pues, salgamos a Él fuera del campamento, llevando su oprobio. 14 Porque
no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos la que está por
venir.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------
COMENTARIOS:
En Yom Kipur (Día de la Expiación en Levítico
16), el sumo sacerdote judío ofrecía a Dios una ofrenda por el pecado de
sangre (un novillo y un macho cabrío), tanto para él como para Israel, como
expiación anual por pecados cometidos en ignorancia. Después de que la sangre
de estos animales se ofreciera en el Lugar Santísimo, sus cadáveres eran
llevados fuera de la puerta de la ciudad para ser quemados. Este sistema judío
de sacrificio era temporal y apuntaba a un sacrificio superior que más tarde se
cumplió en Jesucristo. Así que cuando el autor de Hebreos escribe:
"Tenemos un altar..." en el v. 10, se dirige a otros judíos que
tenían tal altar en el tabernáculo de Jerusalén. Aunque los sacerdotes que
servían allí comían regularmente la carne que sacrificaban como provisión dada
por Dios, no tenían "derecho" a comerla en Yom Kipur, ya que los cuerpos
de los animales debían ser sacados "fuera del campamento" y quemados
ese día especial.
En el v. 12, se hace una comparación entre Yom Kipur y Cristo. Así como
el sumo sacerdote en Yom Kipur hacía expiación de sangre por los pecados de
Israel y luego mandaba a quemar los cadáveres de los animales muertos fuera de
la puerta, Jesús también "para santificar al pueblo mediante su propia
sangre, padeció fuera de la puerta". Así como el sacerdote del Antiguo
Testamento debía separarse de los pecados del pueblo en Yom Kipur, no comiendo carne
sacrificada, así también los cristianos deben permanecer fuera del campamento
del sistema mundano del mal, sin participar más en sus costumbres, prácticas, y
valores. Así como Jesús, "el Cordero de Dios que quita el pecado del
mundo" (Jn.
1:29), sufrió fuera de la puerta de la ciudad para hacer a los creyentes
santos, así también los creyentes han de separarse a sí mismos del mundo.
Por supuesto, el antiguo sistema de sacrificios animales fue abolido en
Cristo, y aunque en su momento apuntó a algo más grande, eso más grande llegó:
Jesús. Su altar de adoración habla del sacrificio perfecto en la cruz, hecho de
una vez por todas, no una vez al año, año tras año. Contrariamente al Israel
del Antiguo Testamento, cuando los cristianos pecan en pensamiento, palabra, u
obra, no toman un cordero y buscan a un sacerdote; buscan a Cristo solamente,
cuya sangre pagó por todos sus pecados—pasados y futuros. Aunque hay
similitudes entre los sacrificios de Yom Kipur y el de Cristo, terminan aquí,
porque mientras que la sangre de Cristo fue ofrecida para "santificar al
pueblo" (hacerlos santos), la sangre animal del Antiguo Testamento
ofrecida en el tabernáculo nunca eliminó el pecado ni santificó a nadie (10:4).
Meramente "expiaba" el pecado, cubriéndolo hasta que Jesús vino y lo
abolió por completo.
Ahora bien, Cristo, al morir fuera de las puertas de la ciudad como un
criminal común y comparado con un cadáver de animal muerto, "con los
transgresores fue contado" (Isa.
53:12), a pesar de que era sin pecado. Siendo clavado a un madero o cruz,
Jesús fue hecho maldito (Gál.
3:13), a pesar de que Él es el Bendito. Peor aún, soportó burlas y
desprecio mientras estaba en la cruz (Mt.
27:38-44), a pesar de que merecía adoración. Los creyentes también deben salir
"a Él fuera del campamento, llevando su oprobio" (v. 13). Como
estamos espiritualmente separados del sistema mundial pagano en el que vivimos,
cuando "salimos" de éste, vamos a Cristo, que también está fuera del
sistema mundial pagano. Allí sufrimos la misma vergüenza que Él sufrió por
enseñar las mismas cosas que Él enseñó, y por actuar de la misma manera que Él
actuó.
¿Ahora deberíamos esperar solo tristeza y fatalidad en nuestra fe? ¡En
absoluto! Porque "buscamos la [ciudad] que está por venir" (v. 14).
Aquí somos residentes temporales, extranjeros espirituales. ¡Este mundo no es
nuestro hogar! Así como los hombres y mujeres de fe del pasado, nosotros miramos
hacia el futuro—hacia las promesas de Dios de un nuevo cielo y una nueva tierra
(Ap.
21:1), un reino gobernado por nuestro Rey, Jesús.
Algo para reflexionar
Nosotros, como cristianos, vivimos en este mundo impío, pero ciertamente no tenemos por qué ser participes de él. La Escritura nos dice: "No estéis unidos en yugo desigual con los incrédulos, pues ¿qué asociación tienen la justicia y la iniquidad? ¿O qué comunión la luz con las tinieblas? ¿O qué armonía tiene Cristo con Belial? ¿O qué tiene en común un creyente con un incrédulo?" (2 Cor. 6:14-15). Por tanto, no tenemos nada en común con el sistema del mundo y debemos estar separados de él (2 Tim. 2:4). ¡Qué triste es cuando los cristianos empiezan a parecer y comportarse igual que el mundo malvado que nos rodea!