Hebreos 13:17 ― Obedecer a los líderes de la iglesia

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor Iglesia Bíblica Harvest)

Hebreos 13:17 ― 17 Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos, porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta. Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para vosotros.

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COMENTARIOS:

Los líderes de la iglesia tienen la tarea dada por Dios de cuidar de la Iglesia de Cristo en la tierra: sirviendo a Su pueblo, predicando Su palabra. Han de predicar la Escritura, redargüir, reprender y exhortar—a tiempo y fuera de tiempo—con paciencia e instrucción cuidadosa (2 Tim. 4:2). Al hacerlo, “pastoread el rebaño de Dios entre vosotros, velando por él, no por obligación, sino voluntariamente, como quiere Dios; no por la avaricia del dinero, sino con sincero deseo; tampoco como teniendo señorío sobre los que os han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebaño” (1 Pe. 5:2-3).

Mientras que Hebreos 13:7 nos recuerda: “Acordaos de vuestros guías que os hablaron la palabra de Dios, y considerando el resultado de su conducta, imitad su fe”, Hebreos 13:17 nos manda: “Obedeced a vuestros pastores y sujetaos a ellos”. “Acordarse” (gr. mnēmoneuō) es un mandato de recordar a los que nos enseñaron la palabra de Dios e imitar su fe. Pero “obedecer” (gr. peithō) significa “seguir”, habiendo sido persuadidos por nuestros líderes de algún curso de acción. Aunque a los cristianos también se les enseña a obedecer a sus líderes gubernamentales (Rom. 13:1; Tito 3:1; 1 Pe. 2:13-14), el contexto aquí trata de los líderes de la iglesia (es decir, pastores, ancianos, diáconos), pues Dios ha fundado tres instituciones mediante las cuales Él gobierna desde el cielo, y a las cuales Su pueblo debe someterse: la familia, el gobierno, y la iglesia. En obediencia a Dios, por tanto, nos sometemos a nuestros líderes.

La razón para obedecer y someternos a los líderes escogidos por Dios en la iglesia en el v. 17, siempre y cuando sean hombres piadosos que siguen a Cristo, es que “ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta”. “Velar” (gr. agrupneō) literalmente significa “sin dormir”, en el sentido de permanecer despierto para proteger algo vulnerable. Lo vulnerable aquí son ovejas, aunque no ovejas literales sino las ovejas referidas al pueblo de Dios en Cristo. Como sub-pastores del Buen Pastor (Cristo), los ancianos-pastores-diáconos (es decir, los líderes) oran incansablemente por los miembros de la iglesia, cuidan de ellos y hacen todo lo que está dentro de sus limitadas facultades para protegerlos de influencias externas que podrían corromper e incluso arruinar sus vidas mismas. Un ejemplo de esto fue Epafras, de quien Pablo dijo a la iglesia en Colosas que estaba “siempre esforzándose intensamente a favor vuestro en sus oraciones, para que estéis firmes, perfectos y completamente seguros en toda la voluntad de Dios” (Col. 4:12).

Un día, Dios convocará a Sus sub-pastores designados (pastores, ancianos, diáconos) para que “den cuenta” de la madurez espiritual de aquellos que Él puso bajo el cuidado de ellos en las iglesias. Aquellos líderes que oraron diligentemente por las ovejas a su cuidado, que les enseñaron la palabra de Dios, y les aconsejaron de aplicarla y obedecerla, y que modelaron el verdadero amor por Cristo, puede que hayan producido o no una iglesia madura. Pero, habiendo sido fieles a su tarea, no tendrán nada que temer de Dios. Pero aquellos que consintieron a los miembros de la iglesia, que no enseñaron la Escritura en su totalidad, que no trabajaron en oración, y que no modelaron amor por Cristo, tendrán mucho que temer.

En cuanto a los líderes de la iglesia, Jesús dijo: “El que recibe al que yo envíe, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me envió” (Jn. 13:20). Pablo escribió: “Y yo muy gustosamente gastaré lo mío, y aun yo mismo me gastaré por vuestras almas” (2 Cor. 12:15). Asimismo, Juan pudo decir: “No tengo mayor gozo que este: oír que mis hijos andan en la verdad” (3 Juan 4). Por tanto, predicar la palabra de Dios y amar a Su pueblo son las tareas esenciales para los líderes de la iglesia. Ahora bien, la tarea de los miembros de la iglesia es: “Permitidles que lo hagan con alegría y no quejándose, porque eso no sería provechoso para vosotros”.

Así que es deber de la Iglesia ayudar a sus líderes a gobernar con gozo y placer. El fracaso en esto por parte de los miembros de la iglesia solo trae “queja” (gr. stenazō), literalmente un “gruñido” que los pastores conocen demasiado bien. Además, no traer gozo a los líderes de la iglesia desagrada a Dios, conducta que sería “no provechoso” (gr. alusitelēs), un término que significa “sin beneficio ni ganancia”.

Alimento para pensar

Hablando por experiencia, los pastores gozosos y satisfechos sirven en iglesias donde sus miembros exigen predicación bíblica de su pastor. No exigen perfección, puesto que los pastores no son perfectos, pero sí insisten en que sus pastores vivan irreprensiblemente. Puede haber, por supuesto, momentos en que los cristianos no deben someterse a sus líderes, tiempos oscuros cuando los líderes de la iglesia no están en comunión con Cristo—viviendo para su propia satisfacción, no para la gloria de Dios. Si es así, su pecado debe ser evidente y sacado a la luz públicamente (cf. 1 Tim. 5:19-20), no en reuniones privadas donde la iglesia queda en la oscuridad. Pero en la medida en que nuestros líderes sean piadosos, esforcémonos por someternos a ellos y honrar su autoridad dada por Dios, su velar/cuidar sobre nuestras mismas almas. Si ellos son genuinos, están siguiendo fielmente a Cristo. En tales casos, por tanto, podemos seguirlos con seguridad.