Hebreos 13:4a ― Honra el matrimonio

Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)

Hebreos 13:4a ― Sea el matrimonio honroso en todos...

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COMENTARIOS:

Continuando la lista de evidencias cristianas de Hebreos 13, el v. 4 presenta un cuarto fruto que crece en la vida de los cristianos: un matrimonio honroso. El hecho de que el autor siquiera abordara el tema del matrimonio apunta a que el matrimonio estaba siendo corrompido, quizá incluso en las iglesias. Se sabe que ciertas influencias ascéticas en la iglesia primitiva minimizaban el matrimonio en favor del celibato. Algunos, como Orígenes, un teólogo del siglo tercero, se castraban, creyendo que podrían servir a Cristo más vigorosamente como eunucos. Esto es extraño, sin embargo, a la luz de cómo el Apóstol Pablo advirtió que en los postreros tiempos aparecerían maestros apóstatas prohibiendo cosas como el matrimonio (1 Tim. 4:3). La verdad es que Dios ordenó el matrimonio y lo hizo honroso.

A diferencia del texto en español donde «matrimonio» es mencionado primero, para énfasis, el texto griego coloca «honroso» (gr. timios) como la primera palabra en el v. 4, un término usado en el NT para describir a un maestro muy respetado (Hch. 5:34), gemas valiosas (1 Cor. 3:12), la sangre de Jesús (1 Pe. 1:19), las promesas de Dios que hacen a los creyentes partícipes de Su naturaleza divina (2 Pe. 1:4), y en referencia al fruto de la tierra por el cual un agricultor trabaja diligentemente (Stg. 5:7). Que Dios Padre creó el matrimonio es equivalente a su honor como institución. Jesús Hijo igualmente honró el matrimonio, realizando su primer milagro en una boda (Juan 2). Y el Espíritu Santo honró el matrimonio al usarlo como una imagen de la Iglesia en el NT (Ef. 5:22-33; Ap. 19). El que el matrimonio sea «honroso» significa, pues, que es único, algo de altísimo valor, que debe ser profundamente atesorado. ¡Qué distante de aquellos hoy que denuncian el matrimonio como violación legal, o se burlan de él como una especie de prisión!

Dios creó el matrimonio en Génesis 2:18, santo matrimonio entre un hombre y una mujer—varón y hembra nacidos como tales—teniendo al menos tres propósitos. Primero, la procreación de los hijos, dada primero a Adán y Eva por Dios, quien les dijo: «Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra» (Gén. 1:28). Segundo, el matrimonio debía ser una prevención contra el pecado sexual: «No obstante, por razón de las inmoralidades, que cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido» (1 Cor. 7:2). En otra parte, Pablo aconseja a los no casados y a las viudas que se casen si carecen de dominio propio (vv. 8-9). Tercero, el matrimonio fue una medida preventiva contra la soledad: Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo; le haré una ayuda idónea» (Gén. 2:18). ¡Y así lo hizo!

Algo para reflexionar

¿Cómo podríamos como cristianos «honrar» el matrimonio? Primero, mediante el liderazgo masculino, porque Dios es honrado en una familia donde el esposo dirige/lidera a la familia: «la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre... Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia» (1 Cor. 11:3; Ef. 5:23). Segundo, el matrimonio es honrado cuando la esposa permite dicho liderazgo, estando sujeta a su marido (Ef. 5:22-24, 33; 1 Pe. 3:1-6). Ningún hombre puede dirigir a su esposa a menos que su esposa lo permita. Así, una esposa que permite que su marido la dirija a ella y a su familia honra el matrimonio. Tercero, el matrimonio es honrado cuando tanto la esposa como el esposo se honran mutuamente: «Y vosotros, maridos… convivid de manera comprensiva con vuestras mujeres, como con un vaso más frágil, puesto que es mujer, dándole honor como a coheredera de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no sean estorbadas» (1 Pe. 3:7). Por tanto, los maridos han de ser hombres dignos de una esposa que se someterá a ellos. En otras palabras, hombres, amen a vuestras esposas «así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella» (Ef. 5:25). Una esposa no tendrá dificultad en someterse a un hombre que ama a Cristo y que la ama a ella como Cristo amó a la Iglesia. Es honroso para la institución del matrimonio obedecer las pautas de Dios para el matrimonio, y es provechoso para un matrimonio feliz y pleno.