Hebreos 13:4b ― El lecho matrimonial sea sin mancilla
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Hebreos 13:4b ― ...y el lecho matrimonial sin
mancilla, porque a los inmorales y a los adúlteros los juzgará Dios.
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COMENTARIOS:
El matrimonio, una santa creación de Dios que ha de ser «honrado» por el
hombre (Heb.
13:4a), exige que el «lecho» (gr. koita) matrimonial sea «sin
mancilla». Aunque un «lecho» puede referirse obviamente a un mueble para
dormir, también se usa como eufemismo para relación sexual (cf. Rom.
13:13), y en el sentido de concepción (Rom.
9:10). En Hebreos 13:4 se refiere a la relación sexual entre esposo y
esposa, específicamente en el matrimonio entre dos cristianos. Su unión sexual
debe ser «sin mancilla» (gr. amiantos)—palabra usada en 7:26
para Jesucristo como el gran Sumo Sacerdote que es «santo, inocente,
inmaculado». También se usa en Santiago
1:27 para describir la herencia eterna «sin mácula» que los cristianos
recibirán al entrar al cielo. Así, la relación sexual entre un esposo cristiano
y una esposa cristiana debe ser la relación más pura que dos seres humanos
pueden tener, pues se la compara no solo con el cielo sino con Cristo mismo.
Aunque divinamente honroso, el matrimonio es una de las instituciones
dadas por Dios más abusadas por la humanidad. Sin embargo, no importa cómo el
hombre intente redefinir el matrimonio, la definición de Dios es inmutable. Los
que mancillan/contaminan el lecho matrimonial son llamados pornos y moichos—«inmorales»
y «adúlteros», respectivamente. El adulterio es el pecado que cometen las
personas casadas cuando tienen relaciones sexuales con alguien que no es su
cónyuge; la fornicación es el acto de participar en cualquier actividad sexual
fuera del matrimonio. Cuando el Apóstol Pablo dijo a la iglesia en Corinto que
no anduvieran con personas sexualmente inmorales (pornos) (1
Cor. 5:9), les estaba advirtiendo que ni siquiera se asociaran con cristianos
profesantes que estuvieran fornicando. Debían ser expulsados de las reuniones
de la iglesia.
En otra parte del NT, el Apóstol Pablo advierte respecto de pornos
(inmoralidad), diciendo: «Que nadie os engañe con palabras vanas, pues por
causa de estas cosas la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia» (Ef.
5:6). Pablo, por tanto, dijo: «Huid de la fornicación. Todos los demás
pecados que un hombre comete están fuera del cuerpo, pero el fornicario peca
contra su propio cuerpo» (1
Cor. 6:18). Por tanto, «que la inmoralidad, y toda impureza o avaricia, ni
siquiera se mencionen entre vosotros, como corresponde a los santos» (Ef.
5:3).
Dios es un Dios que juzga a los pecadores. Puesto que Él ha trazado
amorosamente sus requisitos para aquellos que claman a Él por salvación, no hay
excusas para quienes ignoran Sus enseñanzas. Hebreos 13:4 enseña claramente que
Dios juzgará el pecado sexual; Él evaluará, decidirá, y condenará. Ahora bien,
dado que Él dictará el juicio final sobre los pecadores, la tarea de otros
cristianos es advertir sobre el juicio de Dios. Tristemente, esto a veces se
considera antibíblico, ya que con frecuencia se confunde con juzgar a otros (Mt.
7:1). En realidad, las advertencias del juicio inminente de Dios son
verdaderos actos de amor fraternal (v.
1), pues advierten al pueblo de Dios a evitar la severa disciplina de Dios
por el pecado.
Los matrimonios y las familias han sido destrozados por el pecado sexual
durante milenios. Aunque las personas siguen con sus vidas después, nunca
vuelven a ser exactamente las mismas. Enfermedades sexuales y problemas
emocionales, violencia, e incluso asesinato siguen a cónyuges infieles. Cuando
estos pecados se encuentran entre cristianos, siguen las mismas consecuencias,
pero aún peor, el evangelio es estorbado. Dios creó el sexo para ser hermoso
dentro del matrimonio, pero destructivo fuera de él. ¡Permanece dentro de él!
Algo para reflexionar
Puede que hayas pecado sexualmente en algún momento de tu vida, o puede que hayas hecho de ello un hábito durante toda tu vida. Pero la pureza sexual debe comenzar a echar raíces cuando venimos a Cristo, independientemente de cuán sexualmente pervertidos hayamos sido antes. Dios exige pureza y santidad entre Su pueblo, y juzga a los que son impuros. No sea que pienses que la pureza sexual es inalcanzable, el Espíritu de Dios dice lo contrario, porque Él la concede en plena medida a todos los que confían en Cristo.