Hebreos 13:5-6 ― Sé sin avaricia
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Hebreos 13:5-6 ― 5 Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis, porque Él
mismo ha dicho: Nunca te dejaré ni te desampararé, 6 de
manera que decimos confiadamente: El Señor es el que me ayuda; no temeré. ¿Qué podrá
hacerme el hombre?
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Continuando la
lista de evidencias cristianas a partir de Hebreos 13:4, la quinta evidencia de
un cristiano genuino es que está libre del amor al dinero. El amor al dinero es
codicia, hallada en muchos cristianos, y sin embargo rara vez se confiesa como
pecado. Clara y sencillamente, el amor al dinero es una afrenta a Dios porque
revela desconfianza en Dios. El dinero, en sí mismo, no es algo pecaminoso; es
el amor al dinero lo que es la raíz de todos los males (1
Tim. 6:10). Por él Acán perdió a su familia y su vida y la vida de al menos
otros 36 (Jos.
7:1, 5, 25). Giezi, criado de Eliseo, se volvió codicioso y así obtuvo la
lepra que había dejado a Naamán (2
Re. 5:15-27). Pero el peor de todos fue Judas Iscariote, quien traicionó al
Señor Jesús por 30 piezas de plata.
A algunas
personas les gusta acumular dinero, a otras les gusta gastarlo en sí mismas y
exhibir su riqueza, y otras simplemente sienten una emoción al adquirir más y
más. ¡Y, sin embargo, nunca parecen tener suficiente! Los verdaderos
cristianos, sin embargo, deben estar libres del amor al dinero – sin avaricia.
Esta frase en español proviene de tres palabras griegas: «a» (no), «phileo»
(afecto; amor), y «arguros» (plata). Juntas significan «sin afecto por la
plata». En contraste con amar el dinero, el creyente genuino en Cristo está
«contento» con lo que tiene (v. 5); está «satisfecho». Pero estar satisfecho
exige algo con lo cual estar satisfecho, y los cristianos deben estar
satisfechos con el Espíritu que los sella como garantía de redención eterna (Ef.
1:13-14). El error, por tanto, de poner el amor y la fe en el dinero es que
tiende a reemplazar a Dios como el ancla del alma en tiempos de prueba. Pero un
cristiano genuino está contento simplemente con conocer a Cristo.
Una de las
promesas de Dios a Israel fue que Él no los dejaría ni los desampararía (Deut.
31:6, 8; Jos. 1:5). El escritor de Hebreos les recordó a los cristianos
exactamente lo mismo, porque el dinero no era necesario para vivir
abundantemente. Los que creen lo contrario nunca pueden dirigir apropiada o
eficazmente, ya que el dinero es su verdadero amor. Los líderes eficaces en la
iglesia, y todos los cristianos genuinos en ese sentido, conocen y cuentan con
las promesas de Dios de que Él nunca los dejará. Por tanto, no necesitan una
abultada cuenta bancaria para darles seguridad. De hecho, saben que el amor al
dinero no concede ninguna garantía de seguridad y solo debilita su fe. Los
líderes cristianos que aman el dinero demuestran ser líderes débiles porque no
pueden confiar en Dios.
Cuando el texto
dice que Dios nunca «dejará» a Su pueblo, significa que Él nunca los rechazará,
ni relajará Su relación con ellos, ni dejará que se hundan. Está precedido por
dos negaciones en el texto griego que enfatizan esa imposibilidad.
Literalmente, el texto dice: «No, no dejaré de sostenerte ni de sustentarte».
La palabra «desampararé» se refiere a alguna circunstancia en la que una
persona podría encontrarse indefensa o abandonada, y hay tres negaciones antes
de esta palabra. Literalmente: «No, nunca, no te defraudaré». ¡Eso sí que es
énfasis!
La confirmación
de la fe en el v. 6 proviene del Salmo
118:6—un salmo mesiánico cumplido en Cristo y reivindicado por cristianos.
Así que, puesto que el Señor ayuda y ha garantizado Su auxilio, no hay a quién
temer. Esta es una afirmación con «confianza» que revela una fe sólida y
absoluta en la promesa de Dios.
Algo para reflexionar
Algunos en la Iglesia hoy han caído presa del amor al dinero, afirmando necesitarlo como un cochón de seguridad por si algo malo llegara a suceder. Una familia en Europa oriental dijo a unos misioneros estadounidenses: «Nosotros estamos sufriendo, pero ustedes en América están muy cómodos; y siempre es más difícil ser un buen cristiano cuando uno está cómodo. ¡Tengan por seguro que estamos orando por ustedes!». ¡Qué ironía! Nosotros lo tenemos todo; ellos tienen poco. ¡Den gracias a Dios por las oraciones de ellos!