Santiago 1:1b-2 ― Regocijarse en las pruebas
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Santiago 1:1b-2 ― 1 …A las doce tribus que
están en la dispersión: Saludos. 2 Tened por sumo gozo,
hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas…
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La nación de Israel comenzó con Abraham y su
nieto Jacob, cuyo nombre Dios más tarde cambió a Israel, quien engendró 12
hijos. Estos llegaron a ser las 12 tribus de Israel. Aunque fueron una nación
bajo David y Salomón (alrededor del 1000 a. C.), se dividieron en el 930 a. C.
en 10 tribus en el norte (Israel), y dos tribus en el sur (Judá). Las tribus
del norte sucumbieron ante los asirios en el 722 a. C., aunque miembros de las
10 tribus migraron al sur, a Judá. Luego, en el 586 a. C., el reino de Judá fue
saqueado por los babilonios. Aunque las 12 tribus fueron llevadas en cautiverio,
y solo Judá y Leví mantuvieron sus genealogías hasta el año 70 d. C., las 12
tribus un día volverán a unirse bajo su Mesías (Isa.
11:12-13; Jer. 3:18; 50:19; Ezeq. 37; Ap. 7:5-8).
La audiencia principal de Santiago estaba
compuesta por miembros de cada tribu de Israel que habían llegado a la fe en
Jesucristo. Es claro que la persecución judía en Jerusalén comenzó justo
después de la lapidación de Esteban (alrededor del 35 d. C., Hch.
7:58-8:3), y se intensificó después de que Jacobo, el hijo de Zebedeo, fue
matado por Herodes Agripa en el 44 d. C. (Hch.
12:1-2). Fue en ese tiempo que el Apóstol Pedro fue arrestado por predicar
a Cristo en Jerusalén (Hch.
12:3). Como resultado, muchos judíos de Jerusalén se dispersaron, estaban “en
la dispersión”, en Palestina y sus alrededores. Santiago les escribió, animando
a estos cristianos judíos a “tener por sumo gozo…el que os halléis en diversas
pruebas…” (v. 2).
Las pruebas de las que habla Santiago
conciernen a la persecución que los cristianos judíos soportaron después de ser
dispersados. Sin embargo, Santiago los animó diciendo que Dios tiene un
propósito divino para las pruebas y aflicciones, y ha ordenado el sufrimiento
como una vía por la cual Él moldea y forma a Su pueblo. Notar:
- Las
pruebas nos entrenan, porque Dios disciplina a los que ama (Heb.
12:6).
- Las
pruebas determinan nuestro amor por Dios (Dt.
10:12; cf. 13:3), siendo Abraham un ejemplo principal en su
disposición a sacrificar a su hijo Isaac (Gen.
22). Lo que él demostró fue que amaba a Dios más que a su propio hijo.
Jesús dijo: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, a su
mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no
puede ser mi discípulo” (Lc.
14:26).
- Las
pruebas nos equipan para ayudar a otros. Jesús le dijo a Pedro: “Satanás
os ha reclamado para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti
para que tu fe no falle; y tú, una vez que hayas regresado, fortalece a
tus hermanos” (Lc.
22:31-32, cursivas mías).
- Las
pruebas examinan la calidad de nuestra fe. Los que se quejan en sus
pruebas tienen una fe débil, pero los fuertes confían en el plan soberano
de Dios en medio de su sufrimiento (p. ej., Moisés e Israel en Éx.
16:4; cf. Dt. 13:3-4; Ezequías en 2
Crón. 32:31; y Job).
- Las
pruebas examinan nuestra determinación de seguir a Cristo, como los héroes
de la fe en Hebreos
11, todos los cuales miraron más allá de sus aflicciones terrenales
hacia su esperanza celestial.
- Las
pruebas como perder el trabajo o las posesiones nos recuerdan que Dios es
todo lo que necesitamos. Nuestra riqueza, títulos de posgrado, y éxitos,
tienden a envanecernos y a impedirnos confiar en Dios para todas las cosas
(cf. Moisés en Éx.
2:11-25 y Felipe en Jn.
6:5-7). Las pruebas ayudan a deshacer esto.
- Las
pruebas nos humillan y nos recuerdan que Dios tiene el control, no
nosotros. Notar cómo Dios trató con Pablo y su llamada “espina en la
carne” (2
Cor. 12:7).
- Las
pruebas hacen que anhelemos el cielo mientras, al mismo tiempo, saboreamos
la oportunidad de servir fielmente a Cristo en medio de ellas (cf. Flp.
1:23-24; Rom. 8:18-25; 2 Cor. 4:14, 16-18).
Pablo dijo: “me complazco en las debilidades, en insultos, en privaciones, en persecuciones y en angustias por amor a Cristo; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2 Cor. 12:9-10).