Santiago 1:13 ― Probados por Dios, no tentados
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Santiago 1:13 ― 13 Que nadie diga cuando es tentado:
Soy tentado por Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal y Él mismo no
tienta a nadie.
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COMENTARIOS:
Puesto que el término griego detrás de “prueba” (peirazō) también puede
traducirse “tentación”, el contexto debe determinar la traducción al español.
Las pruebas son claramente el tema de los vv. 2-4
y 12, pero en el v. 13 el contexto cambia a la tentación, y Santiago
distingue entre las dos. Mientras que Dios ciertamente ordena pruebas en la
vida de Su pueblo para sacar a la luz la naturaleza oculta de sus corazones y
madurar su fe, Él nunca tienta a Su pueblo a pecar. Por ejemplo, Dios puede
probar a un hombre permitiendo que pierda su empleo sin culpa alguna de su
parte. En respuesta, el hombre podría cuestionar el amor de Dios, o incluso Su
existencia si su desempleo se prolonga. Asimismo, Dios podría ordenar que una
madre sea privada de su hijo, impulsándola a ser tentada a creer que Dios la ha
olvidado, o que Él no es verdaderamente bueno. Como el Predicador o Maestro (heb.
Qohelet) en Eclesiastés, quien observó la vanidad de la vida (1:2;
12:8) a la luz de cuán injusta puede ser la vida, el hombre puede ser
tentado a culpar o cuestionar a Dios por todas las cosas aparentemente injustas
que le suceden. Santiago, como Qohelet, deseaba que los verdaderos creyentes
perseveraran bajo estas pruebas (v.
12). Esto, por supuesto, implica permanecer fiel bajo la prueba, hallando
gozo en medio de ellas mientras se ora por sabiduría (1:2-5).
En realidad, nuestra tentación interior a pecar es congénita desde
nuestra concepción. Nuestra voluntad es libre para escoger, pero nuestra
voluntad también está depravada. Incluso nuestras buenas decisiones se toman
por razones egoístas, porque cuando se nos da la oportunidad de hacer lo
correcto, si tenemos éxito, esperamos algo por nuestros esfuerzos—ya sea
reconocimiento o pago, o ambos. Incluso cuando tomamos la decisión incorrecta
por razones correctas, culpamos a alguien o a algo más por esa decisión. ¡Nada
es más común entre la humanidad! Pero esto no es así con Dios. Él es santo y
puro, incapaz de pecar o de tentarnos a pecar.
Santiago deduce que, puesto que Dios no puede ser tentado por el pecado,
por lo tanto Él nunca podría tentar a nadie a pecar. Donald Burdick comenta,
diciendo: “[Dios] no puede ser tentado con éxito. Su voluntad omnipotente y
santa resiste plenamente cualquier invitación al pecado. Además, en Él no hay
la más mínima depravación moral a la que la tentación pueda resultar. Por lo
tanto, es inconsistente pensar que Dios pudiera ser el autor de la tentación”.
Así que, puesto que no hay depravación moral inherente dentro de Dios a
la cual el diablo pueda recurrir, los esfuerzos de Satanás para atrapar a Dios
en pecado son inútiles. Esto puede verse en sus esfuerzos por tentar a Jesús—Dios
en carne—a pecar durante los 40 días en el desierto (Mt.
4:1-11; Lc. 4:1-13). Aunque Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto
para ser probado, el diablo usó la oportunidad para tentarlo a pecar. Esta es
una ilustración perfecta de lo que Santiago está diciendo. Los cristianos
obviamente son guiados por el Espíritu de Dios a tiempos de prueba, pero en
esas situaciones abundan las tentaciones satánicas.
Alimento para reflexionar
Puesto que está claro que Dios prueba a Su pueblo—desde Abraham (Gén.
22:1) hasta José (Gén.
40-50), Job (Job
1:12; 2:6), Israel (Jue.
2:22), y Ezequías (2
Crón. 32:31; cf. 2 Re. 20:12-19)—los creyentes deben orar como Jesús nos
enseñó: “no nos metas en tentación, mas líbranos del mal” (Mt.
6:13). Pero ¿por qué orar esto si en realidad Dios no puede tentarnos?
Respuesta: para que mientras Dios nos prueba, busquemos fervientemente Su
misericordia, que Él no permita que las tentaciones de Satanás prevalezcan
sobre nuestras debilidades (cf. Prov.
30:8-9). Así Pablo nos asegura que “No os ha sobrevenido ninguna tentación
que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros
seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación
proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla” (1
Cor. 10:13). Por lo tanto, nuestra oración es que Dios sea fiel a Su
palabra y nos asegure que los pecados a los que más tememos sucumbir nunca nos
vencerán durante nuestras pruebas. Tal oración está garantizada de ser
respondida afirmativamente, tal como la oración por sabiduría en 1:5.