Santiago 1:19-20 ― Sean prontos para oír
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Santiago 1:19-20 ― 19 Esto sabéis, mis amados
hermanos. Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para
la ira; 20 pues la ira del hombre no obra la justicia de
Dios.
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COMENTARIOS:
La audiencia de
Santiago estaba esparcida más allá de la región palestina debido a una severa
persecución de cristianos judíos en Jerusalén y sus alrededores en el primer
siglo (1:1;
cf. Hch. 8:1ss.; 12:1ss.). Tanto ricos como pobres tuvieron que dejar sus
hogares para hallar refugio (1:9-11),
y Santiago los desafió a hallar gozo en medio de sus pruebas ordenadas por Dios
(1:2-4).
Dios estaba probando el valor de su fe para beneficio de ellos, no tentándolos
a la ira. Después de todo, Dios nunca tienta a nadie a pecar (1:13).
Él prueba nuestra fe; Él nunca tienta a pecar. Así que, en un esfuerzo por
traer calma a sus hermanos en Cristo, Santiago, habiendo predicado tener gozo
en medio de las pruebas (1:2-4),
ahora instruye a los cristianos a recibir la palabra de Dios por medio de él,
siendo “prontos para oír, tardos para hablar y tardos para la ira”.
Aunque el modo
del verbo “sabéis” es imperativo en griego, traducido “Sabed esto” o “tengan presente esto”
en la NVI y otras traducciones, la LBLA lo traduce en modo indicativo: “Esto
sabéis”. Puesto que Santiago le escribía a una audiencia judía (1:1)
cuyas Escrituras están repletas de enseñanzas sobre ser “pronto para oír, tardo
para hablar, tardo para la ira” (Prov.
10:19; 11:12-13; 17:27-28), Santiago le estaba recordando a su audiencia
cosas que ya sabían, no dándoles nuevas órdenes.
Puede haber
poca duda de que la audiencia de Santiago estaba airada por haber sido arrancada
de sus hogares. Por eso Santiago primero les dijo que fueran “prontos para
oír”. En lugar de ser rápidos para murmurar acerca de su prueba presente, como
la mayoría lo hace, debían estar ansiosos por oír a Dios hablar de su
situación. Por supuesto, ser pronto para oír también implica ser “tardo para
hablar”, porque cuando uno está dispuesto a escuchar a Dios, o a cualquiera si
vamos al caso, no interrumpe a la persona que está hablando. Esto, desde luego,
es un consejo sano para todos los cristianos, tanto entonces como ahora, en
medio de una prueba: escuchar a Dios y no ignorarlo. Después de todo, cuando
nos molestamos, nos airamos, o nos confundimos, no estamos a menudo bajo el
control del Espíritu; en cambio, estamos luchando por nuestros derechos,
exigiendo respuestas, y completamente ajenos a lo que Dios nos está enseñando.
Por tanto, la advertencia de Santiago es de gran valor para todos nosotros.
En el v. 20
Santiago explica que la ira puede ser pecaminosa. No importa en qué situación
se encuentre un cristiano, ha de reflejar la justicia de Dios. Esto incluye
justicia, misericordia, gracia, compasión, amor—todas virtudes que reflejan el
carácter santo de Dios. Obviamente, un creyente bajo el control de una ira
egoísta no puede obrar tal justicia. Ahora bien, en este contexto Santiago no
habla de la justicia que viene por medio de la fe en Cristo solamente—la
justicia de la que Pablo escribe en términos de que Dios pone al hombre en una
relación correcta consigo mismo (cf. Rom.
3:21-22; 2 Cor. 5:21). No, el contexto de justicia en Santiago concierne a
cristianos, ya justos en Cristo, haciendo lo que agrada a Dios. Jesús usó el
término “justicia” de esta manera cuando llamó a Sus discípulos a exceder las
buenas obras legalistas de los religiosos (Mt.
5:20; cf. 5:6, 10; 6:33). Dicho de manera simple, Santiago está exhortando
a su audiencia a evitar la angustia con la que estaban luchando; era un
perjuicio para ellos. En cambio, quería que se regocijaran en sus pruebas,
sabiendo que Dios estaba madurando su fe por medio de pruebas. Quería que
fueran alentados, sabiendo que las pruebas de Dios no son tentaciones al mal,
sino ocasiones para recordar la futura corona de vida (1:12).
Alimento
para reflexionar
Ser “pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira” es un gran principio en todos nuestros asuntos. Pero Santiago no está escribiendo un libro de autoayuda; nos está instruyendo en adoración. Podemos aplicarlo en la iglesia, siendo “prontos para oír” la palabra de Dios, “tardos para hablar” cuando se enseña la palabra de Dios, y “tardos para la ira” cuando oímos algo de la palabra de Dios que nos incomoda. Puesto que Dios nos habla en nuestras pruebas, hallemos ese gozo (1:2) mientras permanecemos quietos escuchándolo a Él hablar—ya sea que un pastor nos esté enseñando, o que simplemente estemos sentados quietos leyendo la palabra de Dios.