Santiago 1:26-27 – La religión verdadera
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Santiago 1:26-27 – 26 Si alguno se
cree religioso, pero no refrena su lengua, sino que engaña a su propio corazón,
la religión del tal es vana. 27 La religión pura y sin mácula
delante de nuestro Dios y Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas
en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo.
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COMENTARIOS:
En otras partes
del NT griego, la raíz de “religioso” en los vv. 26 y 27 solo se usa en Hechos
26:5 y Colosenses
2:18. Es un término general para adoración, especialmente en relación con
alguna práctica o ritual externo que honra a un dios. En vez de destacar al
cristianismo como una fe de buenas obras relacionadas con su confesión de
Cristo, Santiago parece haber estado enfatizando el núcleo de todas las
religiones, a saber, las buenas obras. Él enumera tres de ellas como pruebas de
“la religión pura y sin mácula”.
La primera
prueba de cualquier religioso es “refrena su lengua” (cf. 1:19-20;
3:1-12; 4:11-12). Como el freno y la brida son instrumentos para que el
jinete controle a un caballo (cf. 2
Re. 19:28; Isa. 30:28; 37:29), así también quien tiene religión verdadera
controla su lengua por la influencia de su dios. Los que no lo hacen no solo se
engañan a sí mismos pensando que agradan a su dios, sino que adoran a ese dios
por medio de una religión “vana” (gr. mataios). Esta palabra se traduce en
otras partes del NT como “insignificante” en relación con la adoración de
ídolos (Hch.
14:15; Rom. 1:21; Ef. 4:17). Por ende, Santiago cree que la religión de
aquellos que no pueden controlar su lengua es idolatría. Pero los que hablan
con dominio propio, que viven sin duplicidad, son propiamente “religiosos”.
Una segunda
prueba de la religión verdadera se refleja en aquellos que se preocupan por los
indefensos (cf. 2:1-13,
15-16; cf. 5:1-6), y Santiago especifica “los huérfanos y a las viudas en
sus aflicciones”. Estos dos grupos eran los más necesitados en el primer siglo
y antes. Puesto que las mujeres no eran profesionales en la fuerza laboral, y
puesto que no había agencias estatales de asistencia social para ayudarlas, las
viudas y los huérfanos no podían proveer para sí mismos, y necesitaban ser
cuidados por el pueblo de Dios. Dios no solo mandó a Israel a no afligir jamás
a la viuda ni al huérfano (Éx.
22:22), sino que exigió que fueran cuidados (Deut.
14:29). Dios condenó a Israel cuando falló en esto, recordándoles que
buscaran justicia, motivaran al oprimido, defendieran al huérfano, y abogaran
por la viuda (Isa.
1:10-17). No es de extrañar que Santiago se refiriera a Dios como “Padre”
en el v. 27, porque Dios mismo era “padre de los huérfanos y defensor de las
viudas” (Sal.
68:5). Puesto que Dios realizaba esto por medio de Su pueblo, para probar
que eran Su pueblo, ellos habían de obedecer esta ordenanza.
Una tercera
prueba de la religión verdadera es que sus adherentes se guarden “sin mancha
del mundo”, es decir, que eviten la mundanalidad (cf. 4:4-10).
Esto significa que la religión verdadera no está ligada simplemente a actos
caritativos; también debe ir seguida de una conducta moral que refleje un
corazón dedicado a Dios. En lo que concierne al cristianismo, aquellos que se
han mirado en el espejo espiritual y han visto su depravación (1:23-25),
y se vuelven a Dios para que los salve de su rebeldía pecaminosa contra Él, son
estos los que han terminado su guerra con Dios y han sido reconciliados con Él
por medio de la fe en Jesucristo. El producto de esta paz con Dios (Rom.
5:1) es una nueva vida en Cristo (2
Cor. 5:17), donde el creyente se esfuerza por distanciarse de su vida
anterior de pecado y guardarse de ser influenciado—de ser “manchado”—por el
mundo incrédulo donde vive. Esto es en verdad religión verdadera, que refleja
la adoración al único Dios verdadero.
Alimento
para reflexionar
La vida
cristiana no es una vida de religión vacía, sino de fe que produce obras. Se
trata de controlar nuestras lenguas, hablar la verdad en amor, y ayudar a los
necesitados. Mientras vivimos y respiramos en este mundo, debemos mantener una
distancia entre nosotros y la influencia corrupta del sistema mundano que
tienta nuestras lujurias. Somos aquellos que no solo profesamos amor por Cristo
y por otros con nuestros labios; demostramos ese amor en acción. Esa es la
religión verdadera.