Santiago 1:5-8 ― ¿Falto de sabiduría? Solo pídesela a Dios
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Santiago 1:5-8 ― 5 Pero si alguno de vosotros se ve falto de
sabiduría, que la pida a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin
reproche, y le será dada. 6 Pero que pida con fe, sin dudar; porque el que
duda es semejante a la ola del mar, impulsada por el viento y echada de una
parte a otra. 7 No piense, pues, ese hombre, que recibirá cosa alguna del Señor, 8 siendo hombre
de doble ánimo, inestable en todos sus caminos.
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En medio de soportar pruebas con gozo, los cristianos están formando aguante
y paciencia. Esta experiencia continua que acompaña a cada prueba es la vía por
la cual Dios moldea a Su pueblo hacia la perfección (Stg.
1:2-4). Pero se necesita sabiduría para entender esto, e incluso los
cristianos son propensos a cuestionar la bondad de Dios cuando les suceden
cosas malas. Por tanto, Santiago dice a su audiencia que simplemente pida
“sabiduría” (gr. sophia) en medio de esos tiempos cuando no pueden entender por
qué las cosas suceden como suceden. El hecho de que les diga que pidan a Dios
que les dé sabiduría significa que no poseen sabiduría inherentemente. Pero lo
que al hombre le falta, Dios lo tiene. Él es la fuente de todas las cosas, y
todo lo que Su pueblo necesita hacer es pedirle que les dé lo que solo Él puede
dar.
Dios da sabiduría, “abundantemente y sin reproche”, a los que le piden.
“Abundantemente” (gr. haplōs) significa “de una manera franca y abierta”. Sin
“reproche” significa estar sin “insulto”. Así que, aunque uno pueda sentirse
indigno de pedirle algo a Dios, Dios regularmente pone a Su pueblo en
situaciones donde tienen que venir a Él en busca de ayuda, buscando la Fuente
de lo que necesitan para atravesar sus pruebas. Cuando pedimos a Dios sabiduría
para entender nuestras pruebas, Él no vacila en concedérnosla abundantemente.
También lo hace sin insulto. En otras palabras, Dios no nos reprende diciendo:
“¡Te daré lo que quieres, pero no lo mereces!”.
Ahora bien, puesto que Dios dará sabiduría a los que la pidan, ¡entonces
los cristianos deberían estar pidiendo regularmente sabiduría a Dios! Una cosa
es orar por esto y no sentirse digno de las bendiciones de Dios, pero otra cosa
completamente distinta es pedir sabiduría a Dios y dudar de que Él la dará.
Santiago advierte severamente contra esto en los vv. 6-8. Los que piden algo a
Dios deben hacerlo con confianza, creyendo verdaderamente que Dios puede dar lo
que se le pide, específicamente sabiduría. Los que piden a Dios pero dudan si
Él responderá a su petición son comparados con una barca en las olas del mar.
Así como la barca carece de estabilidad, siendo sacudida sin control, así
también es la persona que pide a Dios mientras duda de Su disposición a
responder. Si Santiago lo hubiera dicho al revés, quizá habría dicho: “Los que
creen que Dios concederá la sabiduría que piden son como el hombre que está sobre
un fundamento de roca, con bases firmes, sabiendo con certeza que la oración
que ofrecieron a Dios con fe por sabiduría será contestada inmediatamente en
medio de su prueba”.
De los que dudan de Dios se dice que son de “doble ánimo” (gr.
dipsuchos)—de dos cabezas. Son hipócritas. Con una cabeza piden a Dios, pero
puesto que dudan si Dios les responderá, también se cubren buscando ayuda en
otra parte—con la otra cabeza. Esta clase de personas no son creyentes, porque
usan a Dios como seguro mientras buscan sus propias soluciones. Santiago dice
que esta clase de personas no debe esperar recibir cosa alguna del Señor. Son
“inestables” (gr. akatastatos) en todo lo que hacen—careciendo de cualquier
tipo de estabilidad o fortaleza (7-8).
Alimento para pensar
El propósito de Dios para nosotros es glorificarle y disfrutar de Él por la eternidad. Para hacerlo, debemos aprender a confiar en Él. Así que Dios nos da pruebas para madurarnos. Quiere que sepamos que son dadas por Él y que podemos hallar gozo en medio de ellas. Como un levantador de pesas que sufre bajo el peso de la barra, cuyos músculos crecerán después del dolor, en medio de nuestro dolor Dios ha ordenado que le busquemos por sabiduría. Él garantiza que la concederá. ¡Solo tenemos que pedirla!