Santiago 1:9-12 ― Perseverancia bajo la prueba
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Santiago 1:9-12 ― 9 Pero que el hermano de condición humilde se
gloríe en su alta posición; 10 y el rico en su humillación, pues él pasará
como la flor de la hierba. 11 Porque el sol sale con calor abrasador y seca
la hierba, y su flor se cae y la hermosura de su apariencia perece; así también
se marchitará el rico en medio de sus empresas. 12 Bienaventurado
el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado,
recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------
COMENTARIOS:
El “hermano de condición humilde” (v. 9) se refiere específicamente al
cristiano financieramente devastado, expulsado de su hogar durante la
persecución en Jerusalén descrita en Hechos
12, dejando lo poco que tenía para huir por su vida. Sin embargo, Santiago
dice a tal hombre que se “gloríe en su alta posición”, porque como dijo Jesús:
“Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de
mal contra vosotros falsamente, por causa de mí. Regocijaos y alegraos, porque
vuestra recompensa en los cielos es grande, porque así persiguieron a los
profetas que fueron antes que vosotros” (Mt.
5:11-12; cf. Hch. 5:41). Donald Burdick dice: “Soportar persecución por
causa de Cristo eleva al creyente a una posición de honor que compensa con
creces su pobreza”. Santiago nos llama a regocijarnos en esto.
El cristiano judío pobre en el v. 9 se contrasta con el rico en el v.
10. Puesto que los ricos también habrían sido expulsados de sus hogares durante
la persecución, a diferencia de los pobres, no estaban acostumbrados a medios
humildes. Como en cualquier sociedad, los ricos disfrutan la gloria de la
exaltación, no la humillación. Santiago, sin embargo, dice a los ricos que en
lugar de sentirse como si lo hubieran perdido todo al dejarlo todo atrás, más
bien deben gloriarse en su “humillación”. Douglas Moo dice: “El creyente rico
debe jactarse no en su riqueza ni en su elevada posición social, sino en su
identificación con Cristo y Su pueblo, un asunto de ‘humillación’ a los ojos
del mundo”.
Sean ricos o pobres, Santiago exhorta a ambos a mirar hacia su identidad
en Cristo como la medida de su valor definitivo. Los creyentes financieramente
pobres, aunque a menudo despreciados o ignorados en la sociedad, deben jactarse
en el hecho de que conocen a Dios (Jer.
9:23-24), y que un día estarán sentados junto a Cristo. Asimismo, los
creyentes ricos que están acostumbrados al ocio y a la admiración del mundo
deben aprender a no apoyarse en su riqueza como la respuesta a los problemas de
la vida. El sufrimiento del rico le recuerda que su riqueza no tiene poder, y
que su vida no es más duradera que la hierba que se seca o una flor silvestre
que pierde su hermosura en el calor abrasador (Is.
40:6-8). Aprenderá en su prueba que no son sus riquezas las que “pasarán”;
¡es él quien pasará! Regocijarse en su prueba, por tanto, es para el rico
aprender cómo las pruebas, el sufrimiento, la persecución, y la muerte no
distinguen entre el rico y el pobre. La sabiduría es exigida para ambos.
Moo concluye el significado de Santiago diciendo: “El punto del pasaje
es… que los cristianos siempre deben evaluarse a sí mismos por estándares espirituales
y no materiales. Mantener tal perspectiva en un mundo que tan insistentemente
nos confronta con un estándar de medida muy diferente no es fácil. Pero si la
iglesia ha de ser el tipo de sociedad ‘contracultural’ que Jesús quiso que
fuera, establecer y propagar tal perspectiva es esencial”.
En el v. 12, Santiago dice que son bienaventurados los que soportan
pruebas con gozo. En la tierra esto resulta en carácter; en el cielo, resulta
en la “corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman”. La
implicación es que los que aman a Dios recibirán con agrado las pruebas de la
vida y las conquistarán con la sabiduría que solo Dios puede proveer en medio
de ellas (cf. Ap.
2:10).
Alimento para pensar
Un día el “cuerpo de nuestro estado de humillación” será transformado en el “cuerpo de gloria [de Cristo]” de Cristo (Fil. 3:20-21). Por tanto, debemos ver más allá de la futilidad de cómo el mundo nos evalúa, y ser consolados por cómo Dios nos ve. No solo conocemos a Dios, somos conocidos por Él (Jer. 9:23-24).