Santiago 2:14-26 ― Una fe que obra
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Santiago 2:14-26 ― ¿De qué sirve, hermanos míos, si
alguno dice que tiene fe, pero no tiene obras? ¿Acaso puede esa fe
salvarlo? …Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta…
Vosotros veis que el hombre es justificado por las obras y no solo por la
fe… Porque así como el cuerpo sin el espíritu está muerto, así
también la fe sin las obras está muerta.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------
COMENTARIOS:
Algunos ven una contradicción entre la teología de
Pablo y la de Santiago. Mientras que Pablo dijo: “el hombre es justificado por
la fe aparte de las obras” (Rom.
3:28; 4:5-6; Gál. 2:16), Santiago escribió: “el hombre es justificado por
las obras y no solo por la fe” (2:24). Sin embargo, lo que se ve fácilmente es
que, puesto que Pablo y Santiago atienden dos situaciones distintas, sus
enseñanzas en realidad se complementan entre sí. En cuanto a Pablo, sus
escritos refutan el legalismo de los judíos que sostenían que uno debía
observar los preceptos de la Ley para ser salvo. Pero Santiago se opuso a la noción
antinomiana (es decir, sin ley) que decía que los cristianos no tenían
obligación de obedecer las enseñanzas de la Ley. Además, el uso que Pablo hace
del término “justificado” significa “salvo” o “declarado justo”. Santiago, sin
embargo, usó el término para significar “vindicado/demostrado” o “genuino”. En resumen,
Pablo habló de obras de la Ley; Santiago habló de obras que la fe verdadera
produce. Por tanto, la salvación es por la gracia de Dios, por medio de la fe
en Cristo, produciendo buenas obras—obras creadas por Dios para que Su pueblo
las realice (Ef.
2:10). Somos, por ende, declarados justos por fe solamente, aparte de obras.
Pero la fe sin obras es fe muerta; nada de fe.
Así como Pablo ilustra la fe solamente para salvación
usando a Abraham como su ejemplo (cf. Rom.
4; Gál. 3), Santiago hace lo mismo, ilustrando una fe que obra—el fruto
espiritual que demuestra la salvación de uno (Stg.
2:21-26). Lo que se ve claramente, tanto en las enseñanzas de Santiago como
en las de Pablo, es que la fe es la raíz de la salvación, las obras son
el fruto de esa salvación. Uno no puede ni tener obras sin fe, ni fe sin
obras, si su salvación es genuina. Creer verdaderamente en Cristo es una fe que
obra. Aunque Santiago no cita ninguna obra en particular, en otras partes de su
epístola queda claro que el aguante (1:3)
y perseverancia bajo la prueba (1:12),
la pureza de vida (1:21),
la obediencia a la Escritura (1:22-23),
la preocupación por los necesitados (1:27),
la imparcialidad (2:1-9),
los actos de compasión (2:15),
el control de la lengua (3:2-12),
la humildad (4:6,
10), la veracidad (4:11),
y la paciencia (5:8),
están en su mente como evidencia de salvación genuina en Cristo (cf. Gál.
5:22-23)—es decir, una fe que obra.
Jesús dijo: “No os admiréis de esto, porque viene la
hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán: los
que hicieron lo bueno, a resurrección de vida, y los que practicaron lo malo, a
resurrección de juicio” (Jn.
5:28-29). Por tanto, es claro que la verdadera salvación se demuestra naturalmente
con obras de justicia, como las flores frescas producen fragancia en contraste
con flores artificiales. Según Pablo, la verdadera fragancia cristiana fluye
por medio de las buenas obras de los creyentes en Cristo (Tito
2:7), porque los que “profesan conocer a Dios, pero con sus hechos lo
niegan, siendo abominables y desobedientes e inútiles para cualquier obra
buena” (Tito
1:16). Asimismo, “Que se aparte de la iniquidad todo aquel que menciona el
nombre del Señor” (2
Tim. 2:19).
Jesús abordó esto cuando dijo: “No todo el que me
dice: «Señor, Señor», entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la
voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día:
«Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera
demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?». Y entonces les declararé:
«Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad»” (Mt.
7:21-23).
Alimento para reflexionar
Cuando el carcelero de Filipos les preguntó a Pablo y Silas cómo podía ser salvo, ellos respondieron: “Cree en el Señor Jesús, y serás salvo” (Hch. 16:31), demostrando que la salvación es por la fe solamente. Sin embargo, la fe que está sola está muerta. Por tanto, examinémonos a nosotros mismos por nuestras obras para ver si estamos en la fe (2 Cor. 13:5). ¿Tus obras para Cristo absuelven o acusan tu fe?