Santiago 2:15-18 ― Una fe que obra, Parte 2
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Santiago 2:15-18 ― 15 Si un hermano o
una hermana no tienen ropa y carecen del sustento diario, 16 y
uno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais lo
necesario para su cuerpo, ¿de qué sirve? 17 Así
también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta. 18 Pero
alguno dirá: Tú tienes fe y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin las obras, y yo
te mostraré mi fe por mis obras.
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COMENTARIOS:
Santiago comienza con un escenario de una persona
pobre y necesitada que pide ayuda. Hablando a aquellos que al menos afirman ser
cristianos, Santiago los desafía sobre cómo podrían responder. Podrían fingir
compasión y desearle bienestar a la persona pobre, o podrían realmente
alimentarla y vestirla. Dado que los verbos "calentaos... saciaos"
están en la voz media reflexiva, la traducción podría ser: "Vayan a
alimentarse y vestirse ustedes mismos", implicando que los necesitados
solo necesitan conseguir un trabajo, trabajar más duro, o gastar su dinero más
sabiamente. De cualquier manera, Santiago separa a aquellos con fe verdadera de
aquellos con fe muerta. Aquellos que realmente ayudan al necesitado son
verdaderos (cf. Stg.
1:26-27). Juan dice lo mismo, preguntando: "¿Pero el que tiene bienes
de este mundo, y ve a su hermano en necesidad y cierra su corazón contra él,
¿cómo puede morar el amor de Dios en él?" (1
Jn. 3:17; cf. Lc.
10:30-37).
Ciertamente, la fe sin obras está muerta, y Cristo
juzgará a todos aquellos con fe muerta, como lo evidencia Su propia profecía
concerniente a Su segunda venida:
cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y
todos los ángeles con Él, entonces se sentará en el trono de su gloria; y serán
reunidas delante de Él todas las naciones... Entonces el Rey dirá a los de su
derecha: «Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros
desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve
sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recibisteis; estaba desnudo, y
me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí».
Entonces los justos le responderán, diciendo: «Señor, ¿cuándo te vimos
hambriento, y te dimos de comer, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te
vimos como forastero, y te recibimos, o desnudo, y te vestimos? ¿Y cuándo te
vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti?». Respondiendo el Rey, les dirá:
«En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun
a los más pequeños, a mí lo hicisteis». Entonces dirá también a los de su
izquierda: «Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno que ha sido preparado
para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer,
tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recibisteis; estaba
desnudo, y no me vestisteis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis».
Entonces ellos... responderán, diciendo: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o
sediento, o como forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te
servimos?». Él entonces les responderá, diciendo: «En verdad os digo que en
cuanto no lo hicisteis a uno de los más pequeños de estos, tampoco a mí lo
hicisteis». Y estos irán al castigo eterno, pero los justos a la vida eterna (Mt.
25:31-46).
Juan dice: "El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en él verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado. En esto sabemos que estamos en Él. El que dice que permanece en Él, debe andar como Él [Jesús] anduvo... El que dice que está en la luz, y aborrece a su hermano, está aún en tinieblas..." (1 Jn. 2:4-11). Así pues, la fe verdadera es aquella que obra las obras de Cristo, amando a Cristo a través de amar al prójimo. Sin tal amor, la fe podría ser profesada, pero no es real. Es una fe muerta.