Santiago 2:19-20 ― Fe como la de los demonios
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Santiago 2:19-20 ― 19 Tú crees que Dios es
uno. Haces bien; también los demonios creen, y tiemblan. 20 Pero,
¿estás dispuesto a admitir, oh hombre vano, que la fe sin obras es estéril?
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COMENTARIOS:
En el judaísmo,
el pasaje fundamental de las Escrituras recitado por todos los judíos es el
gran Shemá (hebreo para “escucha”). Es una cita de Deuteronomio
6:4 que dice: “Escucha, oh Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es”.
Este pasaje habla de la unicidad del Dios de Israel. Mientras que las naciones
paganas adoraban a sus dioses falsos hechos por hombres que a menudo se
contradecían o se anulaban entre sí, Israel adoraba al único Dios verdadero que
nunca cambia. Aunque es un solo Dios (del plural hebreo, Elohim), Yahweh existe
eternamente como tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Son uno
en referencia a su naturaleza pero distintos en referencia a sus roles. Lo
interesante de esto es que no solo Israel cree en este Dios, sino también
Satanás junto con su hueste demoníaca de ángeles caídos. Por lo tanto, Santiago
desafía la fe de su audiencia diciendo: “Tú crees que Dios es uno. Haces bien;
también los demonios creen, y tiemblan”.
Ahora bien,
Santiago no está defendiendo que la creencia de los demonios equivalga
realmente a fe salvadora, a pesar de que la palabra para “creer” es la misma
palabra griega traducida como “fe” y “confianza” en el Nuevo Testamento,
utilizada a menudo para la salvación. Los demonios pueden “creer que Dios es
uno”, pero están en rebelión contra Su señorío. Sin embargo, aun así “tiemblan”
ante la presencia de Dios, literalmente estremeciéndose de miedo. Este es el
punto de Santiago, pues aunque los demonios creen que Dios es uno, y tiemblan
en Su presencia, al igual que muchos en la audiencia predominantemente judía de
Santiago, esto no significa que sean cristianos.
En los
Evangelios, y en un relato en Hechos, los demonios no solo creen en la unicidad
de Dios y tiemblan en Su presencia, sino que creen que Jesús es el santo y
único Hijo de Dios. Notar:
- Y sanó a muchos que estaban
enfermos de diversas enfermedades, y expulsó muchos demonios; y no dejaba
hablar a los demonios, porque ellos sabían quién era Él (Mc.
1:34).
- Y siempre que los espíritus
inmundos le veían, caían delante de Él y gritaban, diciendo: Tú eres el
Hijo de Dios (Mc.
3:11).
- También de muchos salían
demonios, gritando y diciendo: ¡Tú eres el Hijo de Dios! Pero,
reprendiéndolos, no les permitía hablar, porque sabían que Él era el
Cristo (Lc.
4:41).
- Pero el espíritu malo respondió,
y les dijo: A Jesús conozco, y sé quién es Pablo, pero vosotros, ¿quiénes
sois? (Hch.
19:15).
- diciendo: ¿Qué tenemos que ver
contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Yo sé quién eres: el
Santo de Dios (Mc.
1:24; cf. Lc.
4:34).
- y gritando a gran voz, dijo:
¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te imploro
por Dios que no me atormentes (Mc.
5:7).
Alimento para reflexionar
Lo que es evidente es que los demonios no solo saben quién es Jesús—el Santo de Dios— sino que saben que Él eventualmente los destruirá. Reconocen a Jesús por quién es, e incluso se sometieron a la autoridad de Sus apóstoles (Lc. 10:17). ¡Pero ese es precisamente el punto de Santiago! Los demonios saben exactamente quién es Jesús, e incluso se someten a Sus mandatos cuando Él los reprende. Pero no se someten a Él como Señor y Dios a través de la obediencia a Sus mandatos de amar a Dios y amar al prójimo: la “ley real” (2:8), la “ley de la libertad” (2:12; cf. Mt. 22:34-40). Entonces, solo un necio puede creer que la fe sin obras es una fe verdadera y viva. Santiago la llama fe muerta, pues no es mejor que el conocimiento y la fe de los demonios.