Santiago 2:5-7 ― Bienaventurados los pobres
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Santiago 2:5-7 ― 5 Hermanos míos
amados, escuchad: ¿No escogió Dios a los pobres de este mundo para
ser ricos en fe y herederos del reino que Él prometió a
los que le aman? 6 Pero vosotros habéis
menospreciado al pobre. ¿No son los ricos los que os oprimen y
personalmente os arrastran a los tribunales? 7 ¿No
blasfeman ellos el buen nombre por el cual habéis sido llamados?
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------
COMENTARIOS:
Santiago supone en el v. 5 que, puesto que la
Iglesia primitiva estaba compuesta principalmente por pobres—por
la propia elección de Dios, ¿qué sentido tenía que la Iglesia misma despreciara
a los pobres? Si Dios eligió a los pobres para salvación, entonces la Iglesia
no tiene ningún derecho a condenar a los pobres. El hecho de que tantas
personas pobres fueran, y sean, cristianas apunta al hecho de que Dios los aprecia
mucho.
“Pobre” (gr.
ptōchos) puede referirse tanto a indigencia como a humildad. Cuando se refiere
a indigencia material, el antónimo es “rico”; si se refiere a humildad,
entonces el antónimo es “arrogante”, un rasgo común entre los materialmente
ricos. Los materialmente pobres que habían recibido a Cristo para salvación,
tuvieron un cambio radical de fortuna, porque la elección de Dios sobre ellos
los hizo ricos en fe y herederos de Su reino prometido. Al dirigirse tanto a pobres
en espíritu (Mt.
5:3) como a pobres en general (Lc.
6:20) en Su Sermón del Monte, Jesús les prometió a todos el “reino de los
cielos”, un tema común a lo largo de Sus enseñanzas, y ciertamente el tema de
la enseñanza de Santiago en el v. 5. Este reino de Dios está ciertamente
presente con la Iglesia en la tierra, sin embargo, es en última instancia
futuro.
En cuanto a Su
regreso futuro, Jesús dijo: “Pero cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria,
y todos los ángeles con Él, entonces se sentará en el trono de su gloria…
Entonces el Rey dirá a los de su derecha: ‘Venid, benditos de mi Padre, heredad
el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo’” (Mt.
25:31, 34). Asimismo, Pablo habló a menudo de “heredar el reino”, que es la
esfera celestial y eterna (1
Cor. 6:9, 10; 15:50; Gál. 5:21; Ef. 5:5). Es este reino el que Dios
“prometió a los que le aman”, incluyendo a tantos de los pobres.
Dios
ciertamente “ha escogido lo necio del mundo para avergonzar a los sabios… lo
débil del mundo, para avergonzar a lo que es fuerte… para que nadie se jacte
delante de Dios” (1
Cor. 1:26-29). María habló de esto al oír que daría a luz al Mesías,
hablando de la reversión de fortunas para la gente del mundo: “Ha esparcido a
los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Ha quitado a los poderosos de
sus tronos; y ha exaltado a los humildes; a los hambrientos ha colmado de
bienes y ha despedido a los ricos con las manos vacías” (Lc.
1:51b-53). El contexto de las palabras de Pablo y María se remonta al AT,
cuando los israelitas ricos oprimían a su propio pueblo, incluso a viudas y
huérfanos (Ezeq.
22:7). La mayoría de los profetas, especialmente Amós, hablaron contra esta
atrocidad. Arrastraban a su propio pueblo a los tribunales y usaban su riqueza
para influir en los jueces a su favor, haciendo que viudas pobres entregaran
sus tierras para pagar deudas.
Al oprimir a
los pobres, los ricos no solo los deshonraban, sino que estaban blasfemando—calumniando
el “buen nombre” por el cual ellos mismos habían sido llamados por Dios. Aunque
no se declara, lo más probable es que este “buen nombre” es el nombre de Dios,
quizá la palabra cristiano, lo que estamos viendo aquí. Así, al deshonrar a los
pobres, los ricos calumniaban el mismísimo nombre de Dios que los había
redimido. Esta crítica pudo haber venido tanto de dentro como de fuera de la
Iglesia. De cualquier manera, era blasfemia contra Dios.
Alimento para
reflexionar
Algunos han supuesto que Dios ama a los pobres pero odia a los ricos. Pero no debemos intercambiar una forma de discriminación por otra. Porque la Iglesia primitiva tuvo muchas personas ricas: desde el eunuco etíope (Hch. 8) hasta Cornelio (Hch. 10) y Lidia (Hch. 16). También se ignora el hecho de que muchas personas ricas han dedicado sus vidas al Señor Jesucristo. Lo que Santiago nos enseña es que a quienes Dios ha honrado, nosotros también debemos honrar. Nadie debe ser favorecido por encima de otro, porque dar honor indebido a uno a expensas de otro es claramente inaceptable en la Iglesia de Cristo.