Santiago 2:8-11 ― Quebrantas una ley, las quebrantas todas
Autor: Dr. D. Lance Waldie (Pastor ― Iglesia Bíblica Harvest)
Santiago 2:8-11 ― 8 Si en verdad
cumplís la ley real conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti
mismo, bien hacéis. 9 Pero si mostráis favoritismo,
cometéis pecado y sois hallados culpables por la ley como
transgresores. 10 Porque cualquiera que guarda toda la
ley, pero tropieza en un punto, se ha hecho culpable de todos. 11 Pues
el que dijo: No cometas adulterio, también dijo: No mates. Ahora
bien, si tú no cometes adulterio, pero matas, te has convertido en transgresor
de la ley.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------
COMENTARIOS:
Cuando se le preguntó cuál era el mandamiento más
grande (Mc.
12:28-34), Jesús respondió diciendo: “ama a Dios” (Deut.
6:5) y “ama a tu prójimo” (Lev.
19:18). Este es un resumen de toda la Ley de Dios y de las palabras de los
Profetas (Mt.
22:34-40; Rom. 13:8-10; Gál. 5:13-14). Puesto que los primeros cuatro
mandamientos (Éx.
20:1-11) conciernen la relación de uno con Dios, si uno ama a Dios,
entonces esos mandamientos se cumplen. Puesto que los últimos seis mandamientos
(Éx.
20:12-17) conciernen el amor al prójimo, si uno verdaderamente ama a su
prójimo, estos mandamientos se cumplen. Los Diez Mandamientos se resumen así en
dos mandamientos, llamados la “ley real conforme a la Escritura”, porque es la
Ley del Rey. Por lo tanto, la discriminación contra pobres viola todos los
mandamientos de Dios, porque demuestra falta de amor tanto por Dios como por el
hombre.
En el AT, en lo que respecta a Israel, el prójimo
de uno era su compatriota israelita. Sin embargo, Jesús le enseñó a Israel que
cualquiera con quien pudieran entrar en contacto también era su prójimo,
incluso extranjeros (Lc.
10:25-37) y enemigos (Mt.
5:44). Pablo dijo más tarde: “No hay judío ni griego; no hay esclavo ni
libre; no hay hombre ni mujer” (Gál.
3:28). Por lo tanto, la enseñanza de Santiago 2:8-11 es teológica en cuanto
a que el favoritismo de los ricos sobre los pobres contradice la preocupación
de Dios por los pobres. Además, desde un punto de vista funcional, favorecer a
los ricos sobre los pobres es absurdo, puesto que Dios escogió a muchos de
entre los pobres para ser ricos en fe (2:5).
El punto que Santiago está haciendo concierne la aplicación de la religión
verdadera (1:21-27),
porque la fe verdadera se manifiesta en obras, ya que la fe aparte de las obras
está muerta (2:14-26).
En resumen, la fe es la raíz de la salvación; las buenas obras son el fruto
de ella.
En el v. 8, Santiago no está hablando de estar
“enamorado” de uno mismo (cf. 2
Tim. 3:2) ni del prójimo. Puesto que “amarás” es un verbo imperativo en el
texto griego, tiene que ver con cuidar de otros como uno cuida de sí mismo. Así
como uno se alimenta cuando tiene hambre, se viste cuando tiene frío, y se
provee refugio contra los elementos, así también debe uno amar a su prójimo. En
el contexto de Santiago, puesto que los pobres también apreciarían un asiento
entre otros adoradores en la iglesia (2:1-4),
han de ser ayudados como uno se ayudaría a sí mismo a conseguir una silla
cómoda y honorable.
Ahora bien, en el v. 9, quienes favorecen a los
ricos sobre los pobres son “hallados culpables por la ley como transgresores”.
Puesto que la ley protege a los pobres, quienes los persiguen son hallados
culpables por la ley. Al transgredir una ley, son culpables de transgredir toda
la ley. Ciertamente Santiago no está promoviendo la idea de que todas las leyes
de Dios puedan guardarse. Él sabía que eso era imposible. Pero tampoco estaba
suavizando la ley de Dios para permitir alguna transgresión intencional de
ella. Simplemente estaba reflejando las palabras de Jesús: “hasta que pasen el
cielo y la tierra, no se perderá ni la letra más pequeña ni una tilde de la ley
hasta que toda se cumpla. Cualquiera, pues, que anule uno solo de estos
mandamientos, aun de los más pequeños, y así lo enseñe a otros, será llamado
muy pequeño en el reino de los cielos” (Mt.
5:18-19).
Alimento para reflexionar
Quizá no hayamos cometido asesinato, pero todos somos asesinos de corazón (Mt. 5:21-22). Quizá nunca hayamos cometido adulterio, pero todos somos adúlteros de corazón (Mt. 5:27-28). Las leyes que podemos guardar son buenas, pero quebrantar solo una implica quebrantarlas todas. Ten eso en mente la próxima vez que seas tentado a mostrar favoritismo. Es un pecado al nivel tanto del adulterio como del asesinato.